Capítulo 15
L a conversación fue tranquila hasta que nos acercamos al pueblo.
El sol se hundía bajo el horizonte, bañando el paisaje con un cálido resplandor.
A lo lejos, las montañas se alzaban hacia el cielo, con sus cimas recortadas sobre el naranja y el rosa.
De repente, el cielo se tiñó de rojos intensos, como si una herida enorme se hubiera abierto.
El efecto resultaba inquietante y perturbador.
Comencé a sentir claustrofobia en el coche mientras el bosque se oscurecía cada vez más.
Me concentré en mi respiración, sin que mi marido se diera cuenta. Lo miré de reojo mientras conducía, y él me dirigió una mirada de preocupación.
—¿Pasa algo? —preguntó.
Negué con la cabeza. —No, estaba pensando en una escena de mi obra —mentí—. Lady Macbeth. Es difícil actuar como si estuvieras loca.
Mike cogió mi mano, y por un momento la máscara se me cayó y tiré de ella para apartarla. Le sonreí y relajé los dedos en su regazo.
—Habré visto el cielo así mil veces, pero nunca me cansa —dijo Mike.
Asentí en señal de acuerdo. Era hermoso. Era como si un artista hubiera salpicado de colores el aire sin que pertenecieran a él. Mike y yo nos sentábamos a veces en el banco de fuera de la cabaña y veíamos cómo el sol se ocultaba del todo tras las montañas. Era precioso, por lo general.
Esta noche, era amenazador. Una mujer estaba atada en la cabaña. Su vida dependía de mí. Los colores del cielo eran un recordatorio de la sangre que se derramaría si yo no hacía nada.
Quizá no tenía intención de matarla, pensé. ¿Tenía intención de maltratarla? ¿De hacerle daño? ¿Qué habría hecho Mike si yo no lo hubiera sorprendido con ese viaje de última hora a la cabaña?
No es él, dijo una voz dentro de mí. Era la parte de mí que llevaba trece años casada con él. Era la mujer que había tenido un hijo con él. Era la faceta de mí misma que intentaba recordarme que era un buen padre. Un marido cariñoso.
Claro que últimamente se ha comportado de forma extraña.
Sale por las noches cuando Junior se va a dormir.
Vuelve tarde y no me da demasiadas explicaciones.
Muchas esposas darían por hecho que sus maridos les están siendo infieles, pero yo nunca me preocupé demasiado por eso.
Mike no era ese tipo de hombre, pensaba.
—Fui a ver una peli tardía —decía Mike a veces. Aunque, ¿cuántas películas podían estrenar en una sola semana?
Mike no bebía en exceso, que yo supiera, pero a veces decía que iba a quedar con Rick en el bar.
Giré la cabeza levemente y, de reojo, observé a Mike conducir. Movía la cabeza al ritmo de una vieja canción de rock.
Antes era un marido cariñoso.
¿Quién es ahora?
Un hombre que secuestró a una mujer joven.
¿Qué pasará cuando la policía aparezca en nuestra cabaña? ¿Cuando detengan a Mike? Junior algún día verá las noticias. Vamos, ya tiene edad suficiente para buscarlo en Google.
No es él, volvió a decir una voz dentro de mí. Era como si mi corazón y mi cabeza libraran un pulso en mi interior.
¿Quién más podría ser si no Mike? La respuesta más lógica era que mi marido había secuestrado a la chica. Amber Townsin, me recordé. Ese era su nombre. Llamarla de cualquier otra forma la deshumanizaba.
Pasamos junto a un cartel. «Municipio de Canmore. Población: 15.990 habitantes.»
Situada cerca del popular destino turístico de Banff, Alberta, Canmore quedaba a veces eclipsada por las multitudes que la visitaban de todo el mundo. Eso me venía bien casi siempre. Cuanta menos gente, mejor.
Cuando terminó la canción, entró un locutor con voz grave.
—A continuación, Metallica. Antes de continuar, tengo que compartir una noticia que no es muy alegre, pero sí importante.
La Real Policía Montada del Canadá ha emitido una denuncia de desaparición en relación con una mujer llamada Amber Townsin.
Podéis ver su foto en nuestra página web.
La policía tiene preocupaciones sobre su seguridad, y si disponéis de cualquier información sobre su desaparición, llamad al 911 de inmediato.
Su nombre, de nuevo, es Amber Townsin. Fue vista por última vez en—
Mike cambió de canal de golpe. —Odio a Metallica —dijo con un gruñido.
Se detuvo al escuchar la voz de Justin Bieber.
Era una canción que llevaba sonando en la radio últimamente, al menos cada veinte minutos, pero yo nunca conseguía recordar la letra.
Mike empezó a mover la cabeza con más energía que con la canción de rock, coreando cada palabra.
Me dedicó una sonrisa, pero se le borró al ver mi expresión de miedo.
—¿Qué? —preguntó.
Cerré la boca y volví a meterme en el papel de esposa dulce y confiada. —Que muevas la cabeza así con una canción de Justin Bieber es lo más aterrador que he visto en mi vida.
Subió el volumen y movió la cabeza con más fuerza al ritmo de la música.
—Bueno, bueno —dije con una risita—. Mira la carretera. Te estás ciñendo mucho al bordillo.
Puso los ojos en blanco. —Conduzco de maravilla. Tu manera de conducir es lo más aterrador que he vivido en mi vida. —Se rió de su propio chiste.
Sonreí, pero sentí que el estómago se me revolvía. Había cambiado de canal en la radio cuando mencionaron la desaparición de Amber. Y lo que era peor, lo… contento que estaba. En los últimos meses no había manera de sacarle ni una sonrisa. De repente tenía más energía y hasta sentido del humor.
—¿Qué te parece Vic? —preguntó.
—¿Cómo? —dije, desconcertada.
Mike bajó el volumen de la radio. —Vic. Victor. ¿Qué te parece?
Me encogí de hombros. —Sarah solo me dice cosas buenas de él. Vosotros dos congeniasteis bien. Cuando me contó que de niño iba de caza con su padre, supe que tendríais historias que contaros. ¿Por qué lo preguntas?
—No sé. Es buen tío. Quizá es que la última vez bebió demasiado.
Me sorprendió de verdad. —No tenía ni idea de que quedabais sin nosotras. Nunca me lo dijiste.
—Sí, la semana pasada. Me mandó un mensaje. Dijo que quería quedar para pescar. Lo llevé a Crescent Lake y a la cabaña.
—¿Llevaste a Vic a la cabaña antes que a mí? —dije, aún asombrada. Que yo supiera, Mike ni siquiera tenía el número de Victor. —¿Por qué no me lo dijiste?
—No sé. Bueno—
—Sarah tampoco me lo dijo —añadí—. Me sorprende que no lo hubiera mencionado en el trabajo.
—Sarah tampoco lo sabía —dijo Mike, mirándome con una sonrisilla.
—¿Qué? ¿Por qué no le dijo nada a su mujer? —Le di un golpe en el hombro—. ¿Y por qué tú tampoco me dijiste nada a mí?
—Dijo que había tenido una bronca bastante gorda con Sarah. No me contó muy bien qué había pasado.
—¿Y por qué me lo cuentas ahora?
Mike se encogió de hombros. —Es que… tuve la sensación de que está saliendo con otra que no es Sarah.
Me quedé sin aliento, incapaz de disimular lo que sentía. —¿Vic? Qué va. Sarah y él parecen llevarse tan bien.
—Eso mismo pensé yo. Los dos bebimos bastante ese día.
—Espera, ¿qué día fue eso?
—Me tomé el jueves libre la semana pasada. Quedé con él en la cabaña. Pensé que le vendría bien lo que llaman el «tiempo de tíos».
Asentí, pero no podía controlar mis pensamientos. ¿Cuántos días se toma Mike libre sin decirme nada? ¿Cuántas veces va a la cabaña sin mí?
—¿Y por qué crees que está hablando con otra mujer? —pregunté.
—Puede que no sea nada. —Mike se detuvo en un cruce. Se giró hacia mí—. Cuando bebe, quiero decir, cuando está borracho, es muy distinto. La forma en que habló de Sarah… me recordó a otra época.
—¿Qué dijo?
Negó con la cabeza. —No… no quiero entrar en eso.
El caso es que estaba intentando enseñarme una foto en el móvil de una camioneta que quiere comprarse, pero la primera foto que salió fue la de una mujer joven.
Parecía recién salida del instituto. Era raro.
Bueno, lo digo ya, la chica tenía los pechos al aire.
—¿Una mujer le mandó una foto en topless?
—Eso es lo que creo. Le pregunté quién era y puso una cara muy rara y cambió rápido la foto a la de la camioneta.
Me quedé mirando por la ventanilla sin ver nada. Me pregunté si Sarah tendría alguna sospecha. ¿Debería decirle algo?
—No sé —continuó Mike—. Esa chica en su móvil. La forma en que habló de Sarah, y de las mujeres en general. Fue peor que Rick, te lo digo yo.
—¿Cómo es posible?
El semáforo se puso en verde. Mike apartó la vista de mí.
—No lo sé, Vic me parece un conquistador.
No sé si quiero tener ese tipo de amistad con él.
Quizá es mejor que solo quedemos en pareja y no solos los dos.
—Mike se rió—. Mientras estábamos en la cabaña, vio esa piedra falsa donde guardamos la llave de repuesto por si nos quedamos cerrados fuera.
La localizó enseguida. Creo que tenemos que buscar un sitio nuevo para esconder la llave.