La cacería de Halloween 47 #3
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47 #3

Le ofrezco las manos. Tengo el dorso aún en carne viva de sus pulgares contra el grifo. Me besa cada una, despacio. Sus labios se posan suaves y tengo que parpadear con fuerza.

—Hay una que no puedes ver desde ahí —digo.

Me giro hacia los azulejos y llevo la mano atrás para tocarme la columna, arriba, entre los hombros.

Se incorpora detrás de mí. Cuando besa ese punto, se me afloja la tensión de la espalda.

Su boca baja por la columna, beso a beso, mientras vuelve a arrodillarse.

Al llegar al hueco sobre el culo, empujo las caderas hacia atrás, hacia él.

Me recorre las caderas con las manos y las deja ahí mientras la boca sigue bajando.

Separo más los pies dentro de la bañera.

Empieza detrás de la rodilla izquierda y sube a besos por la cara interna del muslo.

La barba de días me rasca la piel tierna y me retuerzo.

Con la derecha va más despacio. Cuando llega arriba, se le queda la boca suspendida a un dedo de mi coño.

Apoyo las palmas en los azulejos y me muerdo el labio.

Bajo la mirada hacia él por encima del hombro.

—Esa es la lista.

—Ahora me toca lo que yo quiero —dice.

Se levanta y cierra el agua. Dejamos huellas mojadas hasta mi habitación. Tengo los muslos resbaladizos y se me rozan al andar. La luz de la mañana entra por la cortina.

Al llegar a la cama, me gira de cara a ella.

—El culo en pompa para mí.

La orden me golpea muy abajo. Gateo hasta la cama, apoyo la mejilla en el colchón y levanto el culo para él.

Se sube detrás de mí. El aire fresco me da en la piel mojada y su aliento lo sigue.

Me abre con los pulgares y me pasa la lengua por todo el sexo hasta el clítoris. Tomo aire de golpe. Me lame otra vez.

Su lengua vuelve al clítoris y lo rodea.

Me mete el pulgar y entra fácil. Así de mojada estoy.

Con la otra mano me agarra el culo y me mantiene abierta para su boca.

Cuando me mezo hacia atrás, me tira de las caderas para hundirme más en su cara.

Mis dedos se enredan en la sábana. Abierta así para él, soy suya, y me encanta.

—Joder —gimoteo.

El pulgar me entra y me sale. Gimo con cada vaivén.

Su lengua sigue en el clítoris, constante, sin darme un segundo de tregua.

La presión crece bajo su lengua hasta que me zumba todo el cuerpo.

Los muslos empiezan a temblarme y jadeo contra la sábana.

Cuando estoy a punto, su lengua aletea más rápido.

Me corro con la boca abierta contra el colchón, sacudiéndome contra su cara. El coño me palpita con fuerza alrededor de su pulgar. El placer me baja por las piernas hasta que lo único que existe es su boca.

Cuando pasa, me vuelve boca arriba y se arrodilla entre mis muslos. La polla se le levanta gruesa y dura contra el vientre. El coño se me contrae, vacío y hambriento. Me incorporo para tocarle las costras de la mejilla y él me besa la palma. Se me cierra la garganta.

—Te quiero —susurro.

Le sale la voz ronca.

—¿Después de esta noche?

—Sobre todo después de esta noche.

Me besa con fuerza.

—Amo cada puta parte oscura de ti —dice.

Me tumbo y le atraigo la boca a la mía. Se coloca en posición. Estoy hinchada por su boca y tiene que abrirse paso dentro de mí. Le clavo las uñas en la espalda mientras me abro a su alrededor. El escozor se derrite en una plenitud densa y honda, y suspiro contra sus labios.

Se mece dentro de mí sin prisa. Todavía tiene el pecho húmedo y se le desliza sobre mis pechos mientras se mueve. Me engancha la rodilla en el codo y me la empuja hacia el hombro. En ese ángulo llega más hondo con cada embestida y se me ponen los ojos en blanco.

—Joder, qué gusto —jadeo.

—Tócate —dice.

Bajo la mano entre los dos. Tengo el clítoris mojado bajo los dedos y el primer círculo me tensa el vientre. Wade marca un ritmo lento y profundo.

—Sígueme el ritmo —dice.

Dibujo círculos en el clítoris al compás de sus embestidas mientras él me mira los dedos.

Con su polla y mis dedos a la vez, el placer sube rápido.

Empuja más fuerte y mis dedos aceleran para seguirle el ritmo.

Con la mano libre le aprieto el antebrazo magullado.

Sisea entre los dientes y la siguiente embestida me llega hasta el fondo.

—Aprieta —dice—. Que duela.

Le aprieto el moratón. Hacerle daño porque me lo ha pedido me vuelve salvaje.

Cada embestida le estrella las caderas contra mis nudillos.

El calor se extiende desde debajo de mis dedos por todo el vientre y la piel se me enciende desde los pechos hasta la cara.

Mis piernas se cierran con fuerza a su alrededor.

—Joder. Me corro.

—Córrete para mí —dice.

Me corro con los ojos clavados en él. Me arrasa, y dejo que lo vea todo. El coño lo aprieta fuerte y grito.

Mantiene el ritmo mientras me corro. Cuando se apaga lo último, me suelta la rodilla. Me folla duro y rápido. Se le tensa la espalda bajo mis palmas y cada embestida golpea más fuerte que la anterior. Estoy deshecha y aún quiero más de él.

La respiración se le vuelve áspera. Deja caer la cabeza junto a la mía.

—Joder —gruñe entre dientes.

Se corre con los dientes clavados en mi hombro y las caderas apretadas contra las mías. El mordisco escuece y espero que deje marca. Lo siento derramarse dentro de mí. Mantengo las piernas enroscadas a su alrededor hasta que termina.

Se deja caer sobre mí, pesado y caliente, respirando con fuerza contra mi cuello.

Le rodeo la espalda con los dos brazos. Sus costillas suben y bajan deprisa contra las mías.

Sigo inmovilizada bajo su peso hasta que el ritmo se calma.

Cuando levanta la cabeza, sale de mí despacio y se tumba de lado, de cara a mí.

—Tú también tienes una lista —le digo.

Me apoyo en el codo. Le beso los arañazos que le bajan por la mejilla.

Encuentro el chichón que tiene encima de la oreja y le poso los labios con suavidad.

Él deja escapar el aire. Le levanto el antebrazo y le beso el moratón que le cruza el hueso.

Cada una de esas marcas la recibió por mí.

Sigue con la mirada cada movimiento que hago.

Cuando le bajo el brazo, me coge la mano izquierda y me acaricia con el pulgar el anular desnudo.

—Cásate conmigo —dice.

Al principio no me sale la voz.

—¿Eso es una orden?

—Te lo estoy pidiendo.

—Sí —digo, antes de que pueda convertirlo otra vez en una orden.