La cacería de las bestias salvajes Capítulo 2.
4%

Capítulo 2.

El caos en la comisaría se percibía dos manzanas antes.

Las sirenas de los equipos de emergencia retumbaban en los edificios de la avenida y las luces causaban reflejos multicolor en los escaparates de los comercios.

Coches patrulla se amontonaban en la puerta mal aparcados o en doble fila, agentes uniformados entraban y salían atropelladamente y furgonetas de servicios informativos frenaban de improviso ante el revuelo de personas que invadían la calzada repentinamente.

Abi cruzó el umbral de la puerta abriéndose paso con los codos para proteger los cafés entre la multitud agolpada en el hall principal hasta pasar el mostrador de recepción con la mano en alto mostrando su identificación.

—¡Sood, deberías haber usado la entrada del personal! ¡No damos abasto! —Avisó una de las agentes atendiendo detrás del mostrador, quien tomó varias carpetas y la acompañó al interior.

Abi le pasó un café y destapó el suyo para beber.

—¿Qué me he perdido? —preguntó observando el ajetreo en todas las mesas de la sala.

—Esta madrugada hubo una redada en Portlands y el operativo había calculado mal el número de mujeres secuestradas. Nos hemos encontrado cuarenta y tres. Han enviado agentes de otros distritos para ayudar con la identificación y procesar a cada víctima.

—¡Qué horror! Y Daniel, ¿sigue allí?

—Park está reunido con el jefe y el equipo de la Montada. Aún no han anunciado a qué hora será la rueda de prensa.

—He visto cómo empezaban a grabar en la puerta.

—No me extraña, es el caso del año. Park va a conseguir un ascenso muy pronto, te lo aseguro.

Y algo me dice que tú has tenido algo que ver…

—Esquivó por los pelos a un agente que apareció de la nada y casi derriba su café— Son horribles, solo están pendientes de acabar con las existencias de mini donuts que ha traído el subdirector —dijo señalando con la cabeza hacia su ofensor.

Llegaron hasta una mesa y la agente depositó las carpetas sobre la pila de documentos que ya cubrían la superficie.

—¿Qué tienes para mí? —preguntó Abi, colocando su chaqueta en el respaldo de la silla.

—Lo acumulado de esta noche. Ha sido algo movidita. Varios 10-55 y un 10-37. Pero lo peor del papeleo vendrá por culpa de tu amiguito Daniel. En breve comenzarán a traerte los informes del operativo. Le he sugerido a Barnes que lo coordine él para darte tiempo a pasar esto antes.

—Gracias, Charlene. El día que me espera pinta genial…

La agente se quedó callada un instante, dándole un tiempo de pausa mientras se sentaba.

—¿Qué tal fue anoche?

Abi dejó de recolocar carpetas y la miró con incertidumbre. Charlene movió las cejas de forma sugerente y Abi se tapó la cara con la mano.

—Estupendamente —respondió desde su escondite.

—¿Estás segura de eso?

—Fue estupendo, sí —retiró la mano y se recostó en la silla—.

Estupendo porque no voy a volver a verla.

Me siento… Los rollos así no son lo mío, Charlene.

Fui incapaz de mirarla a los ojos en toda la noche.

Hasta agradecí que mostrase mayor interés por la acción que la conversación.

Está decidido, no voy a quedar con nadie más.

Borraré mi perfil, la aplicación y me refugiaré en un convento de clausura.

—¡Amén, hermana! Eso sería la solución a todos nuestros problemas, ¿no? —Bromeó la agente.

—¡No me refería a eso! Quizá eso sería lo mejor. Expiación y recogimiento. Mi propia habitación, una rutina de trabajo y mujeres que no hablen. Es, de hecho, una idea excelente. Si no fuera por…

Charlene soltó una carcajada y Abi dejó de divagar.

—Date tiempo, Abi. Mejorará. No has hecho nada malo —Abi suspiró—.

Por ahí viene Evans —anunció la agente mirando hacia su izquierda—.

No dejes que te relíe para transcribir lo suyo.

El sub ha pedido que hoy nos dediquemos exclusivamente a lo prioritario, lo que significa el O-P-E-R-A-T-I-V-O —deletreó mientras se alejaba.

Abi la despidió con una mano y se giró en su silla para recibir al agente.

—¡Ey, Sood! —Exclamó el veinteañero con una sonrisa de oreja a oreja.

—Lo siento, Evans. Hoy no —el agente exageró su decepción—. ¿No estás con el operativo?

—¡Qué va! Novak y yo estamos con lo de siempre. Tengo un par de 10-22, nada que señalar. Oh, un 10-23 muy cómico, ese te va a gustar y lo típico de siempre. Alguien tiene que encargarse…

—... De mantener la recaudación del departamento —terminó ella por el agente—. Lo siento, órdenes de arriba.

—No pasa nada —dijo él agitando su libreta—. Volveré mañana.

—No creo que haya terminado con todo esto ma…

—Volveré mañana —interrumpió Evans para marcharse por el mismo lugar que llegó.

Abi se centró frente al ordenador. El café tibio abandonado desde hacía rato.

Organizó los informes de la noche anterior y comenzó a teclear con determinación.

El maremágnum de la comisaría trasladó su epicentro a pocos metros de su mesa y convirtió el trasiego de personal en una distracción peligrosa.

Abi echó mano a su bolso a por los auriculares cuando percibió a una adolescente paseando temerosa por la sala principal, intentando llamar la atención de los agentes que pasaban por su lado sin mayor dedicación que un codazo al chocar con ella.

De repente miró hacia Abi y su rostro se iluminó.

No tardó en llegar hasta su mesa, sin embargo, una vez allí permaneció en silencio.

—¿Estás bien? ¿Buscas a alguien? ¿Necesitas que llame a algún agente?

—preguntó Abi al ponerse en pie y acercarse a ella.

La chica movió la cabeza en varias direcciones, confusa.

Observando con recelo a los policías que atravesaban la sala escoltando a alguien esposado— ¿Necesitas ayuda? —Insistió Abi.

—No. Sí. Es… —Se giró con miedo hacia los agentes a pocos metros de ella.

Abi siguió su mirada, estaban oficializando el arresto de un joven de color y comprendió su reticencia. Le ofreció su silla para apartarla de la línea de visión del pasillo.

—Voy a llamar, a una agente de confianza, ¿de acuerdo?

—Levantó el teléfono sobre su escritorio— Ella hablará contigo en un lugar con más privacidad —la chica se negó con nerviosismo.

Abi la miró con más detenimiento, sospechaba que los rizos que tapaban parte de su cara ocultaban algo más que su mejilla—.

Aquí estás segura, te lo prometo. Podemos ayudarte.

—No es por mí. Yo estoy bien. Por favor, es mi amiga Erin. Ha desaparecido.

—¿Qué te hace pensar que Erin ha desaparecido…?

—Leslie. Me llamo Leslie. Hace dos días que no responde a mis mensajes. Su móvil está desconectado y no ha publicado nada. Sé que algo malo le ha pasado. Por favor, ¡tienen que encontrarla!

—¿Es posible que se le haya perdido o haya cambiado de número sin avisarte? —Abi preguntó mientras intentaba llamar la atención de uno de los agentes desocupados disimuladamente.

—¡No! Nunca haría algo así. Iba a… Me prometió que me enviaría el billete del bus en cuanto llegase a Beaumont. Íbamos a reunirnos allí. Y han pasado tres días… desde que… sin saber nada de ella. Nunca ha estado más de un par de horas sin hablarme. Por favor…

Beaumont. El nombre le resultó familiar a Abi. Desechó la idea de pedir ayuda a un agente a favor de recabar más información.

—Leslie, ¿es posible que no te dijese la verdad y utilizase Beaumont como excusa?

—¡No! —exclamó ofendida— Dejó de escribirme cuando llegó al pueblo.

—Está bien. ¿De qué os conocéis? ¿Sois compañeras de instituto?

—Leslie quedó en silencio, dudando de su respuesta— ¿Vecinas?

Debe ser alguien muy importante para ti si has venido a denunciar su desaparición.

Lo habitual es que sea un familiar… —La chica abrió su chaqueta y sacó una tira de fotomatón.

Las imágenes, cortadas de una serie, mostraban a Leslie con otra adolescente de origen caucásico, felices y abrazadas en una, besándose en la siguiente.

Abi las observó con ternura— Son unas fotos muy bonitas, Leslie.

Gracias por enseñármelas. ¿Qué es lo último que te dijo Erin?

—Estaba en… Había llegado hasta las afueras de Beaumont, pero no había conseguido dar con Maddie.

—¿Quién es Maddie?

—Es… No lo sé. Su mejor amiga. Se conocieron en TikTok, se escriben solo por redes.

Le manda un montón de ropa de marca y regalos.

Hace dos semanas la invitó a su cabaña a pasar el finde.

Erin iba a ir y pedirle… convencerla de que nos deje la cabaña un tiempo mientras…

—Leslie se detuvo antes de desvelar más.

—Huíais de casa, ¿no es así? —La chica asintió despacio— Leslie, ¿vuestra familia conoce vuestra relación?

—Mis padres no. Solo su hermano. Erin. Ellos no tienen padres.

—Y ¿él estaba al tanto de vuestros planes?

—No. Él… no está.

—¿No está?

—Está en la cárcel.

La situación de esa chica empeoraba por momentos. Abi repasó mentalmente los datos que iba a necesitar para presentarle el caso a algún agente.

—¿Cuándo fue la última vez que viste a Erin, Leslie?

—El jueves por la tarde, después de clase.

—¿Qué te dijo exactamente?

—Iba a encontrarse con Maddie y pedirle que nos dejara quedarnos una temporada. Tenía… Llevaba nuestras cosas en el coche. Yo solo tenía que esperar a recibir el billete de autobús. Por email.

Un nuevo revuelo en el pasillo desvió la atención de Abi. La gente se agolpaba en la recepción, algunos con cámaras y otros con las manos en alto protestando por la espera.

—¿Erin se fue sola en coche? —preguntó tomando un bloc de notas.

—No. Va con Nick, su perro.

—Leslie, ¿puedes decirme el nombre completo de Erin y su hermano?

—Wozniak. Erin y Reuben Wozniak.

—Muy bien. También voy a necesitar tu nombre completo y vuestras direcciones.

Abi anotaba los nombres cuando una sombra se manifestó delante de ella. Alzó la mirada y observó al mensajero con curiosidad.

—¿Abigail Sood?

—Sí, soy yo. ¿Qué es lo que…?

—Esto es para usted —el mensajero le presentó un sobre de gran tamaño, dejándolo caer ásperamente en su escritorio.

Antes de inspeccionar el sobre, a Abi le surgieron mil dudas ante la excepcionalidad de la entrega y, al volverse, comprobó que el hombre ya se escabullía entre la marabunta de la entrada.

Se giró hacia Leslie para continuar con sus notas.

No obstante, su silla estaba vacía. La buscó entre la multitud en vano.

La escasa información que le había proporcionado era poco fiable y, sin testigo ni la rúbrica de un agente, la denuncia por desaparición era inviable.

El alerta ámbar ya había dejado de ser una opción para dar a tiempo con esa chica.

Dejó el bloc a un lado y abrió el misterioso sobre con intriga, nunca había recibido documentación extraoficial en el trabajo.

Una carta manuscrita en una pequeña hoja encabezaba un abultado volumen de folios, el primero de los cuales rezaba, en letra clara y precisa, “SOLICITUD DE DIVORCIO”.

Abi contuvo la respiración y reprimió el sollozo que amenazaba con escaparse.

Se secó rápido la lágrima del rabillo del ojo a tiempo de fingir una sonrisa para un agente que la saludaba a su paso.

Desvió la mirada para recomponerse y reparó en las fotografías de la joven pareja sobre la silla, sus ojos llenos de vida, observándola rebosantes de felicidad.

Inconscientemente, toqueteó con los dedos el lugar en el que su alianza solía estar, como anillo fantasma marcado bajo la piel.

—¡Novak! —Gritó. El policía se dio la vuelta para escucharla y Abi guardó rápidamente el contenido del sobre— Sé que vais atrasados con el papeleo de esta semana. Os doy prioridad a cambio de un pequeño favor.

—¿Qué tienes? —Se acercó con interés.

Abi rasgó la hoja de su bloc y se la pasó.

—Dos hermanos en situaciones un poco complicadas. Necesito información de sus paraderos —informó al agente.

—¿Están fichados?

—El hermano mayor sí.

—¿Han hecho algo? —preguntó estudiando los nombres.

—No lo sé. Es posible.

—El subdirector insiste en que los civiles no pueden mediar en una investigación, Abi…

—Leería lo que encontraseis a la hora de transcribir el informe de todas formas, Novak. Os estoy facilitando el trabajo antes de que pase algo grave. Sigue siendo servicio a la comunidad.

El policía vaciló unos segundos.

—Está bien. Solo por ti, Abi. Tengo también un taco de multas que necesito enviar antes de ma…

—¡Trato hecho! —Aseguró Abi. El agente, satisfecho con el resultado, se disponía a marcharse—Una cosa más, Novak. Ni una palabra a Daniel de momento.

—¡Mis labios están sellados! —exclamó al alejarse.