Capítulo 4.
Un repentino tumulto se arremolinó en el centro de la sala, el sonido de vítores y aplausos llamó la atención de Abi.
Se deshizo de los auriculares e intentó divisar la causa de tanto revuelo.
Un pasillo de agentes dejó pasar al Detective Park entre abrazos y manos estrechadas.
Daniel caminó sonriente hasta ella y se paró frente a su mesa con los brazos abiertos.
—¡Lo tenemos, Abi! ¡Por fin lo tenemos!
Abi se puso en pie y se dejó achuchar un tanto confundida. Se separó para buscar una aclaración.
—¿Lederman? —preguntó con precaución— ¿Es el responsable de la red?
Daniel sonrió.
—El mismo. La Montada está yendo a su domicilio para detenerlo —miró su reloj—.
Deben estar leyéndole sus derechos. Tenemos declaración de testigos, facturas a su empresa, un vehículo particular y una reunión con Bravansky fotografiada.
Lo tenemos. No podía decirte nada hasta que fuese efectivo —se aseguró de que nadie los pudiera oír—.
Si no hubieses descifrado la localización de los contenedores codificada entre sus transacciones no habríamos podido atarlo al caso y esas mujeres estarían hoy de camino a un destino muy cruel. Todo gracias a ti, Abi.
—Tengo muy buena memoria y leo buena cantidad de datos cada día. Alguien más se habría dado cuenta de que esas tres palabras indicaban algo más que términos aleatorios —desestimó encogiendo los hombros.
—¡No hagas eso! Acepta el cumplido. Prométeme que pensarás de verdad en unirte al cuerpo. Serías una detective excelente y esto es una prueba más de ello.
—Daniel… Ya sabes que no tengo la misma visión. Mi futuro está en trabajar con las víctimas, no con sus verdugos.
El detective se cruzó de brazos frente a ella con gesto serio.
—¿Qué mejor que llevarlos hasta la justicia?
No solo ayudarías a las víctimas pasadas, sino a las futuras —Abi frunció el ceño—.
Está bien, tenía que intentarlo. Yo probablemente reciba una medalla por lo de hoy y tú…
el café que repartirá el subdirector como recompensa por su aparición en toda la prensa nacional y posiblemente internacional.
—Me parece genial, te mereces esa medalla —comentó Abi poniéndole bien la corbata—. Y ya que mencionas mis habilidades detectivescas… Hay un posible caso de desaparición que creo que despertará tu interés.
—¿Posible? ¿En qué andas metida?
—¡Nada, lo prometo! Una chica se presentó esta mañana preocupada por su novia. Lleva varios días sin saber de ella.
—¿Adolescentes? —Abi asintió— Podría ser cualquier cosa, un intento de llamar la atención, una discusión con sus padres…
—El hermano de Erin está en la cárcel desde hace mes y medio.
Es su único pariente. Los vecinos no la ven desde el jueves.
Ni a ella, ni al deportivo que conducía su hermano y estaba aparcado en su garaje.
En el instituto tampoco saben nada de ella, no ha aparecido por clase y su teléfono está desconectado.
—¿Qué edad tiene? ¿Por qué no está en manos de asuntos sociales?
—Lo intentaron. Aparentemente no dieron con ella para llevarla a un centro de acogida.
—Ahí lo tienes. Está huyendo del sistema. Aparecerá en unos días cuando algún agente le ponga una multa de tráfico.
—Daniel, siguió yendo al instituto todo ese tiempo. El trabajador social asignado a su caso desistió al segundo intento de llamar a su puerta. Lleva desde el viernes desaparecida. Ni una llamada ni publicación en redes sociales.
—¿Cómo sabes tanto de su vida así de golpe? ¿A quién has enredado?
—Novak tenía ronda por su barrio, simplemente hizo un par de preguntas…
—Abi… —Abi mantuvo su mirada y cruzó sus brazos, imitando su postura.
El detective suspiró— Entiendo por qué te interesa este caso, pero no puedes mangonear a mis agentes como se te antoje por una corazonada.
Para empezar, porque eres una civil y, segundo, no todos los adolescentes queer necesitan intervención policial.
—No es solo eso, Daniel. Aunque me duele que tú particularmente digas eso. Seguro que Bill me daría la razón.
—No seas injusta, Abi.
—¡No! ¡No lo seas tú! Ni siquiera me has dejado contarte el detalle más importante. Y estoy segura de que vas a querer oír toda la historia después de eso.
—Está bien —se dio por vencido momentáneamente—. Dispara.
—La chica desaparecida tenía como destino Beaumont.
En concreto, a la cabaña de una tal Maddie.
He investigado sus publicaciones. Desde hace unos meses, comenzó a enseñar regalos caros de su nueva amiga.
Mira esto —tomó unas hojas impresas de su escritorio—.
Esta gorra clásica de baloncesto que lleva en todas sus fotos cuesta casi cincuenta dólares, esta chaqueta exclusiva, al menos seiscientos y la sudadera que ves aquí…
—Lo pillo, Abi. O tu desaparecida comenzó a disponer de dinero rápidamente o no podía permitirse ese tipo de compras.
—Es más grave. Erin y esta donante misteriosa nunca se han conocido en persona. Su novia solo conoce el usuario de TikTok por el que la menciona. De repente, la semana pasada la invitó a pasar el fin de semana con ella para desvirtualizarse y Erin desaparece en cuanto llega al pueblo.
—Esa Maddie tiene todos los indicios de ser un usuario falso, no lo discuto. Pero ¿por qué tendría que interesarme? Para eso está la Brigada de…
—Beaumont_champ —cortó Abi— era el nick de uno de los usuarios sospechosos que Burke Donovan investigó para el caso Masterchef. En sus mensajes del foro con…
—Lederman —interrumpió Daniel con asombro.
Abi asintió.
—Hacían mención a una cabaña de caza en el interior donde nadie oía los gritos de sus presas. No creo en las casualidades, Daniel. Hoy hay pruebas que lo relacionan con la trata de blancas, ¿y si Donovan tenía razón?
—Abi, Donovan perdió su carrera por el mayor ridículo de este departamento.
Ese foro no era más que las fantasías de unos psicópatas pervertidos.
Por más asco que den, no existe una red que trafica con carne humana.
Lederman y sus abogados se rieron públicamente del subdirector.
Que haga bromas de mal gusto en un foro de internet no lo convierte en…
—Es el presidente de la mayor empresa cárnica del país, supuestamente involucrado en todo tipo de negocios turbios con la mafia. ¿No crees que es una fina línea fácil de cruzar para él?
—Abi —el detective subió el tono de voz—, ya lo tenemos por tráfico ilegal de personas. No voy a investigar la desaparición de una cría y poner en peligro el operativo de hoy. Lederman pertenece entre rejas, pero no por comer o proporcionar carne humana.
—¿Y la forma de captar a las mujeres? Podría ser similar. Quizá hay otras que no habéis encontrado porque también han ido con destino al interior, no al puerto…
—Abigail Sood, escúchame bien, el modus operandi no coincide. Lo único que tienen en común son la edad y las circunstancias desfavorecidas de sus familias. Quizá tu desaparecida ha tenido un accidente en una carretera rural o ha caído en algún tipo de secta. Hay millones de posibilidades.
—Si compruebas las cámaras de tráfico, estoy convencida de que veremos el coche de su hermano dirigiéndose al norte.
O… —la idea llegó como una revelación— si pides la ubicación GPS de su señal de teléfono podríamos encontrarla.
El último mensaje que envió a su novia fue desde Beaumont.
Si intentó llamarla en algún momento dejaría marcada su posición entre las antenas de repetición.
Una adolescente no se separa de su móvil.
Daniel, no tiene a nadie que vaya a buscarla…
—Abi…
Daniel la observó en silencio unos segundos, sopesando su decisión. Bajó la mirada y encontró el sobre dirigido a Abi sobre la mesa, reconoció el logo del bufete de abogados en el margen inferior.
—¿Y esto? —preguntó levantando el sobre.
—Candace —su respuesta fue escueta y su ánimo cayó en ese instante al pronunciar la última sílaba con un atisbo de voz.
Daniel leyó el primer párrafo de los documentos y depositó el sobre suavemente en el escritorio. Abi mantenía la mirada esquiva.
—Cariño mío, lo siento mucho por cómo te afecta.
Pero, ¿qué esperabas? Te dijo que quería espacio y que conocieseis a otra gente.
Te echó de su casa sin mucho tacto. Te sugirió que guardases tu alianza en un cajón.
Tarde o temprano ibas a recibir una notificación así.
Aunque esperaba que tuviese un mínimo de valentía y decírtelo a la cara.
¿Por qué te ha mandado los papeles a comisaría y no a casa de tu hermana?
Abi lo miró aguantando el semblante, tragando para deshacer el nudo de su garganta y responder.
—Según su nota era su forma de darme tiempo antes de hacerlo oficial. Debo interpretarlo como un gesto de misericordia.
—Esa zorra… Perdona, Abi, alguien tiene que decirlo en voz alta por ti.
—Sé que todos pensáis eso y, a pesar de todo, mis sentimientos siguen ahí. No puedo desactivarlos con un botón. Tenía un atisbo de esperanza. Llámame ilusa, pero creí en sus palabras.
Su amigo suspiró, agitando la cabeza.
—Quizá es lo mejor. Es más, lo creo. Comenzar desde cero te vendrá bien y ahora podré presentarte oficialmente a la hermana de Bill. Viene dentro de dos semanas y precisamente es de B…
—Déjalo, Daniel —cortó Abi—. No tengo el más mínimo interés en conocer a nadie. Ya lo he intentado, ni rollos de una noche ni relaciones monógamas con camión de la mudanza incluido. Solo serviría para postergar una inevitable ruptura. Estoy mejor sola.
—Hablas como si fueras a meterte a monja.
—No creas que no se me ha pasado por la cabeza. Tengo entendido que no todas son verdaderamente católicas. La devoción se puede fingir con facilidad, ¿no es así?
Daniel se rio.
—Tarde o temprano me vas a dejar que te la presente. Yo sí que tengo una corazonada.
—Estoy muy cansada, Daniel. Prefiero centrarme en algo útil, como salvar a esta chica. Eso sí merece mi energía.
—Abi, es muy loable por tu parte, de verdad. Pero no creo que debas entrometerte en…
—¡Daniel! Ya ha pasado el umbral de las veinticuatro horas, podría haberle sucedido cualquier cosa.
—Tú misma lo has dicho, ni un rastro en las últimas —consultó su reloj— setenta y dos horas. Si le ha pasado algo, me temo que ya no tiene vuelta atrás, Abi. En esta profesión debes valorar qué causa merece la pena. No podemos pelear todas las batallas.
—Tú profesión, Daniel. No la mía. Yo aún mantengo la esperanza. ¿Podrías perder un poco de ese cinismo y confiar en la intuición de tu amiga del alma? —suplicó agarrándole las solapas de la chaqueta.
—Abi…
—Por favor… ¿Recuerdas la promesa que me hiciste cuando me recogiste en la puerta de Candace aquel día? —Daniel echó la cabeza atrás en un suspiro— Exacto. Me prometiste que me ayudarías a olvidarla.
—¡No me refería a iniciar una investigación extraoficial!
—No especificaste. Esto es lo que necesito. Encontremos a Erin. Si está escondida en un motel en medio de la nada sana y salva, prometo no pedirte nunca nada más.
—¿Por qué tanta preocupación por una chica que no conoces? ¿De verdad merece la pena?
—¿Ves, Daniel? Esa es la diferencia entre tú y yo y por qué no valgo para ser policía. Yo no podría ignorar una llamada de auxilio, aunque sea tan leve como una gota sobre el agua. Tú, en cambio, esperas a que la ola choque contra la roca para actuar.
—Odio cuando hablas así.
—Odias cuando tengo razón.
El detective gruñó, valorando su decisión. Abi apremió su respuesta mostrándole las fotos de la joven pareja. Daniel observó las imágenes por unos segundos cuando el móvil en su bolsillo vibró. Al comprobar el número entrante vaciló.
—Está bien, Abi. Veré qué puedo hacer para conseguir los datos del móvil. Mándame toda la información que tengas. ¡Y no te metas en líos! —dijo alejándose para tomar la llamada.
Abi reprimió su entusiasmo al ver el gesto grave de su amigo, de pie en medio de la sala y con aspecto de querer lanzar el teléfono hasta la pared más alejada.
—Aquí el detective Daniel Park… Aham… ¿Quién le ha dado este número?... Sin comentarios… Debería consultar fuentes oficiales… No puedo hablar sobre una investigación en cauce… De nuevo, le repito que no hay comentarios… Tendrá que esperar a la rueda de prensa como todos.
Colgó con un enfado notable.
—¿Qué pasa? ¿Quién te estaba llamando? —preguntó Abi preocupada acercándose a él.
El detective se mordió el puño de la rabia.
—¡Hijo de puta! Ha contactado con los medios antes de que llegásemos para denunciar una caza de brujas en su contra.
Nos acusa de abuso policial y de plantar pruebas falsas para incriminarlo.
Ha reunido a toda la prensa sensacionalista en su casa para dar su versión y grabar su arresto.
El muy malnacido está intentando desestimar las imágenes con Bravansky y poner en duda el operativo. Alguien debe haberle dado un so…
El móvil volvió a vibrar y esta vez, Daniel no tardó en responder.
—Sí, Subdirector, acabo de oírlo —se despidió de Abi con una mano y se alejó con prisa.
Abi miró a su alrededor, el revuelo anterior se había vuelto exponencialmente más frenético y caótico.
Los agentes uniformados deambulaban de un lado a otro, sorteando detectives y agentes de paisano.
La tensión en el ambiente era creciente.
Abi observó la tira de fotografías de las jóvenes una vez más, sonrientes y despreocupadas, inocentes y enamoradas.
Tomó la decisión instintivamente. Se sentó frente al ordenador y envió la solicitud de vacaciones. A fin de cuentas, Recursos Humanos le había insistido varias veces en que no le permitirían acumular más y los perdería si no hacía uso de ellos.
Con una inesperada confianza en sí misma, esa tarde abandonó la comisaría con una misión.