Capítulo 33
P oco después de hablar conmigo, Mike abandonó el dormitorio. Cuando la puerta se cerró tras él, el corazón me latía con fuerza en el pecho. Hice lo que me habían dicho y no me fui. Sabía que no era el momento de tentar a la suerte.
Me quedé tumbada en la cama mirando el techo, intentando encontrarle sentido a todo lo que acababa de ocurrir. La mente me daba vueltas con el horror de lo que había presenciado. Los ojos sin vida de Sarah, el miedo en el rostro de Vic; era demasiado para asimilarlo.
No podía evitar preguntarme qué estaría haciendo Mike ahí fuera.
¿Estaba eliminando las pruebas de los asesinatos?
¿Deshaciendo el rastro de los cuerpos? ¿Se estaba asegurando de que no quedara ni rastro de lo que había pasado?
El sonido de algo pesado arrastrándose por el suelo me revolvió el estómago.
Intenté apartar esos pensamientos de mi cabeza, pero me superaban.
¿Qué haría con ellos? ¿Con los cuerpos? Me tapé los oídos y cerré los ojos, deseando que aquel día de pesadilla nunca hubiera ocurrido.
Mientras los minutos pasaban, el silencio en la habitación era ensordecedor. Pensé en todo lo que Mike me había contado. Fue su padre quien le enseñó a ser así. No podía dejar de pensar en todas las mujeres que habían encontrado la muerte en aquella cabaña.
Una familia de asesinos en serie, y yo había heredado la cabaña donde habían cometido todos sus horrendos crímenes. Las vacaciones que había pasado con Mike y Junior allí quedaron sepultadas bajo imágenes de mujeres muertas, y ahora de Vic y Sarah.
Mike dijo que lo había dejado, pero ¿y Rick?
¿A cuántas mujeres más había matado Rick después de que heredáramos la cabaña familiar?
¿Cuántas veces había realizado Rick las labores de limpieza?
¿Cuánto tiempo después de que Rick terminara las labores de limpieza llevaba yo a mi familia a la cabaña para unas vacaciones agradables? Me estremecí solo de pensarlo.
Rick no había regresado de sus labores de limpieza en casa de Harold Vaughn. Pensé en el anciano. Ojalá nunca hubiera llamado a su puerta. De no haberlo hecho, seguiría con vida. Yo le había metido en este lío, y tendría que vivir el resto de mi vida, por muy corta que pudiera ser ya, sabiéndolo.
Mike había confirmado que Amber estaba condenada a morir también. Había muchas posibilidades de que yo acabara corriendo una suerte parecida.
Al poco oí a Rick. Nunca fue de los que hacen las cosas en silencio. Oí a Mike hablar en voz baja, sin poder distinguir sus palabras. Rick respondió a gritos.
Sabía de qué estaban hablando.
Se suponía que yo debía estar en el sótano junto a Amber.
Ahora me habían ascendido al dormitorio, encerrada dentro.
Seguía atrapada, y no podía hacer nada más que esperar.
Convivir con mis pensamientos sobre lo que había hecho mi marido, lo que había hecho Rick, lo que había hecho su padre.
Pensar en cuántas mujeres jóvenes habían sido asesinadas en aquella cabaña. Pensar en Vic, en Sarah y en Harold.
Cerré los ojos e intenté dormir. Los pensamientos sobre Amber lo dificultaban, al igual que lo que Rick le estaba diciendo a Mike al otro lado de la puerta del dormitorio. Era evidente que Rick no estaba contento con el plan de Mike.
No podía llevarle la contraria. Al fin y al cabo, era una idea estúpida.
¿Que Junior vendría a vivir en la cabaña con Mike y conmigo? ¿Dónde habían sido asesinadas tantas mujeres? ¿Cuánto tiempo podría funcionar eso? ¿Qué clase de vida sería esa? Mike nunca me dejaría volver al mundo de fuera.
Lo había dejado bien claro. No podía confiar en mí. ¿Cómo iba a hacerlo? Sabía que a la primera oportunidad que tuviera intentaría escapar, buscar ayuda no solo para mí sino también para Junior. Nunca me dejaría marchar. Nunca dejaría marchar a Junior.
Pasaríamos el resto de nuestras vidas atrapados en aquella cabaña.
Al cabo de un rato, unos golpes suaves en la puerta me hicieron incorporarme en el borde de la cama. Mike abrió la puerta con una toalla enrollada alrededor de la cintura. Se sentó en la cama, a mi lado.
—He hablado con Rick y está de acuerdo con el plan —dijo con calma—.
Todo va a salir bien… No tienes que preocuparte.
Rick me hará caso. Solo necesito que me prometas una cosa: no intentes escapar.
No hagas ninguna tontería… Rick no cree que esto pueda funcionar.
—Mike me cogió de la mano—. Pero yo sé que sí puede…
Todavía podemos ser una familia. —Se levantó y sacó ropa del armario.
—He estado pensando en tu plan —dije—. ¿Y Amber? Quizás… quizás podría quedarse con nosotros. No tenemos por qué…
Mike me interrumpió. —Ya hablaremos de eso más tarde. Ahora mismo solo necesitamos centrarnos en salir adelante y asegurarnos de que todo queda limpio.
Asentí, sintiendo que una ola de desesperanza me invadía.
Sabía que no había salida de aquella situación.
Estaba atrapada en una cabaña con asesinos en serie, y no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.
Lo único que podía hacer era esperar y confiar en que, de algún modo, las cosas acabarían saliendo bien. Solo necesitaba fe.
Me aparté de mi marido cuando él se metió entre las sábanas.
Me rodeó con los brazos. Algunos matrimonios que conocía dormían en habitaciones separadas.
Muchos preferían dormir cada uno en su lado de la cama.
Mike y yo, no. Incluso cuando él salía de casa por la noche y me dejaba sola, volvía, se metía en la cama y… me abrazaba.
—Te quiero —susurró, apoyando la cabeza en mi espalda.
Noté cómo se me formaba una lágrima en el ojo. Quería echarme a llorar a mares. En cambio, respiré hondo e intenté controlarme. Necesitaba fe para salir de aquello con vida. Fe, y buenas dotes de actuación.
—Yo también te quiero —susurré.