La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 34
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Capítulo 34

La cita con la Fundación Mariscal no aportó ninguna información más allá de la que conocían.

Aunque, dada la vinculación familiar de Rodrigo, consiguieron una autorización para visitar Los Monasterios, la casa de Fabiola, a la mañana siguiente.

La llave se la facilitaría la empresa, ubicada en Puzol, encargada del mantenimiento de la finca.

Tras un breve descanso, se dirigen a la calle Colón, donde el equipo de TouristicTour atiende de forma personalizada a los clientes en un espacio compartido con otras empresas, ya que habitualmente operan en el aeropuerto de Valencia.

Los recibe un hombre de unos cuarenta años, en un despacho impersonal sin ninguna referencia visual de la compañía, excepto por la pegatina del logo en el portátil abierto sobre la mesa.

Los saluda con una sonrisa impostada, como la de cualquier comercial cuando atiende a posibles clientes.

Los invita a sentarse. Luego se acomoda en su silla, apoya los codos y coloca las manos sobre el ordenador, dispuesto a tomar los datos.

—Soy Adrián, ¿qué servicio desean? Tienen suerte, tenemos una promoción…

—No queremos contratar nada —lo interrumpe—. Mi nombre es Aurora Durán, la periodista que llamó para escribir un artículo en el periódico Enhora.es. Él es mi compañero, Rodrigo.

El hombre teclea en el ordenador.

—Sí, sí, perdona. Estaba esperando a una pareja de recién casados y, al veros entrar, he pensado que erais ellos. —Aurora y Rodrigo cruzan sus miradas, sonríen—. Aclarada la equivocación, estoy dispuesto a contestar a tus preguntas.

—¿Te importa que grabe? Así no olvidaré nada.

—No, por supuesto.

Aurora coloca el móvil sobre la mesa y comienza la entrevista.

Las primeras preguntas son sobre la actividad de la empresa, la flota actual, el perfil de los clientes, la diferencia de los servicios con otros del sector y el futuro de la compañía.

Poco a poco deriva la conversación hacia su objetivo.

—En los años que está funcionando la compañía, ¿habéis sufrido accidentes?

—¿Es necesario incluirlo en el artículo? —objeta Adrián.

—Haré una comparativa, si es desfavorable, no la incluiré —explica Aurora.

—En ese caso, sí, sobre todo, en el inicio. Si no te importa, te pasaré la estadística por correo. En este momento no tengo los datos.

—No hay problema. ¿Puedo preguntarte por el nombre de un empleado?

—¿Por algún motivo?

Aurora para la grabación.

—Estamos investigando la desaparición de un piloto en un accidente de helicóptero, en el que fallecieron los dueños de la naviera Mariscal, y creemos que pudo trabajar para vosotros.

—Lo recuerdo por referencias de mi padre, en aquel entonces yo era un niño. Fue una pérdida muy sentida en Valencia… —El entrecejo de Adrián se tensa—. No teníais intención de publicar el artículo, ¿verdad? —pregunta con voz seca.

Aurora no reacciona.

—Adrián, soy hijo de Fabiola Mariscal. Admito que el objetivo principal de nuestra visita es encontrar cualquier información relacionada con mi madre. Tu colaboración nos sería de gran ayuda.

—En cuanto al artículo, siempre cumplo lo que prometo —añade Aurora antes de que Rodrigo hable más de la cuenta.

—Odio que me engañen. ¿Por qué la buscas?

—Desapareció sin dejar rastro —suelta Rodrigo.

—¿Igual que el piloto?

—Sí, así es.

Se hace un silencio cargado de tensión. Adrián baja la mirada, sujeta su frente con la mano y parece meditar una respuesta.

—Dime el nombre —dice tras unos segundos—. Lo haré, no por la publicidad gratuita de TouristicTour en tu periódico —le dedica una mirada reprobatoria a Aurora—, sino porque soy una buena persona.

—Muchas gracias —contesta Rodrigo.

—Es Francisco Bataller Roso, suponemos que trabajó como chófer en los noventa.

—Consultaré los archivos. Te mandaré lo que encuentre a tu correo mañana a primera hora.

—Te pasaré una copia del artículo antes de publicarlo.

—Seguiremos en contacto y si alguna vez queréis viajar con nosotros, os haré un precio especial. No soy rencoroso.

Se despiden con un apretón de manos.

—No ha sido tan difícil —dice Rodrigo, una vez fuera de la oficina.

—¿Tú crees? Nos ha pillado. Por cierto, tengo que hacer una llamada al periódico. El correo que facilité a TouristicTour es el de mi sección. Al pedir las vacaciones, tuve que dejar el portátil. Tengo que evitar que la becaria abra la bandeja de entrada antes que yo.

—¿Por qué no le has dado ahora el tuyo personal?

—No quiero que desconfíe, incluso le pediré a mi jefa que haga un hueco para el artículo.

—¿Qué hacemos?

Aurora dirige la mirada a la salida. Llueve.

—Volvamos al hotel, la tarde no está para hacer turismo.

—Son las seis, ¿pretendes que esté encerrado hasta mañana?

—Haz lo que quieras, yo pillo un taxi y me voy. —Ignora la pregunta quejosa de Rodrigo y comienza a caminar. Él la alcanza.

—¿De qué tienes miedo? —La agarra de la manga del abrigo—. A no ser por un tema relacionado con la búsqueda, huyes de mí.

—No es cierto. —Mueve el brazo con rapidez y se deshace del agarre.

—Sí lo es. Tú lo sabes todo sobre mí, incluso has visto mi lado más oscuro. ¿Qué te impide abrirte? ¿Puedes contarme por qué te comportas de una forma tan arisca?

Aurora baja la mirada. No está dispuesta a sincerarse y recordar un pasado doloroso para ella, y del cual está avergonzada. Con él no. Dentro de unos pocos días, desaparecerá de su vida, como aquellas personas en las que confió.

«Nunca sale bien», piensa.

—Es complicado… —Se atusa el pelo.

—Vale, no insistiré, nos vemos mañana en el desayuno —dice vencido por la obstinación de Aurora.

Rodrigo se levanta el cuello del abrigo y camina directo a la salida del edificio.