La cacería de las bestias salvajes Capítulo 16. #2
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Capítulo 16. #2

Fiel a su palabra Kelsey comenzó a narrar la historia de la ‘Gente pequeña’ a través del walkie-talkie, una raza de seres mágicos según las leyendas Ojibwa. Abi respondió a su primer chequeo con un monosílabo, pendiente del desconocido.

—Voy a proseguir —anunció Abi.

El hombre se echó a un lado y observó cómo se alejaba clavado en el mismo sitio, con la voz de Kelsey guiando los pasos de Abi hasta ella.

* * *

Había conseguido recorrer un par de kilómetros cuando la adrenalina se desvaneció y el cansancio hizo mella en Abi. Estaba a punto de alcanzar la cima del risco y la subida había acabado con el resto de sus energías. La refrescante brisa la atrajo hacia el borde del cerro.

Dejó caer la mochila y se desplomó recostada en un cedro rojo para descansar. Unos minutos después Kelsey interrumpió su historia.

—Abi, ¿estás bien? El GPS dice que no te has movido desde hace un rato. Cambio.

—Estupendamente. Solo necesito un par de minutos, Key —dijo con voz entrecortada.

«El trabajo de campo es ciertamente agotador», pensó Abi.

A pesar de ello, la vista del bosque a esa altura era cautivadora.

Cerró los ojos y respiró profundamente, el aire fresco inundó de tonos de pino y madera sus pulmones.

Sin embargo, el calor desgarraba su garganta y la sequedad en el paladar contrastaba con el brillo de su piel.

Se levantó decidida para continuar y su cabeza dio una vuelta extraña.

Se mareó y perdió el equilibrio momentáneamente.

Se aferró al tronco para mantenerse en pie.

El walkie cayó al suelo, rebotando en la roca y siguiendo la pendiente hacia una cornisa más abajo.

Kelsey reclamaba una confirmación de su estado con una creciente urgencia.

Abi se asomó hacia el borde. El dispositivo estaba a su alcance, solo debía ignorar la altura hasta el fondo del risco y estirar el brazo un poco más.

Las yemas de los dedos rozaban la antena.

Se agarró al matorral cercano y se agachó para llegar con mayor facilidad.

El volumen de la voz de Kelsey la apremiaba a responder al walkie .

Estiró la mano. Estaba a punto de conseguirlo.

Un crujido sonó en su espalda y finalmente alcanzó el transmisor gracias a la fuerza de la gravedad.

Su cuerpo se acercaba peligrosamente al borde.

Abi se dio cuenta en ese instante de que se precipitaba al vacío.

Un tirón en su brazo frenó su avance y la impulsó hacia atrás. Un brazo rodeó su cintura y la atrajo hasta caer sobre blando a los pies del cedro. Respiraba con agitación cuando su colchón humano se hizo presente.

—¡Hostia puta! ¿Qué coño, Abi? ¿Qué hacías tan al borde? Me has dado un susto de muerte —exclamó Kelsey con la boca presionada en la cabeza de Abi.

—El walkie . Se me cayó… —explicó escuetamente recuperando el aire e incorporándose al lado de Kelsey.

—No es necesario continuar el papel de damisela en apuros. Tienes toda mi atención —Kelsey trató de relajar los ánimos.

—¿Crees que esto se trata de ti? ¡No tienes la menor idea!

La indignación de Abi evidenció la mala decisión de Kelsey.

—¡No! Claro que no pienso que… —Se sentó y vio la sangre en las manos y pantalones de Abi— Abi, ¿qué te ha pasado? ¿Estás herida? —Revisó sus manos en busca de una herida abierta.

—No. Estoy bien. Di literalmente de bruces con un ciervo muerto. Es curioso porque esa pregunta sería la habitual al encontrarte con alguien cubierto de sangre y, sin embargo, ese hombre —observó el brazo de Kelsey—.... Key, ¡tú sí estás sangrando!

Kelsey giró el brazo y comprobó el rasguño abierto en su tríceps. Antes de retirar la sangre Abi rebuscó en la mochila y extrajo la cantimplora y el botiquín. Kelsey la miró sorprendida.

—¿Cómo sabías que lo tenía? —preguntó siguiendo los delicados movimientos de Abi para limpiar la herida.

—¿Llevas un kit de nubes para emergencias en la camioneta y no vas a llevar un botiquín cuando te adentras en el bosque? Además, sé que los walkies con GPS no son los oficiales, así que supongo que han salido de tu bolsillo. Seguridad ante todo, ¿no es así? —dijo arrogante.

Kelsey se rio.

—Muy acertado, sí.

Abi trabajó en silencio bajo la atenta mirada de Kelsey. Cuando terminó de vendar la herida la ayudó a ponerse en pie.

—Será mejor poner alguna crema antibiótica. Es muy probable que se haya infectado —comentó recogiendo sus cosas. Kelsey asintió e indicó la ruta a seguir—. Tengo que preguntártelo, ¿por qué has venido a por mí? ¿Estabas preocupada?

Abi esperó la respuesta con ansiedad.

—Lo estaba. Hay un oso con pocas ganas de hacer amigos por la zona. No sabía que vendrías hasta aquí. Te habría advertido antes de cómo evitar desafortunados encuentros con la fauna local. Nadie se aventura por aquí —comentó casualmente.

—Oh, ¿y eso por qué? El hombre mencionó que era peligroso.

—Si haces caso a las leyendas, es terreno de caza para el Wendigo. ¿Qué hombre? —Se giró hacia ella para preguntar — ¿A quién te has encontrado?

—No lo sé, Key. No me quiso dar su nombre, pero no me daba buena espina. Tardó demasiado tiempo en bajar el rifle cuando me vio. No creo que sea difícil distinguirme de un animal de cuatro patas.

—¿Llevaba un arma?

La mente de Kelsey viajó hasta los furtivos que la Jefe Holly había mencionado. No podía ser una coincidencia. Abi asintió.

—Y no estaba solo. Creo que había alguien más vigilando desde los arbustos. No conseguí verlo. Podrían ser imaginaciones mías…

Kelsey se detuvo y la miró con preocupación.

—Abi, creo que deberías contarme qué hacías aquí.

Abi meditó su contestación. El brillo de los ojos de Kelsey se antepuso a su instinto.

—Lo haré. Pero no aquí. Necesito una buena ducha.