Capítulo 14.
Abi perdió la batalla interna contra su cordura en el momento en que el azul de los ojos de Kelsey cambió de intensidad y la negrura de sus pupilas la atrapó.
Asintió instintivamente antes de que su mente pudiera hacer una lista racional de los motivos por los que debía ignorar la tentadora invitación de la guardabosques.
La respuesta de su cuerpo al contacto de la mano de Kelsey sobre la suya fue inmediata.
—Okay —su garganta dejó escapar.
Kelsey levantó la mano hacia Leanne y pidió la nueva bebida.
Pronto el cóctel se materializó en las manos de Abi. Kelsey aguardó al primer sorbo para cerciorarse de la elección.
—Exquisito —corroboró Abi con un sonido gutural.
—¡Lo sabía! —constató alzando su cerveza en un brindis— ¿Así que tienes experiencia con malas rupturas? Mierda, es el peor tema de conversación que se me ocurre. Olvídalo.
—Está bien. No me importa —Abi recapacitó un momento, reordenando sus ideas—. Lo curioso es que uno de los motivos por los que vine hasta aquí fue precisamente alejarme de lo último que quedaba entre mi exmujer y yo.
—¿Está sirviendo de algo?
Abi se rio con desgana.
—Aún lo estoy considerando —dijo mirándola a los ojos—. ¿Puedo preguntarte algo? ¿Es ‘ella‘ quien te ha dado plantón?
—¡No! —Kelsey hizo una mueca de repulsión— Eso es agua pasada. Y no me han plantado, simplemente han…
—¿Pospuesto indefinidamente el plan de veros?
—¡Exacto!
—Ya veo —comentó con un sorbo—. No consigo imaginar lo difícil que debe ser conocer a gente en poblaciones tan pequeñas. El radio de las apps debe ser kilométrico.
—Siempre hay formas de conocer a alguien. Te sorprendería saber que hay un bar en Trenton en el que cada miércoles televisan capítulos de Drag Race. La única aplicación que uso es Insta.
—Oh, me pregunto qué tipo de fotografías publicas…
—¿En serio? —Kelsey trató de controlar su entusiasmo.
La temperatura en las puntas de las orejas de Abi se incrementó exponencialmente.
La fina línea del interés bordeaba la linde del bosque primario del coqueteo y se adentraba en la ciénaga de las confesiones involuntarias.
Abi consideró la posibilidad de dar marcha atrás mientras estaba a tiempo.
La respiración contenida de Kelsey fue la invitación que esperaba.
—A decir verdad, estoy entre imaginar que son imágenes de alces bebé bebiendo en el lago o, por el contrario, fotos de fitness enseñando lo conseguido en el gimnasio.
El comentario provocó las risas de Kelsey. Una sonrisa honesta que le hizo brillar la mirada. Abi compartió su felicidad momentánea y la contempló cautivada.
—Era un osezno y su madre. ¿Crees que estoy perdiendo seguidores por no poner fotos mías haciendo ejercicio?
—Definitivamente. Aunque mi recomendación sería combinar ambas modalidades. Una fotografía saliendo del lago rescatando un cervatillo.
—¿Con o sin uniforme?
La garganta de Abi se convirtió en un páramo desierto, seco y yermo. Tragó saliva.
—Difícil elección.
—¿Estás segura de que no tienes fijación con los uniformes?
—Hasta la fecha no.
—Se te olvida algo de todas formas. Para ese tipo de fotos necesitaría a alguien para hacerlas.
—Estoy segura de que no faltarían personas voluntarias para el trabajo.
—Te sorprendería…
Abi percibió el matiz de autodesprecio en el tono de su voz y la falsa sonrisa. El grupo de hombres vitoreó a un recién llegado y ambas se giraron ante el estruendo. El gesto de Kelsey se endureció al encontrarse al nuevo cliente aproximándose a la barra.
—Creo que va siendo hora de retirarse. Me gustaría descansar bien esta noche —ofreció Abi como salida.
—Claro —dijo tras estudiar su mirada.
Kelsey señaló hacia la puerta y detuvo sus protestas para abonar su parte. Bajó la mirada al pasar al lado de Tyler y escoltó a Abi hasta el exterior, quien se dirigía hacia su coche como acto reflejo. Observó los asientos traseros y el maletero ocupados por el equipaje.
—Lo de irte esta noche iba en serio.
—Sí. No tiene sentido que siga por aquí.
—¿Hay alguna forma de convencerte de lo contrario? —Kelsey preguntó manteniendo la distancia, manos en la cintura evitando mirarla a los ojos.
—Difícilmente.
—Ya veo… —Kelsey dudó unos segundos— Eso no es un no.
—No es un no —Abi se rio al darse cuenta.
Kelsey dio los dos pasos que faltaban hasta ella.
—Pero, ¿es un sí para esta noche? —preguntó tanteando su mirada.
Abi siguió el movimiento de sus labios y miró hacia arriba hasta ver la tímida esperanza de sus ojos. «Sí», dejó escapar en un susurro acercándose a su boca.
El bullicio del gentío saliendo del bar las propulsó a un metro de distancia, separadas con la incomodidad de esquivar sus miradas y calmar su respiración acelerada mientras el grupo de hombres se despedía y montaba en sus respectivas camionetas.
Cuando el ruido de los motores se alejó, el silencio se extendió en la noche.
El llavero tintineó, evidenciando la vacilación de Abi. Las manos de Kelsey tomaron la suya y se hicieron con la llave.
—No deberías conducir después de haber bebido, Annie.
Abi quiso corregir su nombre, pero la rapidez de Kelsey en ponerse al volante y adaptar el asiento a su estatura la obligó a ocupar el asiento del copiloto con celeridad. Kelsey ajustaba el retrovisor entre risas.
—¿Cómo puedes conducir con unas piernas tan cortas? —Se burló poniendo en marcha el vehículo.
—¡Eh! —Abi golpeó indignada su hombro— Mi estatura es perfectamente normal.
—Lo que usted diga, señorita diminuta.
—Señora diminuta, en cualquier caso.
—¡Oh! Mis disculpas.
—No estoy divorciada oficialmente aún. Tengo que firmar la solicitud —se mordió la lengua sintiéndose culpable por enrarecer el ambiente.
Miró por la ventanilla en un intento de reconocer la carretera por la que circulaban. Los faros iluminaban la distancia justa en el asfalto y ningún cartel anunciaba el destino.
—Pero ya estabais separadas, ¿no?
—Desde hace unos seis meses. Solo queda una última formalidad. ¿Qué va a pasar con tu camioneta? —Cambió de tema.
—Mañana haré mi carrera matutina hacia el bar y la recuperaré —respondió con tranquilidad mientras giraba el volante.
El pavimento dio paso a un nuevo camino de grava entre los árboles y Kelsey redujo la velocidad. Algunas ramas golpeaban los laterales de la minivan.
—Así que sí haces ejercicio.
—Claro. No dije que no lo hiciera, simplemente no me hago fotos y no voy al gimnasio —frenó suavemente y apagó el motor—. Aquí estamos.
Abi estudió la silueta de la rústica casa en la oscuridad.
La cabaña disponía de porche y ventanas a cada lado de la puerta.
Una construcción estándar en tamaño, pero construida con troncos de madera en lugar de listones.
Kelsey había llevado su maleta hasta el interior y encendido las luces antes de que Abi se percatase de ello y la esperó sosteniendo la puerta.
Entró estudiando brevemente la sala de estar, la chimenea y sofá a un lado; la mesa del comedor y la estufa al otro.
La cocina se unía en un lateral y dos puertas ocultaban lo que debía corresponder al baño y la habitación.
Kelsey la observaba con las manos en la espalda, apoyada en la puerta.
De repente, los ojos de Abi se detuvieron en ella.
Contempló los mechones que caían por sus hombros, la elevación de su pecho al respirar, el ombligo al descubierto, los vaqueros ajustados que terminaban en botas cortas de cuero.
Subió lentamente, memorizando la figura hasta regresar al intenso azul en llamas de la mirada de Kelsey.
—¿Qué quieres, Abi?
Podía ofrecer una evasiva y apaciguar la tensión que se acumulaba entre ellas o podía aprovechar la última noche en un pueblo a cientos de kilómetros de su vida.
Kelsey acortó la distancia que las separaba.
Sus labios entreabiertos eran un preludio de la respuesta que esperaba.
Abi agarró las solapas de la chaqueta y la atrajo hacia ella.
Kelsey se adentró en su boca sin delicadeza, atrapando su cintura mientras Abi se anclaba con los brazos alrededor de su cuello y ahondando el beso hasta volver a la superficie a recuperar el aire.
Se miraron respirando con agitación. La mirada de Kelsey la mantenía a raya y desbocada a partes iguales. Abi contuvo su instinto de lanzarse sobre ella.
—Dime qué quieres —insistió Kelsey.
—Tú. Esto —respondió confusa ante la inesperada pregunta.
—¿Qué prefieres? ¿Qué es lo que no te gusta?
—Oh… Odio que me chupen los pies —bromeó esperando las risas de Kelsey, aunque comprobó que se lo tomaba con seriedad y se aclaró la voz—. No me gusta empezar con… un cunnilingus, me es muy difícil lograr un orgasmo así.
Kelsey asintió.
—Puedes morderme o hacer marcas, pero nada que sea visible fuera de la camisa.
— Ídem —añadió Abi.
—¿Algo más?
—No seas gentil —bajó la voz y la mirada, bajando los dedos por el borde de la solapa—. Quiero… Quiero olvidarme de todo esta noche.
Los dedos de Abi desabrochaban el pantalón de Kelsey cuando las manos de esta la detuvieron.
No tuvo tiempo de preguntar con la mirada, los labios de Kelsey abrieron paso para su lengua.
Las manos de Kelsey se afianzaron en sus muslos para auparla y Abi subió hasta rodear su cintura con las piernas.
La lengua de Kelsey encontró su cuello y su cuerpo se arqueó hasta presionar su pelvis contra el abdomen firme de Kelsey.
La espalda de Abi dio contra el colchón y Kelsey estaba de repente sobre ella.
Sus manos colisionaban con las de Kelsey al deshacerse de las exasperantes prendas que les impedían sentir el contacto con su piel.
Finalmente, el muslo al descubierto de Kelsey presionó entre sus piernas y Abi emitió un gemido de alivio.
—Dios, estás tan mojada —alabó Kelsey en su oído. Abi gruñó—. Puedo callarme si prefieres.
Abi agitó la cabeza, aferrándose a su espalda con cada movimiento de cadera de Kelsey.
—Puedes hablar, pero por lo que más quieras, no pares —suplicó cerrando los ojos.