La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 53
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Capítulo 53

Dimitri y Rodrigo, a pesar del viaje de cinco horas y media desde Madrid, deciden, antes de comer, no demorar la entrevista con el contacto del periodista de El Diario Sur.

Aparcan cerca de la Comisaría Provincial de Málaga; ubicada en la confluencia de la plaza de Manuel Azaña y de la avenida Juan XXIII.

A Rodrigo le llama la atención el diseño.

Es funcional, con una estética peculiar, combinando columnas de hormigón con ladrillo visto que resaltan sobre la fachada y la disposición, geométrica y repetitiva, de las ventanas.

El interior de la comisaría es diáfano, al menos en las zonas de atención al público y administrativa.

Caminan absortos por el pasillo, entre los murmullos de los agentes.

Localizan la oficina y Rodrigo le pide a Dimitri que aguarde fuera, al no ser un familiar directo, intuye que su presencia no será bien recibida.

—¿Inspector Banderas? —pregunta con la cabeza asomada desde la puerta, sin atreverse a entrar.

—Pase, pase —le indica con la mano. Está vestido de paisano, sentado detrás de la mesa entre un montón de papeles y carpetas.

—Buenos días, soy Rodrigo Sanz, gracias por recibirme. —Le ofrece la mano, el inspector se levanta unos centímetros de la silla y se la estrecha.

—Siéntese, por favor —le pide educado y él se acomoda de nuevo. Su tono de voz es firme pero agradable.

Rodrigo lo observa. Le sorprende, no solo que el apellido coincida con el del actor malagueño, sino su parecido físico a los cuarenta años. No lo verbaliza ni pregunta si tiene alguna relación familiar con él. En otras circunstancias, hubiera bromeado sobre ello.

El inspector rebusca entre los expedientes, los revisa con parsimonia hasta que localiza uno.

—Siempre es el último —sonríe.

—¿Necesita alguna documentación que me identifique?

—Antes de nada, quiero explicarle que ha tenido suerte por dos motivos: primero, por contar con Paco, sin su recomendación, usted no estaría sentado aquí; y segundo, el expediente de la mujer que coincide con la descripción está activo.

—¿Qué quiere decir?

—¿Conoce el caso de Sam?

—No.

—Fue el de una mujer encontrada en California con amnesia y sin recuerdos, su identidad sigue sin conocerse después de treinta años. Es un ejemplo de un expediente abierto, incluso si la persona está viva o fallecida.

—En el caso de mi madre, ¿está viva o…?

—No nos adelantemos, como acaba de admitir, cree que la mujer en cuestión es su madre, ¿cómo se llamaba?

—Fabiola Mariscal Soto.

—¿Puede demostrarlo?

Rodrigo abre un maletín y pone sobre la mesa su DNI, el libro de familia, el poder y la única imagen que tiene de Fabiola, la captura impresa de la foto de Constanza. El inspector los revisa sin prestarle demasiada atención.

—¿No tiene alguna foto con ella?

—Desapareció cuando yo era un bebé, a mi padre no le sentó muy bien el divorcio, se casó de nuevo y destruyó cualquier recuerdo de su matrimonio.

Sin embargo, tengo a un testigo que nos aportó su descripción.

La misma que Paco le indicó para localizarla.

Creemos que fue secuestrada por un proxeneta aquí, en Málaga.

—Opta por omitir el nombre de Lyov Popov.

—¿Y cómo ha llegado a esa conclusión?

—Mi madre contrató a Dimitri Sokolov para vigilar a un abogado, ya fallecido, relacionado con una organización criminal rusa. Es el testigo del que le he hablado antes. Está sentado ahí fuera por si necesita su testimonio.

—Curioso, ¿confía en él? Pudo estar implicado.

—Ha cumplido con la promesa que le hizo a mi madre, nos ha cuidado durante treinta años. Sí, confío en él.

—¿Nos?

—Tengo un hermano mellizo, Alexandro. Él no ha podido venir. —Evita dar más explicaciones.

—De acuerdo, esta reunión es únicamente informativa, no puedo dejarle el expediente. Para ello, tendrá que presentar la solicitud y…

—Puede tardar hasta treinta días —termina la frase del inspector.

—¿Conoce el procedimiento?

—Sí, Paco nos lo comentó. Pero…, al menos, ¿podría decirme si vive?

—Es probable —contesta evasivo.

No obstante, el hecho de que pueda estar viva acelera el corazón de Rodrigo. Se revuelve en el asiento, porque no está consiguiendo nada y necesita respuestas. Ha esperado demasiado tiempo.

—Inspector Banderas, entiendo sus reticencias a darme cualquier tipo de información y no se lo reprocho, es su trabajo mantener la discreción en un caso como este. Sin embargo, apelo a su humanidad. Necesito encontrarla, quiero saber la verdad.

—Señor Sanz, comprendo su situación, y deseo ayudarle, pero tiene que demostrar el interés legítimo para acceder a esto. —Levanta la carpeta.

—Antes ha dicho que podría estar viva y me ha explicado el caso de Sam, ¿a ella le pasó lo mismo?

El inspector Banderas se recuesta en el respaldo y echa un vistazo al pasillo.

—Cierre la puerta.

Rodrigo se levanta y mira a Dimitri, este hace el amago de levantarse. Niega con la cabeza, cierra y vuelve a sentarse. El inspector abre el expediente, lo inclina ligeramente hacia él para evitar mostrar la información que contiene.

—Una mujer de entre veinte y veinticinco años ingresó por urgencias en el Hospital Provincial de Málaga el 9 de febrero de 1996, a las 23:45 horas.

La registraron con código de paciente desconocido.

Llegó sola y en un estado lamentable. Tras el examen médico inicial, se determinó que había estado retenida por las señales de ataduras en tobillos y muñecas.

Además, presentaba moratones diversos en brazos y piernas.

Estaba deshidratada, con síntomas de hipotermia y, según los análisis clínicos, drogada.

No se encontró evidencia de abusos sexuales.

En cuanto al reconocimiento de las características físicas particulares: morena teñida de rubia, ojos negros, delgada, uno sesenta, piel blanca, cicatrices de cesárea y operación de mamas, tatuaje en el hombro derecho; dos líneas verticales paralelas unidas por dos líneas curvas horizontales, una arriba y otra abajo.

Estuvo inconsciente durante cuarenta y ocho horas.

Al despertar, se le preguntó por su identidad o lugar de origen, pero su única respuesta fue: « No name ».

—El inspector cierra la carpeta y le clava la mirada a Rodrigo—.

¿Aún cree que puede ser su madre? Esta mujer era extranjera —concluye rotundo.

La pregunta desconcierta a Rodrigo, siente una quemazón en la boca del estómago por la descripción del estado en el que acudió al hospital. En un principio, lo hace dudar.

—Sí, era mi madre, Fabiola Mariscal —afirma tras unos segundos.

—¿Ha escuchado lo que le acabo de decir?

—Como usted me ha dado a entender, ella padecía pérdida de memoria.

No soy médico, pero sé que existe la amnesia selectiva.

Recuerdo que mi hermano sufrió un accidente de tráfico y tardó unos meses en recordar lo que había sucedido.

Mi madre era Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Yale, lo hablaba a la perfección.

El tiempo que estuvo retenida y drogada fue traumático para ella, y pudo olvidar su lengua materna —razona convencido—. ¿Qué pasó después?

—Existe un protocolo específico para esclarecer la identidad en este tipo de casos; es engorroso y no creo que sea de su interés, con el añadido de que nadie denunció su desaparición.

Fue ingresada en psiquiatría durante un tiempo.

La terapia resultó ineficaz, no recuperó la memoria.

Luego, dada su situación de vulnerabilidad, y para garantizar su seguridad, fue derivada a un centro de protección, dónde esperó el otorgamiento de una nueva identidad.

—¿Cuál es su nombre actual? —pregunta Rodrigo, está convencido de que aún vive.

—Esa información no puedo dártela —lo tutea por primera vez—. Debo asegurarme de que no corre peligro. Presenta la solicitud formal, en treinta días, si se acepta, lo sabrás.

Las palabras del inspector corroboran la intuición de Rodrigo.

Fabiola Mariscal está viva.