Capítulo 11.
La mañana arañaba el velo de la madrugada lentamente. Los frágiles rayos de luz perforaban las copas de los árboles hasta alcanzar el suelo. El rocío se evaporaba al contacto del sol y las huellas frescas de la noche anterior se petrificaban hasta convertirse en polvo.
Kelsey prefería comenzar su ruta por los alrededores del camping temprano, disfrutando de la quietud del lago y los senderos desiertos.
En los días más afortunados algún ciervo aparecía a su lado y la observaba curioso.
En las mañanas así, Kelsey respiraba profundamente y agradecía la libertad de su trabajo.
Con ese pensamiento aguardaba ese día en la playa mirando hacia la otra orilla.
Los pájaros aún no cantaban. El viento era un leve soplo y las olas rozaban la arena con desidia.
El hedor de las letrinas cercanas a la playa corrompía el aire.
Una mascarilla flotaba en el agua lejos de su alcance. Arrancaba una calurosa jornada.
Una mosca negra aprovechó su distracción y le mordió la mejilla.
Kelsey se abofeteó en el intento de matarla.
El resultado fue una gota de sangre en la palma de su mano y el ardor que se esparcía por la piel.
Se dirigió hacia las zonas de acampada con la intención de evitar a los campistas madrugadores de las caravanas y su excesiva efusividad.
Prefería mantener un servicio tranquilo, lejos de los demás.
Revisó la estación de basuras con atención.
Los pestillos de los contenedores se encontraban cerrados, por lo que las botellas esparcidas por el suelo eran producto de la inacción humana, no de la fauna salvaje del Parque.
Las recogió y lanzó hasta el contenedor.
El cristal estalló en el fondo a la vez que un grito sonó en la cercanía. Kelsey corrió en su búsqueda.
Un portazo le indicó la procedencia del alarido: la caseta de los baños.
Abrió la puerta con ímpetu, preparándose para la emergencia.
Sin embargo, estaba vacío. Tras comprobar cada retrete con escepticismo volvió al área de los lavabos.
La puerta se abrió tras ella y una joven ranger apareció armada con una escoba.
—¿Qué ha pasado, Debbie?
La muchacha se sorprendió avergonzada de encontrarse a Kelsey, reclamando una respuesta.
—Eh, tuve un… Había… Estaba en el baño cuando me cayó una araña encima —Kelsey soltó una carcajada y Debbie se sonrojó con ferocidad—. ¡Era de las grandes! ¡Lo juro! Venía a deshacerme de ella. ¡Podría haberle sucedido a una campista!
—Pensaba que estabas en peligro. Una amenaza real, Debbie. ¿Dónde está tu enemiga? —preguntó pidiendo la escoba con un ademán.
Debbie la llevó hasta el último cubículo y señaló hacia el dispensador de papel higiénico con timidez.
El artrópodo rebelde colgaba a la espera de una nueva víctima.
Kelsey acercó la escoba lentamente, pero la criatura fue más veloz y se refugió tras el váter con el consiguiente alarido de Debbie.
Kelsey la miró amablemente y le pasó su sombrero.
—Parece que nuestra amiga Charlotte no quiere irse. Será mejor que me esperes en la puerta, Debbie.
Con el nuevo margen de maniobra, Kelsey consiguió que la araña trepase hasta el cepillo y se apresuró hasta salir y lanzarla hacia los árboles.
Volvió hasta Debbie y le alargó la escoba, que se escurrió de la mano de la ranger hasta caer al suelo.
Ambas se agacharon a recuperarla y Debbie se detuvo antes de chocar la cabeza contra Kelsey.
En cuclillas, le pasó con éxito el mango de la escoba y Debbie retornó su sombrero.
—Perdón, estoy un poco torpe esta mañana —se excusó Debbie poniéndose en pie.
—No pasa nada.
La muchacha miró hacia arriba debido a la diferencia de altura para despedirse y apreció la rojez de la mejilla de Kelsey. Involuntariamente acercó la mano, frenándose antes de hacer contacto.
—Tienes… Creo que te ha picado algo.
—Oh, no te preocupes. El problema he sido yo al tratar de evitar la picadura cuando era demasiado tarde.
—¿Quieres que vaya al botiquín a por crema?
—No, gracias. Se pasará pronto —Debbie aceptó su desestimación como despedida y se alejó caminando—. ¡Eh, Debbie! —La muchacha se giró— ¡Haz una ronda recordando la necesidad de utilizar correctamente los contenedores, la alarma de avistamiento sigue vigente!
«Un día más salvando la vida de los más necesitados». Kelsey se rio en solitario.
* * *
La campanilla de la entrada se agitó y quedó reverberando en el silencio de la tienda. Desde el mostrador, su padre miró hacia Kelsey y seguidamente a Janine, quien se dio media vuelta y se apoyó de lado para recibir a la recién llegada. Ambos saludaron al unísono.
—¡Buenos días, Rubi!
—¿Qué tal, Key?
La atención de Kelsey se dirigió en cambio al carrito de bebé y, comprobando que Terry estaba despierto, lo tomó en brazos.
—¡Hola, colegui! ¿Te estás aburriendo con mamá y el viejo Mac? No te prestan atención, ¿a que no?
—¿Seguro que no quieres niños? Puedo dejarte a este por una temporada gratis —bromeó Janine.
—Nunca he dicho que no quiera, solo que no quería los de Tyler y, ni mucho menos, tenerlos forzosamente —contestó balanceando al bebé sin mirarla.
—Ya… No es eso lo que va contando.
—Tyler cuenta muchas cosas, no significa que sean verdad.
—¿Has escuchado que su novia está embarazada?
—Ni lo sé, ni me importa.
—Mientras Jeremy no me obligue a montarle una fiesta para el bebé…
—Entonces no lo hagas, diles que tienes turno cubriendo la tienda. Este invierno Janine podrá cubrir mi puesto a tiempo completo, ¿verdad, papá?
—Y si es necesario estoy dispuesto a mandarle horas extras por el bien de todos —contestó Mac animado.
—¡Todo arreglado! ¿Qué cuchicheabais? —Kelsey preguntó mirando del uno al otro— Antes de entrar os he visto hablando. No creáis que no me he dado cuenta —Sus rostros pasaron a tomar un tono serio. Trataron de arrancar con una respuesta en vano—. ¿Qué pasa? —insistió.
—Hemos oído algo… —Comenzó su amiga.
—Rubi, no creo que vayas a dejar de ayudar en la tienda —añadió su padre.
—¡Claro que no! Solo que estaré algún día suelto. En invierno hay mucho trabajo de oficina en el Parque.
—Sobre eso…—Janine habló delicadamente— Marla oyó a Maureen quejarse por teléfono de las solicitudes de acreditaciones de última hora mientras estaba en la oficina de correos y lo atareada que estaba para organizar la fiesta de despedida del jefe Landry.
—¿El Sheriff se jubila? No entiendo qué tiene que ver conmigo.
—Ese vejestorio no va a jubilarse hasta que se muera —agregó Mac.
—No es una jubilación —aclaró Janine—. Va a cambiar de trabajo. Uno con más flexibilidad y mejor pagado…
—Janine… —Suplicó Kelsey.
—Por lo visto ya ha hablado con el Consejo y todos están contentos con que una persona con la experiencia de Landry sea quien sustituya a…
—¡No! —exclamó Kelsey.
—Anderson como Superintendente —terminó su amiga.
Terry rompió a llorar, asustado por el grito de Kelsey, quien trató de calmarlo inútilmente y se lo pasó a su madre.
—Lo siento, Terry. Shh. Debería haberlo sabido —masculló.
—Esa alimaña ha estado esperando hasta el último momento para evitar que se vieran obligados a considerar tu candidatura —añadió su padre.
—No se ha escondido. Lo ha hecho en mi cara. El otro día me trató como una subalterna y Rick no dijo nada para defenderme.
—Lo siento mucho, Key —su amiga lamentó—. Has trabajado muy duro para ese puesto.
Finalmente, el pequeño Terry paró de llorar.
—Si lo piensas bien —comentó Mac—. Por más aire fresco que respire, a Doug no le quedan más que un par de telediarios. Apenas puede dar dos pasos sin perder el aliento.
—No entiendo por qué querría cambiar ahora. Nunca le ha interesado el Parque. Mi Parque.
—Con los Landry nunca se sabe —comentó Janine—. No les basta con controlar el pueblo, siempre necesitan más. Hasta que todos estemos trabajando para ellos.
—Si el Sheriff deja la comisaría, ¿quién cubrirá su plaza?
—El mayor de los Campbell hará de comisario temporalmente hasta que designen a uno nuevo. Alguno que sea del agrado de los Landry, por supuesto —respondió su padre.
—Sigo sin poder creérmelo —dijo Kelsey derrotada, apoyándose contra la pared.
—De momento son habladurías, pero… —Su amiga añadió.
—Cuando el río suena, agua lleva —completó Mac.
En el silencio en el cual se sumieron los tres momentáneamente, la campanilla anunció la entrada de una nueva visitante que se sobresaltó al comprobar las tres miradas que la estudiaban.
—Oh, ¡hola! ¿Interrumpo?
—¡No, no! —respondió Janine.
—¿Cómo estás, Christine? —Saludó Kelsey.
La mujer avanzó hasta Janine y tomó al bebé en brazos, besando su cabeza mientras dejaba un rollo de carteles sobre el mostrador.
—Perfectamente, ahora que puedo coger a mi sobrino favorito.
—¡Que Sandra no te escuche decir esas cosas! —replicó la madre.
—No importa, ella es mi sobrina favorita.
—¿Qué te trae por aquí, joven? —preguntó Mac leyendo el cartel— ‘El Fes-ti-val de costillas de Beaumont. Un día para chuparse los dedos’.
—Acabamos de terminar los carteles y me toca repartir como siempre —explicó Christine—. ¿Puedes colgar uno en la puerta, Mac?
—¡Eso está hecho, señorita!
—Oh, ¡Key! —Christine se volvió hacia ella— Encontré tus carteles del perro perdido en el bar. Los estuve repartiendo y preguntando, pero nadie lo reconoció. ¿Ha habido suerte?
—Aún no. Gracias.
—De nada. Si fuese el perro de Cory no habría dormido hasta recorrer cada palmo del condado hasta dar con él. A veces creo que lo quiere más que a mí.
—Hablando de… —Janine comentó mirando hacia Mac y Kelsey— Creo que hay que felicitarlo por el ascenso, ¿no?
—Oh, solo va a ser algo temporal y aún no es oficial —respondió Christine casualmente.
—Ganar esa responsabilidad va a ser una excelente experiencia para ese joven —añadió Mac.
—Sí. Eso piensa él. Aunque está muy agobiado por el cambio.
—¿Cuándo va a ser el gran anuncio? —inquirió Kelsey.
—Creo que están esperando a la siguiente reunión del Consejo, para hacerlo efectivo el día del Festival.
—¿Va a tener que coordinar el mayor evento de Beaumont en su primer día como jefe de Policía? ¡Eso sí que es un comienzo por todo lo alto! —comentó Mac.
—Claro, ignoremos el nepotismo —Kelsey murmuró para sí.
—Eso parece… —Christine miró a su alrededor— Bueno, ¿habéis pensado ya con quién iréis al Festival? ¿Alguna señora que te haga tilín, Mac?
—A ninguna que le guste este saco de huesos. Esas son cosas para los de vuestra edad —respondió él con buen humor.
—Eso no es cierto, Mac. Estás hecho un figurín —declaró Janine apretándole el brazo suavemente.
—¿Y la Harvey más joven? —Christine meneó cejas mientras le preguntaba a Kelsey.
La aludida se tapó la cara con una mano y gruñó.
—¡Para, Christine! Ya tengo suficiente con los rangers hablando todo el día de sus chismorreos sobre el Festival.
—Es lo único interesante en el pueblo, es natural que estén animados. Pero eso no responde a mi pregunta. ¿Vas a venir con alguien este año?
—Puede. Aún no está decidido.
—¡Oh, Kelsey Harvey, la rompecorazones en acción! Estoy deseando saber quién es —comentó entusiasmada y cayó en la cuenta de algo importante—. Porque no sé quién es, ¿verdad?
Kelsey se rio.
—Sois las dos iguales. Parecéis hermanas, no cuñadas. No me vais a sacar más información. Si viene la conoceréis, si no…
—¡Entonces es una ‘ella’! Interesante —detalló Janine.
—¿No tenéis que volver al trabajo? —Kelsey fingió consultar la hora.
—Vas a librarte por eso. Estoy segura de que conseguiremos sonsacar su nombre antes del Festival —afirmó Christine depositando al bebé en el carrito.
—¡No voy a decir nada más! —exclamó Kelsey mientras salían.
—Eso dices ahora… —Se despidió Christine, sosteniendo la puerta para el carrito.
—¡Hasta luego, Mac! ¡Adiós, Key! —Janine cerró la puerta.
Kelsey y su padre permanecieron en la misma posición, observando cómo las mujeres cruzaban la calle y seguían conversando animadamente. Mac tomó el cartel que Christine les había dejado y lo pegó en la puerta. Kelsey le ayudó con la cinta adhesiva.
—Escucha, Rubi…
—No pasa nada, papá. Se pasará. He podido con peores cosas.
—Siempre puedes solicitar la plaza en otro parque.
—No voy a irme y dejarte… — «aquí solo», terminó en su cabeza.
—No lo estaría. Tengo la tienda, Janine, los perros…
—No es lo mismo y lo sabes.
—Solo quiero que sepas que puedes hacerlo.
Kelsey lo miró a los ojos antes de hablar, recapacitando en lo que acababa de oír.
—Gracias, pero no será necesario.
—Como tú quieras, hija —Mac abrió la puerta para ella y se dejó dar un beso en la mejilla—. ¡Kelsey! —La llamó antes de que se alejase— Se me olvidaba. Mike ha venido a buscarte, quiere que vayas a verlo a la Reserva.
—¿Por qué no me ha llamado?
—Tendrás que preguntárselo a él. Solo me pidió que te pasara el mensaje.
—Está bien. Intentaré pasarme pronto. ¡Te veo luego!