La cacería de las bestias salvajes Capítulo 13.
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Capítulo 13.

La mochila improvisada asomaba por encima de la maleta y el material de acampada en el espejo retrovisor.

Abi estudió su reflejo y puso en orden su flequillo.

Rehizo la coleta y, con un suspiro, salió del coche.

Guardó las llaves en el bolso y divisó la cajetilla en el fondo, protegiendo el último cigarrillo de una época anterior.

Por alguna razón se había aferrado a ella y la acompañaba a cada paso.

Sugerente. Seductora. Un silencioso canto de sirena.

Abi resistió la tentación. Cerró el bolso y entró en el bar.

Se sorprendió gratamente de encontrar algunos sitios libres.

El trasiego de la convención agrícola había llenado el único restaurante-cafetería del pueblo a todas horas y al fin conseguiría una comida caliente.

Aguardó en la puerta a que le indicasen dónde sentarse.

Un grupo escandaloso de hombres de su edad la llamó entre risas. Abi optó por ignorarlos y dejarlo pasar.

—Puedes sentarte donde quieras, corazón —exclamó la camarera, haciéndose oír—. No les prestes atención. En realidad, son inofensivos

Abi tomó asiento en un taburete de la barra, manteniéndose alejada de la clientela eminentemente masculina.

—¿Qué te pongo? —Leanne preguntó con una sonrisa tras dejarle un vaso de agua frente a ella.

—Una cerveza —respondió después de estudiar las bebidas que apreciaba a simple vista. Buscó su móvil y se preparó para preguntar por una última vez. Cuando la camarera regresó con su bebida le mostró la imagen—. ¿Hay alguna posibilidad de que hayas visto a esta chica por aquí?

—Reconocería si algún menor viene de noche. Pero tampoco me parece haberla visto por el pueblo. Es guapa. ¿Es tu…? —Leanne no identificaba la relación entre ambas.

—Sobrina. Política.

—Lo siento mucho. Espero que tengas suerte.

—Conducía un deportivo rojo. Eso sí llamaría la atención, ¿verdad?

—Y tanto. Lo siento, corazón. No lo he visto.

Alguien llamó a Leanne desde el otro lado de la barra y se alejó para atenderle.

Abi sacó el móvil por inercia y comprobó en pantalla una nueva notificación.

Su nuevo casero le informaba de que el apartamento se había inundado por una avería en la cocina y tardaría un mes más en poder mudarse.

El emoticono con cara triste no la reconfortó.

Tomó un sorbo de cerveza con avidez, sacó el paquete de tabaco y salió del bar.

La calada inundó sus pulmones con un candor aborrecible y lo disfrutó apoyada en la pared con los ojos cerrados, tratando de dejar la mente en blanco.

—Me alegro de que hayas esperado a salir de mi parque para hacer eso —la voz de Kelsey anunció con humor.

Abi exhaló evitando echar el humo hacia ella.

—¿Me habría ganado una multa o su reprobación, guardabosques?

—Depende de cuándo y dónde.

—Eso es extremadamente ambiguo. ¿No depende todo de esas máximas?

—¿Hablamos de moralidad o legalidad? Porque puedo hacer un listado bastante amplio de todo lo ilegal en los parques provinciales y estoy segura de que te sorprendería. Y no lo digo como click bate …

—Tienes razón. Es un hábito asqueroso de todas formas. Lo dejé hace cuatro años.

—Es un día de esos, ¿eh? ¿Algo en lo que un caballero de brillante armadura pueda ayudar?

Abi tanteó con los dedos el móvil en su bolsillo, dispuesta a preguntar una vez más por el paradero de Erin.

Sacó el teléfono y, antes de desbloquear la pantalla, alzó la cabeza hacia Kelsey y desistió internamente.

Kelsey la estudió en silencio mientras Abi continuaba fumando frente a ella, mirándola fijamente y, al mismo tiempo, sin verla.

—¿Qué tal si te invito a una copa mientras intento convencerte de que Beaumont es mejor de lo que imaginas?

Abi se rio y tiró el cigarrillo al suelo, apagándolo con el pie.

—Creo que es una labor complicada y, es más, me atrevería a decir que eres tú quien necesita oírlo.

—Podría ser. Solo hay una forma de descubrirlo —Kelsey señaló con la mano hacia el bar.

—¿Por qué no? Aunque debería advertirte de que ya había pedido una cerveza y no pienso beber nada más —comentó pasando a su lado mientras le sujetaba la puerta.

—Creo que podré adaptarme.

«¡No puede ser!»

«¡Harvey ataca de nuevo!»

Los vítores, risas y burlas de los hombres sentados en la esquina las recibieron al entrar. Kelsey les dedicó una rápida mirada.

—¡Key, cariño, pensaba que no ibas a venir! —exclamó Leanne desde la barra.

Kelsey tomó asiento al lado de Abi.

—Nunca. Las noches de costillas son obligatorias. ¿Cuántas llevan? —Apuntó hacia el grupo.

—Les cortaré el grifo pronto, no te preocupes.

—¿Y Jeremy?

—Está bebiendo la última —una cerveza apareció al lado de Kelsey mientras se quitaba la chaqueta—. Ya me he enterado. Esto es para ti. Cortesía de la casa —Leanne indicó en voz baja.

—Ah, no debería. He venido con la camioneta…

—Yo me encargo de que sea solo una y haya doble ración de patatas.

—Eres la mejor, Leanne —añadió esbozando una sonrisa.

—Lo sé, cariño. Ya veo que has encontrado buena compañía —acompañó con un guiño.

—No presiones. Podría no sentirme generosa con la propina.

Abi bebió en silencio, tratando de no inmiscuirse y apreciando el top corto que su acompañante había desvelado. Antes de que Kelsey diese un sorbo, se frenó y se volvió hacia ella alzando su vaso.

—¡Salud!

—¡Salud! —Repitió Abi. Su vista se desvió para investigar el frontal de la reducida camiseta y resolver gratamente su hipótesis de partida.

Kelsey tenía los abdominales marcados. Al levantar la mirada, la propietaria de los mismos la observaba con curiosidad— Es…

raro verte sin uniforme —ofreció como excusa.

—¿Raro? Esperaba algo diferente.

—No, es... Tu imagen en mi cabeza va con el uniforme.

—¿Piensas mucho en mí o tienes fijación por los uniformes?

—Abi abrió los ojos en exceso, aturdida y sin encontrar respuesta.

Kelsey se precipitó a rellenar el incómodo silencio— Perdona.

He escuchado cómo ha sonado eso en cuanto lo he dicho.

Ha sido una tontería. Lo más habitual es verme con el uniforme de guardabosques en esta época del año.

—¿Y en las demás? —preguntó Abi antes de beber y refrescar la garganta.

—Fuera de temporada trabajo en la tienda de mi padre.

—¿A qué os dedicáis?

—Pesca y caza. Lo sé, muy rural.

—Es uno de los negocios clave de estas zonas, ¿no es así? Supongo que el trabajo no falta.

—No. Hemos resistido a las tiendas más grandes de Trenton Sound o Kaswick.

—¿A qué…?

—¿Qué…? —preguntó Kelsey a la misma vez. Se disculpó y la animó a hablar.

—¿A qué noticia se refería? Perdón, no he podido evitar oírlo. No tienes por qué contarme nada.

—No. Está bien. Es prácticamente oficial.

Llevo años preparándome para tener la experiencia y cualificaciones para ser superintendente en el Parque.

A final de mes se jubila el actual y pensaba que, con su recomendación y la de otro miembro del Consejo, conseguiría el puesto.

Pero el jefe de la policía va a dejar el cuerpo y cubrir su plaza. Es la comidilla de todo el pueblo hoy.

—Vaya, lo siento. ¿Cómo puede hacer eso?

—Porque puede. Prácticamente todo el Consejo está bajo la influencia de los Landry —Abi mostró su duda ante el nombre—. La familia del alcalde. El jefe de policía y el alcalde son hermanos. Y, por si fuera poco, son mejores amigos del dueño de la mina. Entre los tres controlan todo el pueblo.

—Huele a prevaricación con tintes de corrupción y abuso de poder.

—Nada que se pueda probar.

Leanne volvió en ese momento ofreciendo la carta a Abi.

—¿Qué van a cenar las bellezas del lugar? Sé que Kelsey lleva pensando una semana en el especial de esta noche.

—Las costillas que prepara O’Connor son las mejores de todo Ontario —afirmó Kelsey.

—Sienta unas expectativas bastante altas, pero me quedo con —Abi ojeó el menú— la ensalada Cobb sin carne, por favor —devolvió la carta.

La camarera se alejó gritando su pedido hacia la cocina.

—Vas a perderte las mejores costillas que podrías probar en tu vida —comentó Kelsey.

—No es un plato de mi predilección. Me temo que soy vegetariana.

Kelsey se quedó boquiabierta y reaccionó con retraso.

—¿Es por elección o…?

—Empezó como religión en mi familia y después lo he continuado por principios.

—Entiendo. ¿Te importa si como carne a tu lado o prefieres que lo pida para llevar?

—¡Qué bobada! Puedes cenar tranquilamente. Gracias por preguntar.

—Quizá debería dejar una nota en el buzón de sugerencias. No hay mucha variedad en Beaumont.

—Lo siento mucho. Parece que ese super argumento para convencerme de lo genial que es este sitio comienza a hacer aguas —dijo riéndose entre sorbos de cerveza.

—¡Nada de eso! Solo ha subido el nivel del reto.

Leanne regresó con sus platos y la conversación desapareció cómodamente.

Abi observó embelesada con una mezcla de disgusto y fascinación la capacidad de Kelsey de disfrutar de unas costillas bañadas en salsa barbacoa.

Los labios habían adquirido el rojizo oscuro de la salsa y Kelsey se chupaba los dedos de las manos con esmero.

Abi apenas dio bocados a su ensalada, entretanto Kelsey había terminado con el costillar.

Había algo animal en la entrega de Kelsey a su comida.

—¡Oh, mierda! —exclamó Kelsey limpiándose con una servilleta— Hostias, debes pensar que soy una maleducada. Pierdo las formas cuando estoy comiendo.

Abi bebió para evitar morderse la lengua en su afán por no lanzar un comentario inapropiado. Mientras en su mente aparecían imágenes en las que recreaba la misma frase en un contexto diferente, Kelsey había acudido al baño.

—¡Buenas noches, señora Kurtz! Su pedido casi está listo. ¿Le pongo algo mientras tanto? —Leanne saludó a la mujer excesivamente rubia y engalanada para el tipo de bar en el que estaba.

Abi la observó con curiosidad desde detrás de su vaso. Su aire de superioridad emitía un hedor infeccioso. Los hombres que hablaban alborotadamente enmudecieron inmediatamente cuando Mary Jane los miró.

—Un Pinot Grigio —pidió a la vez que dedicaba una exhaustiva mirada a Abi. Se disponía a sentarse en el taburete de Kelsey cuando Abi intervino.

—Disculpe, pero este asiento está ocupado.

La mujer recorrió con los ojos los platos sobre la barra y las bebidas y volvió lentamente hasta Abi.

—Ya veo —se hizo ligeramente hacia un lado, manteniendo la vista más allá de Abi y esta supo en el preciso instante en que hacía contacto visual con Kelsey.

Se giró para recibir a su acompañante y comprobó el duelo de miradas entre ambas mujeres—.

Por supuesto, debería haberlo sabido —Mary Jane soltó en voz baja.

Kelsey tensó los músculos y Abi estudió el volumen de su tríceps en primer plano, después continuó con el trapecio.

—Mary Jane… —El sonido salió de la boca de Kelsey como saludo y advertencia.

—Supongo que hay cosas que nunca cambian —comentó Mary Jane.

Leanne apareció con una copa de vino y, tras estudiar la tensión de la escena echando un vistazo a cada integrante, se apresuró a la cocina.

—Y otras cambian a mejor —respondió Kelsey poniendo una mano en el taburete y bloqueando las miradas de Mary Jane a Abi.

—Afortunadamente, como los cambios que le esperan a este pueblo a partir del mes que viene —Mary Jane bebió un sorbo y agarró su bolso en dirección al baño.

Kelsey la siguió con la mirada hasta asegurarse de que se había ido para sentarse.

—Dudaba entre si quería matarte o arrancarte la ropa aquí mismo —comentó Abi—. ¿Es esa…?

—La hija del alcalde.

—¿...tu ex? —Kelsey enmudeció precipitadamente con el rostro desencajado. Abi reaccionó inmediatamente—. Lo siento. No pretendía sobrepasarme. Tengo experiencias con malas rupturas y exes tóxicas.

—Es… complicado.

—Déjame adivinar. ¿Ella continúa en el armario negando lo que pasó y nadie nunca lo supo?

—¿Tan obvio es?

—Como bien dije, tengo experiencia. Lo que me sorprende es que el pueblo siga en pie si cuando os veis pare… —La mirada de Kelsey se perdió en el pasillo tras ella y Abi comprendió que debía cambiar de tema— ¿Qué se suele hacer por aquí además de visitar el Parque?

Abi intentó continuar una conversación casual mientras observaba a Mary Jane recibir la bolsa con su pedido, terminar de un trago su copa y largarse del local sin mediar palabra.

Uno de los hombres del ruidoso grupo salió tras ella.

Kelsey había mantenido la mirada fija en su cerveza intacta y los nudillos blancos de apretar el respaldo del taburete de Abi.

El tintineo de la campanilla de la puerta llegó hasta sus pulmones como una bocanada de aire fresco.

—Lo siento. No sé por qué… —Se disculpó Kelsey.

Con una mano en el brazo, Abi la tranquilizó.

—Si estás bien, eso es lo único que importa —aseguró Abi.

Kelsey asintió y forzó una sonrisa. Su móvil vibró en el bolsillo y comprobó el mensaje.

Abi vio por el rabillo del ojo cómo abría Instagram y la pregunta salía involuntariamente de su boca— ¿Tienes internet aquí? Casi no puedo recibir mensajes.

—Uso el wifi del bar —dijo mirando a la pantalla—. La cobertura es muy irregular en esta zona, mi casa es la excepción, sorprendentemente —el rostro de Kelsey se ensombreció y guardó el móvil con rapidez.

—¿Pasa algo?

—Ah no… Alguien ha cancelado unos planes. Nada importante.

—¿Estás segura?

—Sí —la falta de convencimiento fue evidente—. ¿Sabes una cosa? Te prometí una copa y aún no he cumplido. Leanne prepara unos César increíbles.

—No debería beber más. Quiero salir del condado y encontrar un motel ya en camino esta noche.

—Con la convención todo sigue ocupado hasta mañana. Vas a tener que hacer muchos kilómetros para encontrar una habitación libre... ¡Quédate en mi casa! —Abi no sabía qué responder y Kelsey insistió— Te prometo que no te arrepentirás.