La cacería de las bestias salvajes Capítulo 15.
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Capítulo 15.

Atravesando la ineficaz protección del cubrevasos, el café ardía en la yema de los dedos y el líquido oscilaba peligrosamente a cada curva del trayecto.

El golpe de suerte para conseguir la bebida sin enfrentarse al interrogatorio de Marla gracias al bullicio del bar o la mirada glacial de Mary Jane por su discusión agitada con Junior en una esquina llegaba a su fin.

La vibración del móvil en el bolsillo sobresaltó a Kelsey y la abrasadora ola de café terminó en su rodilla.

Al balancear el vaso para evitar un nuevo derrame, dio un volantazo involuntario e invadió el carril contrario.

El autobús dirigiéndose hacia ella sonó el claxon con la fuerza de un crucero transatlántico y, a menos de quince metros de distancia, Kelsey consiguió redirigir la camioneta hacia el arcén derecho y frenar.

La llamada continuó resonando en el sistema de sonido mientras ella recuperaba el aliento y depositaba con delicadeza el café en el portavasos.

—Es muy temprano, Bill —saludó enojada.

—Oh, pensaba que te levantabas temprano. Soy Daniel, lo siento. He tomado prestado el móvil de tu hermano.

—¿Daniel? —Una llamada así era inusual— ¿Qué tal?

—¿Qué te ha parecido Abigail?

—¿¡Qué!? —Intentó sonar casual en vano— ¿Cómo lo has sabido?

—Está acampando sola, está de buen ver y es una bollera soltera. No necesito hacer muchos cálculos para suponer que ya has conocido a mi compañera y te ha llamado la atención.

—¡Ah! A veces se me olvida de que eres detective. Un momento. ¿Abi es Sood? ¿La compañera de trabajo que insistes en presentarme?

—La misma. El destino me ha ahorrado el esfuerzo. ¿Has hablado con ella entonces?

Daniel ignoraba que Abi había pasado la noche en la cama de Kelsey y esta respiró más tranquila al darse cuenta de su desconocimiento.

—Claro.

—¿Crees que su intuición es buena?

—Supongo —vaciló con la incertidumbre de desconocer cómo podría valorar algo así.

—Espero que no sea demasiado pedir. Tu hermano me ha contado lo que pasó con tu mejor amiga y lo último que quiero es hacerte revivir eso, pero ¿podrías echarle una mano?

No es policía. Si está en lo cierto no quiero que esté sola haciendo preguntas a quien no debe.

Y es demasiado orgullosa para pedir ayuda.

La confusión de Kelsey creció exponencialmente. Necesitaba conocer el contexto.

—Lo siento, Daniel, no entiendo por qué me estás llamando. ¿Por qué Abi necesita ayuda? Y, ¿qué tiene eso que ver con Annie?

—No te ha contado lo que está haciendo en Beaumont.

—Sé que tiene algo que ver con su exmujer.

—Si quisiera huir de su ex habría elegido cualquier otro destino que incluyese una habitación de hotel y playa. Realmente no tienes ni idea… ¿No te ha preguntado por la chica desaparecida?

—No. Créeme, recordaría ese tipo de conversación —la imagen sonriente de Annie, su mejor amiga en el instituto, volvió a su mente.

Antes de que la tristeza la invadiese se centró en la conversación actual.

—Eso es lo que me temía —suspiró Daniel con desazón—. Abi está tras la pista de una adolescente de dieciséis años cuya novia no sabe nada de ella desde la semana pasada. Según sus últimos mensajes y la localización de su móvil estuvo en el Parque y, acto seguido, se esfumó.

—¿Qué hacía una niña de ciudad en Wawasayg?

—Todo apunta a que fue engañada. Abi cree que es parte de una especie de red captación de víctimas a través de perfiles falsos en redes.

—¿Y por qué traerlas hasta aquí?

—Prefiero que sea Abi quien te cuente su teoría. El pueblo es muy pequeño, tú conoces a la gente… Abi podría agitar las hojas que no debe sin saberlo.

—Has usado el teléfono de Bill, ni siquiera el tuyo…  —«Esto no es buena señal» intentó decir— Si sospechas que está en lo cierto, ¿por qué no lo investiga la policía?

—No hay denuncia de desaparición. El único familiar de esa chica está en la cárcel y ella vive huyendo del sistema para no acabar en una casa de acogida. Oficialmente no podemos intervenir. Abi… decidió hacerlo por su cuenta.

—Supongo que no le has dicho que me ibas a llamar.

—Sood no es precisamente del tipo de persona que consulta las cosas. Me quedo más tranquilo si tú eres mi agente infiltrado, asegurándote de que está bien, pero manteniendo la distancia…

—¿Tampoco sabe que nos conocemos?

—No quiso oírme cuando intenté decírselo. Muy parecida a ti en ese aspecto, por cierto. Por alguna razón de autorrealización cree que va encontrar a esa chica por sí misma. Yo solo intento asegurarme de que, si finalmente es un cadáver lo que encuentra, la cuenta quede en uno, no dos.

Un mal presentimiento se apoderó de Kelsey. Los vellos en su nuca se erizaron.

—Daniel, si es realmente peligroso, ¿por qué no has venido con ella?

—Puede que no lo sea. Podría ser todo una falsa alarma. Yo estoy metido en el mayor caso del Departamento que, además, está a punto de explotarnos en la cara. Tengo que estar aquí y sé que usted puede protegerla, cabo —añadió en un tono formal.

Kelsey meditó en las implicaciones de la conversación. Su día iba a peor a cada hora que pasaba. Miraba hacia ningún punto en particular entre los árboles. Las ramas se agitaron y tres urracas emprendieron el vuelo.

El recuerdo de Abi pidiéndole un mapa cruzó por su mente.

—Has dicho que la última localización de esa chica fue en el Parque. ¿Sabes dónde?

—Tengo las coordenadas. Las vas a recibir justo… ahora.

—¿Se las mandaste a Abi esta madrugada?

—Le envié un mensaje de texto anoche, ¿por?

—Irá a buscar primero en ese punto —comprobó la hora—. Es temprano, es posible que no haya salido aún. Está bien, Daniel. Lo haré.

—¡Gracias, Rubi! Te debo una. Me aseguraré de que sea Sood quien pague.

—Te mantendré informado. Dale un beso a Bill de mi parte.

—¡Eres la mejor, cuñada!

—Veamos si Abi piensa lo mismo —replicó en solitario tras colgar.

Kelsey soltó el teléfono en el asiento del copiloto y reanudó la marcha cambiando de sentido.

* * *

A su paso por la plaza del pueblo, una camioneta le hizo señales mientras dejaba cruzar a un grupo de jubiladas cargadas con bolsas hacia la iglesia.

Kelsey miró por el espejo retrovisor y reconoció a la Jefe Holly al volante señalando hacia el ayuntamiento.

Adelaide iba a su lado y saludaba con una mano.

Kelsey se echó hacia un lado y esperó que estacionaran apoyada en el lateral de su camioneta. El centro de Beaumont se encontraba inusitadamente activo. Reconoció la mayoría de los vehículos aparcados en la zona con suspicacia.

—¡Kelsey! —Adelaide la saludó con un abrazo.

—Guardabosques —Nora inclinó levemente la cabeza.

—¿Qué os trae por aquí? —preguntó Kelsey hacia Nora— Debo una visita por la Reserva, tengo algunas propuestas que quiero compartir con vosotras y los sabios.

—Estoy segura de que traerás buenas ideas —comentó la Jefe—.

Avísame con unos días de antelación y prepararé la reunión.

Sé que ellos también quieren tratar algunos temas contigo.

Últimamente ha habido tránsito rodado al sur de la Reserva.

Queremos asegurarnos de tener pruebas antes de denunciarlo, pero sospechamos que algunos furtivos podrían estar cazando por allí y, en fin, nadie se atreve a adentrarse por esas tierras por miedo al… Ya sabes.

—La temporada de caza no ha comenzado aún. Conozco perfectamente las licencias que hemos aprobado para el otoño. Mantenme al tanto, por favor. Iré yo misma a investigar si es necesario.

—¿Es cierto lo que se rumorea? —preguntó Adelaide con impaciencia en cuanto Kelsey dejó de hablar— ¿El Sheriff va a dejar la policía para sustituir a Anderson como Superintendente?

—Pensaba que ya lo sabríais como miembros del Consejo, se hará oficial justo antes del Festival —respondió Kelsey.

Adelaide y Nora intercambiaron miradas confusas.

—Nos han convocado para una reunión de emergencia —aclaró Adelaide—.

Nadie ha comunicado que haya candidatos de última hora, y ni que decir tiene que no hemos llegado a ningún acuerdo para que Doug Landry se ponga al frente de Wawasayg.

Cuentas con nuestro apoyo, Kelsey. No consideraríamos ninguna otra solicitud.

La Jefe Holly asintió.

—Gracias, Adelaide, pero me temo que tendré que seguir esperando. Parece que todo está decidido. ¿Para qué es esta reunión tan urgente?

—Armand quiere adelantar el Consejo de Octubre antes del Pow Wow —contestó Nora—. Nos hemos opuesto por escrito así que necesita una votación para cambiarla formalmente.

—Quiere mantener su influencia hasta el último minuto. Su jubilación está aprobada para el día de su cumpleaños, ni un minuto más —añadió Adelaide.

—¿Te presentarás a la alcaldía? —inquirió Kelsey— Mary Jane no puede continuar con el legado de los Landry, necesitamos una alternativa.

Adelaide miró con inquietud a Nora y esta asintió.

—Mi candidatura fue rechazada por irregularidades según el encargado municipal. La notificación me llegó una hora antes del cierre de admisión.

—¿Qué dices? ¿No puedes reclamar? Algo debió de pasar, Robert no comete ese tipo de errores tan graves. Te habría avisado a tiempo.

—Jason Higgins recibió una sustanciosa beca para estudiar medicina en la ciudad a principios de Julio —Nora anunció.

—Financiada por la Osprey Mining & Company y firmada por, nada más y nada menos, que el mismísimo Buck Terrance —completó Adelaide.

Kelsey abrió los ojos, indignada y sin palabras, asumiendo lo que acababan de contarle.

—¿Creéis que Robert aceptó un soborno para descartar la candidatura de Adelaide a cambio de mandar a su hijo a la universidad?

—El momento es extremadamente oportuno y nunca se ofreció una explicación detallada de qué tipo de irregulares había en su candidatura —respondió Nora.

—No van a parar hasta que controlen todo el pueblo, ¿eh?  —Comentó Kelsey desilusionada.

—Les pararemos los pies todo lo que podamos, Key. Queda mucha lucha en nosotras —aseguró Adelaide.

—Me alegra oír eso, porque cada día me cuesta más hacerme a la idea de que voy a trabajar para —Kelsey hizo una mueca— el Sheriff.

—Ese nombramiento aún no es oficial. Intentaremos detenerlo.

—Gracias, Jefe.

Adelaide y Nora se despidieron de ella para acudir a la reunión, a pocos pasos de distancia, Kelsey las llamó.

—Por cierto, ¿alguna razón por la que Mike prefiera verme en persona a llamarme? No responde a mis llamadas y le ha dejado un mensaje demasiado críptico a mi padre.

—No sabría decirte. Está en su refugio. Hace un par de días me crucé con él y me pidió que me encargase de sus pedidos —respondió Nora.

Kelsey abrió la puerta de su camioneta cuando una voz exclamó su nombre. Al girarse vio cómo el Superintendente se acercaba con paso acelerado hasta ella.

—¡Menos mal que estás por aquí! ¿Dónde estás tu walkie ? ¿Por qué no has respondido al aviso?

Su walkie-talkie oficial estaba en la mesa de su comedor, probablemente en las manos de Abi en ese momento. Aún no había llegado a la oficina para hacerse con otro.

—Debo haberlo dejado en la barra mientras pedía café —mintió—. ¿Qué ocurre?

—Nos han comunicado otro avistamiento de oso, esta vez en el sendero del mirador.

Una pareja se lo encontró bloqueando el acceso al lago.

Uno de esos imbéciles le tiró una piedra y el oso los persiguió hasta que llegaron a la playa de Walleye.

Debe ser el mismo que ha estado merodeando por el camping.

Y ahora está cabreado. Debbie y Marcus estaban reponiendo las señales del porteo cuando los encontraron muertos de miedo.

Quiero todos los senderos del este cerrados y con avisos ya.

«¡Abi!» gritó en su interior.

—¡Eso está hecho, Súper!

Kelsey aceleró, ignorando las críticas de las señoras que recogían prendas del suelo que habían dejado caer por el susto.