Capítulo 14. #2
Kelsey la observó y cambió el ritmo para deslizar una mano entre ellas. Tanteó su entrada con la yema de los dedos y Abi la correspondió con el impulso de tomarla.
—Creo que estás lista para mí, ¿no?
—Aham —gimoteó Abi.
—No voy a tener problemas en empezar con dos, ¿qué opinas?
Abi movió las caderas con desesperación, abriendo los ojos.
—Estoy lista.
—Buena chica —susurró Kelsey adentrándose en ella.
El ritmo de la respiración de Abi se acompasó a las nuevas sensaciones en su interior. Se llevó la muñeca a la boca para reprimir un gemido.
—No te tapes. Grita todo lo que quieras. Nadie nos va a escuchar —le dijo Kelsey aumentando el ritmo y la fricción al insertar un tercer dedo.
Un sonido animal escapó de su garganta. Entre las oleadas de placer una idea salpicó su mente con terror.
Estaba en casa de una desconocida en un lugar remoto, nadie sabía su paradero ni se preocuparían por ella en un par de días.
Una extraña que la había impulsado a beber y ocultado su coche de cualquier vía principal durante la noche.
Alguien que utilizaba las redes para contactar con otras, ¿víctimas?
Abi asumió que así moriría, en el deleite apacible tras un descomunal orgasmo.
En un atisbo de lucidez clavó sus uñas en la espalda de Kelsey.
Al menos se llevaría su ADN a la tumba. Kelsey gruñó de satisfacción y mordió su hombro.
Abi aguardaba la liberación final de su cuerpo, su despedida a lo grande.
—Oh, Dios, ¡lo que daría por hacer esto con un arnés! —exclamó Kelsey jadeante al oído.
La última palabra abrió las compuertas del disfrute que Abi ignoraba aún residían en ella.
Gritó aferrándose a la vida, dejando que Kelsey acabase con ella exhausta entre sus manos.
Esperó la recesión de su cuerpo, la paz del después, pero no llegó.
Kelsey seguía dentro de ella, tomándose su tiempo con movimientos casi imperceptibles.
La vista de Abi se nubló y dejó caer la cabeza sobre la almohada.
Su cuerpo se convirtió en un rescoldo volviendo a prender fuego.
Kelsey incrementó el ritmo gradualmente y presionó levemente con el pulgar.
El sonido de su garganta surgió desde lo más profundo de su interior.
Sin fuerza para presionar el cuerpo de Kelsey contra el suyo, la dejó hacer hasta que la calma la envolvió en un amable descanso y respiró libremente con los párpados cerrados.
El colchón se hundió a su lado y Kelsey la ayudó a reposar boca abajo, para después arropar su cuerpo con el suyo.
—Eso ha sido para olvidar, Abi. Esto es para que me recuerdes —le susurró.
Besó su nuca y fue bajando lentamente hasta recorrer la cara interna de sus muslos con la lengua.
—Necesito un descanso. Tan pronto, no creo que pueda… —Abi masculló con dificultad hasta que sintió sus caderas elevarse—. ¿Qué vas a…? —Mordió la almohada inesperadamente, ahogando un gemido animal.
Kelsey separó sus nalgas con delicadeza y continuó lamiendo.
A cada presión tentativa con la punta de la lengua, Abi se estremecía en una mezcla de gozo y vergüenza por disfrutar de placeres prohibidos con alguien que apenas conocía.
Sus gimoteos provocaban una entusiasmada respuesta en Kelsey, quien continuó con dedicación hasta que las sacudidas anunciaban el momento álgido para acariciar su pubis con una mano.
El cuerpo de Abi se desató en un torrente de liberación emitiendo un gemido silencioso.
Abi cayó exhausta y Kelsey recuperó el aliento, tumbada sobre ella.
Abi ajustó la posición de sus piernas bajo el peso de Kelsey y esta gimió en voz baja. Presionó con su mano sobre la cadera de Kelsey y el sonido se repitió.
—Hazlo —comentó Abi con las pocas fuerzas que le quedaban.
—No es necesario…
—Quiero oírte.
Con el movimiento de cadera de Kelsey contra ella y sus comedidos gemidos en el oído, Abi perdió la consciencia al sentir el cuerpo relajado de Kelsey abrazarse a ella.
* * *
Algo moviéndose a su lado la despertó. El frío en la piel la sacó de su plácida duermevela. Abrió un ojo y divisó a una rubia atlética semidesnuda hurgando en el armario. Tanteó con las manos hasta dar con su móvil. La luz de la pantalla la cegó por completo.
—Es muy temprano. Sigue durmiendo —Kelsey susurró.
—¿Qué estás haciendo? —Farfulló Abi.
—Voy a correr.
—Pensaba que era una mentira para quedar bien.
—¿Por qué iba a hacer eso?
Kelsey encontró al fin una camiseta decente de deporte y unas mallas para ponerse.
Abi se recostó en el cabecero y abrió con inquietud el mensaje de Daniel que había recibido en algún momento de la noche.
El sueño ya olvidado. Acompañado de una serie de números, el mensaje rezaba: «En medio de la nada, en los lindes del Parque Provincial de Wawasayg, en Beaumont».
Las coordenadas de la última localización de Erin.
La mirada de Abi no se desviaba de la pantalla.
—¿Qué pasa? —inquirió Kelsey preocupada al notar el cambio de humor.
El mapa online no se conectaba para mostrar el punto exacto que buscaba.
—Nada. Creo que voy a quedarme un día más —comentó Abi pendiente de la conexión.
—Lo tomaré como una buena noticia. Dejaré la cafetera preparada.
—¡Espera! —Abi la llamó antes de que se marcharse— ¿Tienes algún mapa del Parque? Quiero hacer una visita corta.
—Claro. Te dejaré un par sobre la mesa. Son antiguos, pero te servirán. Quizá… Hoy voy a estar de ruta, así que podría pasar a verte si te apetece. No puedes confiar en el móvil en el bosque. Llévate mi walkie-talkie. Si necesitas cualquier cosa estaré en la frecuencia siete.
—¡Gracias, Key!
—No hay de qué —respondió desde la puerta.
Kelsey se marchó dedicándole una última mirada esperando despedirse de Abi. Sin embargo, su invitada mantuvo su atención en el teléfono.