La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 36
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Capítulo 36

Son las tres de la tarde.

—Enciende la televisión —ordena Aurora al entrar en el ático de Rodrigo.

—Estás obsesionada con la tormenta, seguro que no pasará nada.

—La Diputación Valenciana ha cerrado los centros de trabajo, el barranco del Poyo se ha desbordado en Chiva y ¿sigues pensando que no pasará nada?

—¿Has oído hablar de la gota fría? El litoral lo sufre cada año.

—Esto es distinto, enciende la televisión —insiste.

—Como quieras, yo necesito descansar. ¿Tengo tu permiso para echarme en mi cama un rato?

—Después de la siesta, te largas —accede a regañadientes—. Antes de que Morfeo se apodere de ti, quería saber si conoces a alguien que haya estudiado en la misma universidad que Fabiola.

—¿Por qué?

—Por la dedicatoria del libro, podría investigar a los compañeros de promoción y a los profesores que impartían clases en los años que Fabiola estuvo cursando la carrera. ¿Y si era su contacto para regresar a Nueva York?

—En ese caso, hubiera denunciado su desaparición. Imagino que ella le informaría de lo sucedido.

Aurora medita unos segundos.

—Tienes razón, y si lo hubiera intentado, los indicios eran que Fabiola había abandonado con una fortuna a sus hijos por propia voluntad. Nadie lo creería —razona decepcionada.

—Lo hablamos, Morfeo me espera —bromea.

Aurora se descalza, coge el móvil, deja el abrigo y la mochila sobre una de las sillas, y se tiende en el sofá XL arropándose con una manta. Escucha las noticias hasta que el cansancio la sume en un profundo sueño.

—¡Aurora, despierta! —Rodrigo la espabila moviéndole los pies.

—¡¿Qué pasa?! —exclama sobresaltada.

—Tenías razón.

—¿Qué hora es? —pregunta más calmada, incorporándose en el sofá.

—Las siete de la tarde —se sienta a su lado y le muestra el móvil—. Mira las imágenes de TikTok. —Desliza la pantalla con el dedo índice—. El barranco del Poyo se ha desbordado en Torrent. Hay personas atrapadas en la carretera, la situación es crítica.

—Llamaré a Pepe, seguro que ellos tienen información más precisa de lo que está ocurriendo. —Intenta contactar con él en varias ocasiones, comunica—. Estarán desbordados en la redacción.

—He llamado a la residencia La Torreta y al psiquiatra, tampoco contestan.

—Solo queda esperar. —Aurora no es indiferente a lo que ha sucedido y, por una vez, echa de menos el periódico.

Las noticias de la DANA son un eco en la radio, la televisión y en redes sociales.

Sobre las ocho de la tarde, Protección Civil emite una notificación a los teléfonos móviles de los ciudadanos de la provincia de Valencia, pidiendo a la población que evite los desplazamientos.

Para entonces, las crecidas colapsan las carreteras, las personas están atrapadas en sus vehículos, presas del pánico, y los que pueden buscan un lugar seguro donde guarecerse.

El agua ha arrasado varias poblaciones, inundando plantas bajas y garajes.

—Es una catástrofe —afirma Aurora, y apaga la televisión.

—Tengo hambre —dice Rodrigo.

—Con lo que has visto, ¿piensas en comer? Yo tengo el estómago revuelto.

—También estoy afectado, pero no podemos hacer nada. ¿Te gusta el sushi ?

—¿No te ibas a largar después de la siesta?

—Cuando cene, y no quiero objeciones.

—Está bien. Sí, me gusta la comida japonesa.

—¡Aleluya! —Gesticula uniendo las manos como si lanzase una plegaria al cielo.

El sonido del móvil de Aurora los interrumpe. Es su hermana, ignora la llamada.

—¿Quién es?

—Una compañera, mientras pides, hablaré con ella en la habitación.

—Puedo irme yo a la cocina.

—No, te lo agradezco, así le daré de comer a Ringo.

—Ringo, ¿así se llama tu pez? No me contestes, es lógico.

Aurora sonríe y, caminando por el pasillo, le devuelve la perdida a Irene.

—¡¿Se puede saber por qué no me coges el teléfono?! —Su voz suena brusca.

—Hola, por lo menos.

—Ni hola ni holo . Sabía que estabas en Valencia y por poco me da un infarto, cuando me he enterado de lo que ha ocurrido allí con la DANA.

—Llegamos a las tres, pudimos salir a tiempo.

—Desde entonces, ¿no has podido ponerme ni un mensaje?

—Lo siento, no pensé…

—Y eso no es todo, he recibido una carta, mejor dicho, un anónimo. Lo he recogido del buzón cuando he llegado del trabajo. Todavía tengo el susto en el cuerpo—dice angustiada.

—¿Un anónimo?

—Sí, la frase está hecha de recortes de folletos publicitarios. He reconocido la «D» del supermercado Día.

—¿Qué dice?

—Espera, voy a por él. —Se escuchan los pasos de Irene, unos segundos después, lee—: «Dile a tu hermana que deje de buscarla o tú pagarás las consecuencias». ¡¿Lo has escuchado?! Es una amenaza en toda regla, estoy cagada de miedo.

—¿Por qué lo has abierto?

—¡¿Solo se te ocurre decirme eso?! Estoy embarazada, ¡joder! —Aurora escucha un gimoteo.

—Lo siento, voy para allá. ¿Está tu marido contigo?

—No…, llegará tarde —consigue decir entre sollozos.

—Tranquilízate, en nada nos vemos.

—Vale —contesta con un hilo de voz.

Aurora vuelve al salón, coge la mochila y el abrigo.

—¿Adónde vas? La cena llegará en quince minutos.

—Mi hermana ha recibido un anónimo, está asustada, no puedo dejarla sola.

—¿Cómo…? ¿Qué?Ese anónimo, ¿está relacionado contigo…, con nosotros? —rectifica.

—Te lo contaré luego, volveré cuando su marido llegue a casa.

—¿Te llevo?

—No, prefiero ir sola. Guárdame algo de cena.