La cacería de las bestias salvajes Capítulo 18.
47%

Capítulo 18.

El aroma a pino químico y lejía del limpiasuelos entrelazado con la sudoración de adolescentes en plena efervescencia hormonal tan característica del instituto McKinsey transportó a Kelsey a sus días allí.

El ruido de las clases a pleno rendimiento se filtraba al pasillo central. La voz grave de un profesor explicando la siguiente tarea de literatura sobresalía entre las demás. Kelsey observó a través de la puerta a medio encajar que el aula seguía teniendo el mismo aspecto que quince años antes.

Girando hacia el salón de actos cruzó por la entrada del gimnasio.

El sonido de varios balones rechinando en la cancha le provocó una sonrisa involuntaria.

El expositor de honores del instituto atrajo su mirada.

Inconscientemente, se detuvo a contemplar la fotografía del equipo de baloncesto que acompañaba al trofeo de la provincia.

A su derecha se encontraba la imagen de la orla de una alumna sonriente.

Al pie de la foto descansaba una pulsera de cuentas de colores y un cartel: “Tus amigos y compañeros nunca te olvidarán, Annie”.

—Éramos una fuerza imparable —Mary Jane dijo a su lado.

Kelsey reprimió el sobresalto de la inesperada aparición de Mary Jane y mantuvo la mirada fija en la vitrina.

Por el rabillo del ojo observó que la recién llegada indicaba la foto del equipo.

Kelsey, en el centro, alzaba el trofeo entre las demás jugadoras y, a la izquierda, Mary Jane levantaba los pompones de animadora.

Por un instante, Kelsey recordó la final del campeonato y el momento en el que posaron radiantes por el triunfo histórico.

La precaria grada del gimnasio rugía de emoción.

No quedó ni un asiento libre en aquel partido. La mejor y la peor noche de su vida.

—¿Alguna vez piensas en ella? —preguntó Kelsey ignorando su comentario.

Mary Jane vaciló hasta que apreció la imagen que indicaban los ojos de Kelsey.

—¿Annie? ¿Por qué iba a hacerlo?

—También era amiga tuya. Estabas convencida de que se había largado a Victoria.

—Estábamos en el mismo grupo, pero no era mi mejor amiga. A veces decía esas cosas. Era lo más probable. No hay futuro en la Reserva.

—No recuerdo ese tipo de comentarios.

—Nunca lo habría dicho delante de ti, habrías intentado quitarle la idea de la cabeza.

—¿Sigues creyendo que se escapó de casa?

—No me importa lo que hizo, Key. Y tampoco debería importarte a ti. Ya deberías haberlo superado.

—Hay cosas que nunca se olvidan, Jane.

—¡Qué casualidad que digas eso! La lápida de tu madre está cubierta de hiedra, pero supongo que es más cómodo lamentar a quien te abandona que a quien dejas atrás.

Kelsey apretó la mandíbula y se giró hacia ella. Mary Jane fingía prestar atención a la vitrina. Antes de que Kelsey pudiese defenderse, Mary Jane volvió a hablar.

—Es tarde. No quiero perderme el orden del día. Papá va a anunciar grandes noticias. Espero que las disfrutes.

El golpeteo de sus tacones resonó por el pasillo suscitando la duda en Kelsey de cómo había sido incapaz de anticipar su llegada. Respirando profundamente para intentar calmarse continuó hasta el auditorio.

* * *

—Antes de comenzar con el primer punto de la agenda del día, me gustaría agradecer y hacer constar en acta la amabilidad del director Wilkins por cedernos este espacio mientras las obras de reparación de la sala de plenos del ayuntamiento continúan.

Habría sido imposible acomodar a todos los vecinos…

El alcalde, Armand Landry, de pie en el escenario, trataba de imponer su particular marca de protagonismo a la jornada del Consejo Municipal.

Kelsey tomó asiento en la penúltima fila, atrayendo las miradas de varios asistentes con el chirrido de la bisagra de la butaca.

Pese a ser una reunión adelantada de manera excepcional una gran cantidad de lugareños había acudido.

Si bien la hora había favorecido la asistencia de los más mayores de Beaumont, la inherente edad media en la pequeña localidad rozaba la edad de jubilación.

Los rostros más jóvenes eran sin duda los de los concejales.

Adelaide estaba sentada en el extremo derecho de la mesa sobre el escenario, con postura rígida y el semblante serio, propio de su sempiterno carácter litigante.

Era evidente su malestar con lo que estaba sucediendo.

A su lado se situaba el otro concejal disconforme con las políticas del alcalde, Michael Dacosta.

Un granjero pasada la cincuentena con un interés marcado en iniciativas verdes y ferviente oponente a la intervención de Buck Terrance en los asuntos institucionales.

Su gesto sereno desprendía más desagrado que hostilidad.

Los tres restantes: Spencer, Magda y Maurice, eran antiguos conocidos en el pueblo por su constante rechazo a cualquier iniciativa disidente y su obediencia sectaria a los mandatos de Armand.

La Jefe Holly, sentada en primera fila en el patio de butacas, hacía contacto visual con Adelaide en una tensa conversación por señas.

Dos filas más atrás, cerca del pasillo, el superintendente hablaba animadamente con el Sheriff, ignorando la puesta en escena frente a ellos.

La presencia del jefe de Kelsey en este pleno era un mal presagio.

Como si hubiera sido invocado por sus pensamientos, miró hacia su dirección y saludó con un leve gesto de cabeza.

Los repulsivos ojos de su acompañante también recabaron en ella.

Kelsey forzó una sonrisa y devolvió la vista al escenario.

El alcalde había terminado su monólogo inicial y tomaba asiento.

Maurice se aclaró la voz.

—En lo correspondiente a los anuncios públicos de la municipalidad de Beaumont, tenemos dos puntos: la recogida de hojas de otoño, que tendrá comienzo el 17 de octubre si el tiempo lo permite —carraspeó—, y la limpieza del cementerio, programada para el día 1 de noviembre.

Los preparativos se realizarán conforme a lo aprobado en acta en la ante…

—¿Qué hay de las elecciones? —Ralph Logan gritó desde su asiento— Hemos venido a saber qué pasa con ellas, ¿no? Para eso el cambio de fecha.

El rostro de Maurice adquirió un tono carmín y miró con nerviosismo hacia Armand, quien con un ademán lo tranquilizó y mandó callar.

—Me alegra saber que has pasado el testigo de la gasolinera para estar aquí con nosotros, Ralph —indicó el alcalde—.

Como bien has mencionado, las elecciones municipales están a la vuelta de la esquina.

Sin embargo, el motivo por el que he insistido en esta sesión extraordinaria tiene que ver con el siguiente punto de la agenda.

Si no hay ningún tipo de preguntas o comentarios sobre el avance de Maurice, podemos proceder a ello.

Un murmullo de aprobación reverberó en el auditorio. Kelsey vigilaba atenta los gestos del jefe de policía. Doug Landry sonreía con demasiada arrogancia incluso para su nivel habitual. Su hermano advirtió a la siguiente miembro del consejo a que procediera. Magda apretó sus gafas contra la nariz.

—Notas de prensa y avisos municipales —anunció la mujer—.

La alcaldía de Beaumont acuerda de manera excepcional el adelantamiento del Festival de Costillas programado originalmente para el último sábado del mes de septiembre al día 24 para conmemorar la celebración de despedida de nuestro alcalde, Armand Landry, en su decimoquinto año de ejercicio —varias voces protestaron—.

Los gastos derivados de la modificación de la fecha, así como los dispuestos en una partida excepcional estarán sufragados por la generosa donación de Osprey Mining & Co.

La municipalidad agradece una vez más la aportación del señor Terrance y su empresa en el beneficio de…

—¡No puedes hacer eso! —Adelaide gritó hacia Armand poniéndose en pie— El sábado 24 es la celebración del Pow Wow. Tanto los miembros de la Reserva como los vecinos de Beaumont participan. No puedes celebrar el Festival a la vez. No hay medios ni personal.

El alcalde sonreía complacido con su respuesta. La voz de su hermano desde la butaca respondió por él.

—¡Vamos, mujer! Nadie ha dicho que no pueda celebrarse el Pow Wow, es un asunto de nativos de todas formas.

Buck ha sido lo suficientemente generoso y amable de cubrir el coste de su bolsillo.

Además, es el cumpleaños de Armand. Se merece una despedida de mandato por lo alto, ¿no es así?

Con todo lo que ha hecho por este pueblo, es lo mínimo que podemos hacer por él.

Kelsey miró hacia atrás. La puerta del auditorio acaba de abrirse, Buck Terrance en persona caminaba entre las sombras del fondo hasta quedarse de pie a la altura del Sheriff, supervisando la escena.

—Esto es una afrenta a las costumbres de los Debwewinni y a los acuerdos con la Reserva, Armand —la Jefe Holly espetó con un dedo acusador.

—Señoras, señoritas —corrigió el alcalde—, creo que ha habido un malentendido.

El Festival no va a impedir ni perturbar vuestra celebración sagrada.

Simplemente ocurrirá en la misma fecha. Aprovecharemos para favorecer el conocimiento de las tradiciones de los nativos entre el público del Festival y, viceversa, todos aquellos participantes del evento podrán terminar su día disfrutando de las costillas ganadoras del día. Es un win-win para todos.

—Será su último acto oficial como alcalde, Nora —Mary Jane espetó— ¿El respeto y apreciación de los líderes no es uno de vuestros valores?

Podrías aplicarlos fuera de Little Frog.

Es un pequeño cambio en la agenda de fiestas del pueblo.

Facilita que haya mayor afluencia de público y asegura mejores condiciones meteorológicas.

Y, por si fuera poco, no va a salir ni un centavo de las arcas públicas.

El rumor de aprobación del comentario de Mary Jane entre los asistentes fue notorio. Mary Jane sonrió con complacencia. La Jefe Holly mantuvo la mirada firme y la boca cerrada. Adelaide, en cambio, siguió con sus protestas.