La cacería de las bestias salvajes Capítulo 6.
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Capítulo 6.

Un entramado de pilares de cartón daba paso a la pequeña habitación de invitados.

Las cajas se amontonaban en patrones aleatorios sobre cada superficie.

Incluso la estrecha cama era presa de varias de ellas, hundiéndose y arrastrándose hacia la depresión que el cuerpo de Abi creaba en el medio y quien, tras perder la batalla nivelando la balanza sobre el colchón por enésima vez, las colocó en el suelo para sentarse cómodamente y rebuscar perezosamente entre ellas.

Se había detenido momentáneamente a descansar en lo que se había prometido era un pequeño respiro en la nueva mudanza de sus “trastos”, como su ex había descrito las pertenencias de Abi acumuladas en cinco años y que debían trasladarse de la casa de su hermana a un trastero temporal hasta que el apartamento que había alquilado estuviese disponible.

Aún faltaban tres semanas para eso y la inminente llegada de su madre era todo lo que necesitaba para cerrar el capítulo de exiliada amorosa y recomponer lo que quedaba de su vida.

Alejarse de allí suponía demasiadas desventajas económicas, pero aportaba innumerables ventajas para su autoestima.

En el interior de la caja actual redescubrió varios marcos de fotografías, entre ellos, la imagen que inmortalizaba el día de su boda y que anteriormente coronaba su salón.

Ex-salón. Candace y ella de la mano, sonrientes y arropadas por sus amigos.

Realmente eran los amigos de su futura exmujer, pensó Abi con acritud.

Ninguna de las personas que creía cercanas se había interesado por su estado tras la separación.

Dejó caer con desgana el marco y encontró un objeto que había olvidado por completo.

Desatrancó la cajetilla de tabaco del fondo y comprobó su contenido. El mechero y un par de cigarrillos continuaban intactos. Echó la vista a la puerta, y tras comprobar que no se percibían movimientos, se estiró hasta abrir la ventana y apoyarse contra la pared.

La primera calada fue directa al pulmón provocando una tos feroz.

La memoria adormecida de sus hábitos entró en acción tras la segunda calada, la que le proporcionó el confort de su vida anterior.

Mucho antes que la separación y que Candace.

Miró hacia el sobre con los documentos del divorcio a su lado sobre el colchón con la intención de leerlos por última vez y, sin embargo, antes de llegar a tocarlo desistió y en su lugar tomó el antiguo cuaderno de apuntes de japonés que había separado con melancolía de una caja anterior.

A falta de practicar, bien podría ser un idioma distinto al que aprendió.

Los trazados de los kanjis se habían vuelto completos desconocidos.

Eran parte reminiscente de los primeros años de universidad que prácticamente había reemplazado en su mente con su adoración por Candace y el recuerdo de lo que sentía cada vez que reclamaba su atención con el brazo en alto en su clase de apreciación a la Historia del Arte y Arquitectura y esta le correspondía con un brillo embaucador en los ojos; o la forma en la que Candace se dirigía a ella para retenerla unos minutos en su mesa tras acabar la hora; o la soltura con que la reducía a una masa temblorosa entre sus manos durante las tutorías de tarde que se colaban furtivamente en la noche.

Volvió en sí justo a tiempo de evitar que la ceniza cayese sobre la colcha y sacó la mano por la ventana.

Unos pasos se apresuraban hacia ella. Apagó el cigarrillo en el alféizar y lanzó la colilla al jardín.

Estaba aún despejando el humo con las manos cuando su hermana apareció por la puerta.

Afortunadamente, el volumen de cajas, que había creado un laberinto de torres de cartón por el suelo, retrasó la llegada de Lavindeep.

En el último segundo, Abi agarró el sobre y lo escondió bajo la almohada.

—¡Qué raro! ¿Huele como a humo?... —Comentó su hermana arrugando la nariz y ojeando el exterior con incredulidad mirándola de reojo.

—¡No! ¡Qué bobada! Podría ser que el vecino esté preparando la barbacoa…

—¿El señor Tully? Nunca hace barbacoa entre semana, solo los findes. Pero este olor es diferente, es como… ¿tabaco?

—No sabría decirte —eludió su mirada en un intento de continuar disimulando.

—¿Has estado fumando? —preguntó indignada con los brazos en jarra.

Abi se dio por vencida.

—Encontré una antigua caja de tabaco entre mis cosas.

—Bey bey, por algo estaba olvidada en el pasado —dijo sentándose a su lado—. Creía que ya habías superado ese mal hábito. Y, sí, vale para ambos —señaló hacia el marco de foto que asomaba desde la caja abierta.

—¡Lavindeep, descarada! —Se burló.

—Es cierto. Ambos han sido perjudiciales para tu salud en distintos niveles. Y antes de empezar a reñirte por fumar en mi casa con los riesgos que suponen para la salud de mi familia y recordarte la gran lista de consecuencias bucodentales que veo cada semana en la consulta por los que…

—Lo entiendo, Lavin. Perdona. Ha sido un desliz y no volverá a ocurrir —interrumpió.

Su hermana la estudió en silencio unos segundos y dejó su mano sobre el muslo de Abi con afecto.

—Pensaba que tu adicción por Candace había sustituido a la nicotina. ¿Significa que se ha invertido el orden y has cerrado página con ella por fin?

—Significa que encontré una cajetilla olvidada. Dejé de fumar porque a ella no le gustaba —Lavindeep arrugó el ceño—... y porque era el aliciente que necesitaba para hacerlo. Y no creo que haya eliminado a Candace de mi sistema. No es tan sencillo.

—Nada es sencillo, bey bey.

—Ojalá lo fuera —dijo apretando su mano.

El silencio volvió.

—Sabes que puedes quedarte aquí o en el sofá cama del estudio de Deep cuando mamá llegue, ¿verdad? No entiendo por qué tienes tanta prisa en irte ahora.

—Preferiría evitar su mirada acusatoria. Estar bajo su supervisión constante es demasiado para mí, aunque sea por un mes. No puedo enfrentarme a ella y decepcionarla una vez más.

—Abi…

—Es cierto, Lavin. Tú eres su hija perfecta y yo estoy de acuerdo con esa valoración.

Inteligente, exitosa, guapa, respetuosa de las tradiciones…

Te quiero por ello, chooti —la abrazó y apoyó la cabeza en su hombro—.

Pero cuando mamá me mira solo veo en sus ojos la gran decepción que he sido en su vida: el recuerdo del hombre que la abandonó embarazada, la hija incapaz de adaptarse a la vida en una gran familia, la que rechazó un futuro brillante como doctora, la que trajo la vergüenza y desgracia por casarse con una mujer.

Ahora por dejar que mi matrimonio se rompa al poco tiempo...

Podría continuar, aunque me temo que se nos haría de noche.

Mohan tendría que volver del entrenamiento andando y tu maravilloso Deep nos prepararía la cena.

Y, al final, terminaríamos abriendo la botella de vino que sé que estás reservando para celebrar el día que mamá se vaya.

—¡Abi!  —Su hermana se revolvió.

—Lo sé. La he visto en el garaje detrás de las latas de pintura. No te preocupes, sigue allí.

—Entiendo que te sientas así, pero te sorprendería saber lo preocupada que mamá está por ti.

—Naturalmente, su hija mayor divorciada, ¡qué fracaso como madre! ¡Qué tragedia para esta familia! —comentó con sarcasmo.

—¡No, tonta! —Lavindeep chocó levemente su hombro contra el suyo— No quiere que sufras como ella hizo. En el fondo tiene miedo de que te quedes sola y no encuentres a alguien que verdaderamente te merezca.

—No todas tenemos la suerte de encontrar al hombre de tu vida.

—¡Pensaba que eso estaba descartado, Abi! —Sacó la lengua para burlarse.

—La persona de tu vida —corrigió y se abrazó a su hermana por la cintura, reposando la cabeza en sus piernas—.

Tú tienes a Deep. Deep y Lavindeep, estabais destinados a estar juntos…

Mamá tiene a Amar, otro hombre formidable, respetuoso y Punjabi.

Adorable y amoroso. ¿Por qué habéis tenido tanta suerte?

¿Es mi mala suerte la compensación de una balanza cósmica por la que vosotras sois plenamente felices y yo he de vagar cual alma en pena?

—Y yo que pensaba que Abigail Sood era una mujer empoderada que no se dejaba definir por el interés romántico o las convenciones socioculturales…

—No conozco a esa tal Abigail.

—Pues deberías, a veces es una persona maravillosa.

—¿Solo a veces?

—Otras es peor que un abuelo con periodontitis aguda y aversión a la pasta de dientes.

Abi se incorporó con un gesto de repulsión.

—Gracias por la comparación —inconscientemente se pasó la lengua por las encías.

—¡De nada! Entonces, ¿vas a esconderte de mamá de nuevo? Sabes que no voy a poder retenerla durante mucho tiempo. Te llamará tarde o temprano y exigirá que vengas a verla.

—Por eso voy a irme de vacaciones.

—¿Abigail de vacaciones? —Le pasó la mano por la frente para comprobar temperatura—   Llevas dos años sin tomar un solo día de descanso.

—Más a mi favor.

—¿Qué está pasando? Primero quieres sacar todo esto de aquí en un solo día y después decides que necesitas vacaciones de repente.

—Te dije que había encontrado un apartamento. Necesito unas semanas de almacenaje mientras se queda libre, eso es todo.

—¡Llevas aquí seis meses, Abi! Ni siquiera has llevado las cajas que no sirven al garaje.

—No te preocupes. Terminaré de cargar todo esto en la furgoneta hoy.

—No entiendo la prisa.

—Mamá llegará mañana y preferiría disponer de más tiempo para mí. Además, nunca he hecho turismo rural, Candace odiaba el campo y los viajes en coche.

—¿Vas de vacaciones a un pueblo? —Lavindeep la miraba con incredulidad mientras Abi se ponía en pie y agarraba una de las cajas.

—¡Vamos, Lavin! Échame una mano con esto —se apresuró a pedir.

—¿A dónde vas a ir? —preguntó su hermana esquivando la barandilla de la escalera.

—Al norte. Estaré por el condado de Lester.

—¿Tienes ya alojamiento?

—Ya encontraré algo cuando llegue —abrió la puerta principal y dejó que su hermana pasase—. Seguro que hay algún motel en la zona.

—Abi, ¿¡no has planeado nada!?