Capítulo 32
A mber miró a Mike.
—Tiene que quedarse —dijo él con firmeza.
Ella frunció los labios y me lanzó una mirada burlona antes de darse la vuelta y quedarse mirando la pared. Sabía exactamente lo que significaba ese gesto. Ya te lo dije, decía su cara.
—Vamos, Dawn —dijo Mike en tono tranquilo—. Salgamos de aquí. —Extendió la mano hacia mí, pero yo no la cogí. En cambio, salí de la habitación por mi cuenta. Mike cerró la puerta tras él y echó el cerrojo. —Vayamos a nuestro dormitorio.
Miré las escaleras que subían. —Tranquila —dijo—. Rick no está aquí. Está en casa de los vecinos. Solo estamos tú y yo.
Subí las escaleras con Mike detrás de mí, el rifle al hombro.
El piso de arriba seguía en desorden. La habitación manchada de sangre aún contenía los cuerpos de mis amigos.
Solté un suspiro y la ansiedad fue en aumento.
El corazón me latía más deprisa, a pesar de que intentaba controlar la respiración.
Mike bajó la cabeza. —No pretendía que nada de esto ocurriera —dijo—. Si quieres, puedes cerrar los ojos y yo te guío.
Lo ignoré y entré en la habitación por mi cuenta. Pasé por encima del cuerpo de Vic de nuevo y me dirigí hacia el dormitorio principal. Me senté en la cama, y Mike entró en la habitación cerrando la puerta tras él.
Ahora era él quien tomaba aire profundamente. —Ni siquiera sé por dónde empezar —dijo.
Solté una risa desesperada. —Solo quería que tuviéramos un fin de semana divertido. Quería que pasaras un buen cumpleaños. Quería que tuviéramos… un buen rato. —Cerré los ojos y pensé en Sarah y en Vic.
—Nada de esto es culpa tuya —dijo Mike—. Nada en absoluto.
—¿Vas a matarme?
—No. Claro que no.
—¿Y… Rick?
—Estoy trabajando en eso —asintió con la cabeza—. Todo va a salir bien.
Sabía que tenía que preguntarlo, aunque le tenía miedo a la respuesta. —¿Y qué hay de Amber? —dije con voz temblorosa—. ¿Qué pasa con ella?
La expresión de Mike era indescifrable, pero podía ver la frialdad en sus ojos. —No creo que haya ninguna salida para ella —dijo, con la voz desprovista de emoción—. Sé que es difícil de escuchar. Pero no te preocupes por Amber. Yo me preocupo por… nosotros.
Se me cayó el alma a los pies. Había esperado una respuesta diferente, algo que me diera un atisbo de esperanza. Pero las palabras de Mike eran una sentencia de muerte para Amber.
En el sótano, mi marido le dijo a Rick que había dejado de hacerles esto a otras personas. Tenía tantas preguntas, y me preocupaban las respuestas sinceras que Mike pudiera darme.
—¿Cuántas mujeres? —pregunté. No respondió. —¿Cuántas chicas? ¿Cuántas? ¿A cuántas mujeres has matado? ¿Cuánto tiempo lleva pasando esto?
Mike tomó aire profundamente y se sentó en la cama a mi lado. Mi instinto era alejarme más de él. Pero la mirada en sus ojos… Por un momento sentí que era el mismo hombre que conocía antes de venir a la cabaña ese fin de semana. El hombre que conocía antes de conocer a Amber.
—Mi padre —dijo—. No estoy seguro de cuántas mujeres ha matado.
Rick también. Yo no lo sabía cuando era un crío.
Creía que teníamos una familia feliz. No me daba cuenta, no lo sabía.
No lo entendía. No fue hasta que fui adulto cuando me di cuenta de cuánto odiaba mi padre a las mujeres.
Las odiaba . Hacía comentarios. Hacía chistes sobre ellas.
Las menospreciaba. Le hablaba a Rick y a mí de la importancia de los hombres por encima de las obligaciones de las mujeres.
Las mujeres… servían al hombre. Ese era su…
propósito. Yo era joven y estúpido. —Soltó un suspiro pesado—.
Y me lo creí todo. Todo. Vivíamos en su cabaña.
No conocía nada mejor. Miraba atrás a lo que hacía mi padre.
Era casi como si nos estuviera entrenando desde niños para ser como él.
Y con el tiempo, cuando fuimos mayores, nos enseñó cómo hacerlo.
Nos enseñó cómo asegurarse de que los hombres se mantuvieran en el poder. Cómo recordarles a ellas su valía.
Observé a mi marido con la boca abierta de par en par. Aunque hubiera tenido las mejores dotes de actriz del mundo, no habría podido ocultar mi repulsión. Mike supo al instante lo que estaba pensando.
—Lo sé. Tienes que entender cómo me criaron.
Cómo nos criaron a Rick y a mí. Mi padre era un hombre con muchos defectos.
Después de enseñarnos qué hacer con una mujer, nos enseñó cómo salir impunes.
Yo lo dejé, pero Rick… quién sabe cuánto tiempo lleva continuando.
No hablamos de ello… Y ahora —me dijo—, tú lo sabes todo.
Creíamos que nunca nos pillarían. Creía que podía guardar este secreto.
Tienes que saber que llevo mucho tiempo sin hacer esto.
Desde el día que te conocí, lo dejé. Te lo juro por todo lo que me importa en este mundo.
Te lo juro por Junior. No he matado ni he hecho nada terrible desde el día que te conocí. Tú lo cambiaste todo para mí.
Mike fue a cogerme la mano y yo la aparté rápidamente. —No sé qué decir ante todo esto.
—Te quiero —dijo Mike, suavizando la voz.
Lo miré y vi que sus ojos empezaban a humedecerse—.
Nunca supe que podría encontrar a alguien que…
me quisiera. —Sacudió la cabeza—. Que pudiera quererme de verdad.
Mi padre decía que el amor era una tontería.
Era un cuento de hadas que las mujeres se contaban a sí mismas…
Supe cuando te conocí aquel día en Crescent Lake que estaba equivocado. Estaba equivocado en… todo.
Bajé la cabeza. Las palabras de Amber empezaban a resonar con más fuerza. Ella conocía el amor que mi marido sentía por mí. Yo había tenido demasiado miedo para reparar en la diferencia con que me habían tratado a mí comparado con ella desde casa de Harold.
—Sonríe —me dijo mi voz interior—. ¡Métete en el papel!
—Yo también te quiero, Mike —dije, extendiendo la mano hacia la suya—. Todos los años que hemos tenido juntos. Cuando nació Junior, te quise todavía más.
Él me cogió la mano y la apretó con fuerza. —Lo sé —dijo en voz baja.
—Entonces, cuéntame qué pasa ahora.
Mike se acomodó las gafas en la cara y tomó aire profundamente. —Podemos hacer que esto funcione. Podemos hacer que todo funcione para nosotros. Podemos seguir teniendo una buena vida juntos. Una vida divertida juntos. Una vida feliz juntos.
—¿Y qué hay de Junior?
—Estará con nosotros. Podemos quedarnos en la cabaña. Los tres juntos.
—¿Como rehén? —pregunté—. ¿Qué clase de vida es esa?
—¡No! —dijo, sacudiendo la cabeza—. Vamos a tener una buena vida aquí.
Los tres. Sabes que no podemos marcharnos de aquí después de lo que has visto.
No podemos volver a la vida que teníamos.
Tenemos que construir una nueva aquí. Nuestra vida puede seguir siendo…
perfecta. Podemos seguir teniendo esa vida juntos.
Sé que al principio será… difícil, pero podemos hacer que funcione.
Junior será feliz. —Mike soltó mi mano y se levantó de la cama—.
Junior no tendrá que saber lo que es no tener madre.