Capítulo 6. #2
—No estoy segura de cuánto tiempo voy a necesitar. Llevaré una maleta y mi ordenador.
—¿¡Vas a ir sola!? —Lavindeep cayó en la conclusión persiguiendo a su hermana de vuelta al dormitorio.
—No necesito a nadie más.
—¿Qué tiempo va a hacer?
—No lo sé. ¿Hay diferencias entre la ciudad y el norte a final de verano? Calor. Lluvia. Frío por la noche.
—Abi, ¿de verdad vas a conducir hasta allí con tu coche? —Lavindeep seguía estupefacta y trataba inútilmente de hacer contacto visual con su hermana por encima de las cajas que depositaban en la furgoneta.
—Esa es la idea.
Cuando Abi se dio media vuelta con una medio sonrisa de satisfacción por el avance logrado hasta entonces, su hermana esperaba con las manos apoyadas en la cintura y el peso sobre una pierna, en una postura entre amenazante y condescendiente.
—En ocasiones se me hace difícil recordar que tú eres la hermana mayor —espetó indignada.
—A mí también, chooti —dijo secándose el sudor de la frente con el dorso de la mano.
—¿Cuántos días piensas estar fuera?
—¿Tres días? ¿Una semana? ¿Dos? No lo sé, Lavin. Es complicado.
—No debería serlo, son tus vacacio…
El móvil de Abi interrumpió en ese instante oportuno y, con un leve gesto de arrepentimiento, descolgó y se alejó de su hermana.
—¿Qué pasa, Daniel?
—Escucha, no he tenido mucho tiempo, pero leí tus notas sobre la desaparición de esa chica.
—¿Y? —preguntó con ansiedad.
—Creo que algo turbio podría haber pasado. Habitualmente casos así se cuelan entre las lagunas del sistema y nunca son detectados.
Abi cerró los ojos y respiró con un extraño alivio.
—¿Harás oficial la investigación?
—Me temo que no puedo llegar a tanto sin una denuncia oficial o pruebas contundentes de que ha habido juego sucio.
—Eso no va a ayudarla, Daniel.
—Lo sé. Sin una investigación en curso no podemos pedir la orden para solicitar los metadatos del teléfono móvil, pero tengo un contacto. Tengo que persuadirlo para que me proporcione la última geolocalización extraoficialmente.
—Genial —dijo con sarcasmo—, lo que significa que no tenemos nada.
—No es un no, es un…
—No de facto.
—Aún no. Estas cosas llevan tiempo, Abi. Si te sirve de consuelo creo que tu intuición podría ser buena.
Abi se mordió la lengua para evitar responder.
—¿Por dónde podría empezar? —preguntó en cambio.
Al otro lado del teléfono Daniel suspiró resignado.
—El procedimiento habitual. Empezar desde el último punto en el que se la vio con vida, preguntar en las proximidades, comprobar las cámaras de seguridad de los comercios…
El detective aguardaba la interrupción de Abi imaginando su postura de decepción fácilmente, con la boca entreabierta y los ojos, una mano en el teléfono y la otra alternándose entre la cintura y masajearse la sien.
—Si tu contacto consigue las coordenadas… ¿Me las harás llegar?
—Te las enviaré por mensaje de texto en cuanto las reciba, pero prométeme que tendrás mucho cuidado.
—Lo prometo, Daniel. Puedes confiar en mí.
—Confío en ti, Abi. Son los demás quienes me preocupan. Cuéntame qué ocurre paso a paso. Yo haré lo que pueda desde aquí.
—Significa mucho para mí, Daniel.
—Ojalá pudiera acompañarte. Oh, ¡una cosa más! Bill tiene familia allí. Si necesitas ayuda, por favor, no seas cabezota.
—Gracias.
Un silencio se acomodó entre ellos. Daniel se rio ligeramente.
—Sood, ¿en serio vas a irte a un pueblo en la nada en busca de una adolescente desaparecida porque crees que una panda de caníbales la ha secuestrado?
—Eso parece.
—Y aún reniegas cuando te presento evidencias irrefutables de que serías una gran detective.
—Eso está por ver, Park.
—Ten cuidado, Sood. Buen viaje.
—Adiós, Daniel.
Al darse media vuelta su hermana se acercaba hasta ella con varias hojas impresas, gesticulando acelerada.
—Esto es lo que pasa cuando pretendes hacer unas vacaciones improvisadas, ¡no hay alojamiento!
—¿Qué sucede?
Lavindeep guió sus pasos hacia el garaje, animando a Abi a seguirla hasta allí.
—Mientras hablabas he intentado buscarte un hotel para varios días en el condado de Lester.
He probado en Kaswick, en Trenton Sound…
Todo está completo, incluso ampliando el radio a una hora.
Mañana comienza una convención internacional de maquinaria agrícola en Meadow Lane y todo está completo.
No queda ni un motel. Lo único disponible…
La pausa de Lavindeep fue mayor de lo necesario y Abi la apremió a continuar.
—Si quieres dormir en la zona lo único que queda es el camping de Beaumont.
—¿Camping? ¿Qué tipo de camping? ¿Tienen cabañas al menos? ¿Yurtas?
Su hermana negó con la cabeza y abrió la puerta del garaje.
—El Parque Provincial de Wawasayg solo ofrece acampada en tienda o caravana.
—Oh…
Acampar nunca había sido una opción para Abi, acostumbrada a la ciudad y los lujos comunes de la vida urbanita como el agua corriente, aseo privado y un colchón mullido.
Miró a su alrededor, el garaje meticulosamente ordenado en el que el todocamino eléctrico de su hermana se encontraba aparcado y con aún hueco para el coche de su cuñado.
Contenedores de plástico transparente alineados con precisión en las estanterías.
El panel en la pared con las herramientas…
Devolvió la vista a su hermana, recapacitando sobre sus escasas opciones para pernoctar en Beaumont.
—Supongo que no tendréis una caravana que pueda tomar prestada…
—No, bey bey. Pero puedes llevarte el material de acampada de Mohan.
Lavindeep agarró una de las enormes cajas transparentes y la depositó en el suelo. Uno a uno extrajo todos sus elementos y los apiló en los brazos de Abi: saco de dormir, tienda de campaña, alfombrilla, linterna, repelente de mosquitos, set de plato y cubiertos, una taza esmaltada y un cubo.
Abi observaba el cubo que colgaba de su muñeca con escepticismo.
—¿Qué es todo esto, Lavindeep?
—Te he reservado cinco días allí —soltó los folios contra su esternón—. Supongo que la experiencia rural será más que suficiente.
—Nunca he ido de camping. ¡No tengo la más mínima idea de cómo se monta este trasto! —protestó señalando con la cabeza a la tienda de campaña.
—Mejor será tu aventura entonces, ¿no crees? —Sentenció con aire socarrón.
—¿Por qué tengo la sensación de que le has encontrado divertimento a esto?
La sonrisa pícara de su hermana se transformó en un gesto desafiante.
—Si me dices el motivo real por el que huyes a un pueblo perdido, te pagaré una semana en el mejor resort de la zona.
—Ya te lo dije, necesito unos días de descanso simplemente.
—En ese caso, avísame cuando llegues. No me fío de esa lata que conduces.
—¿Y qué hay de la furgoneta y el trastero?
Lavindeep extendió la mano en espera de las llaves.
—A tu sobrino le vendrá bien la sesión de gimnasio. ¡Vamos, antes de que me arrepienta! —Abrió y cerró el puño urgiéndola.
Con algo de dificultad, manteniendo el equilibrio de su imprevista carga, Abi consiguió extraer de su bolsillo el llavero y depositarlo en su mano. Le dio un sonado beso en la mejilla aprovechando la inercia.
—¡Eres la mejor, Lavindeep!
—Lo sé —dijo resignada.