La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 33
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Capítulo 33

El fin de semana de Aurora fue para olvidar.

Ante las llamadas insistentes de Inma, decidió quedar con ella el viernes en el bar de siempre.

La encontró con un aspecto, inusual en ella, descuidado; vestía sudadera y zapatillas deportivas, cara limpia sin maquillar y la melena rubia recogida en un moño despeinado.

A pesar del cielo nublado de Madrid, ocultaba sus ojos tras las gafas de sol.

Como Aurora temía, le confesó otro desengaño amoroso, esta vez con un tipo que había conocido en la discoteca.

La historia duró una semana, sin embargo, Inma estaba destrozada, decía que le había robado un trozo de su corazón.

La consoló, le regaló un paquete de pañuelos que llevaba en la mochila y, aun así, tiró del servilletero.

Observó que solo el deambular del camarero entre las mesas conseguía aliviar su dolorosa experiencia.

Cuando se despidieron, con un abrazo exagerado, similar al de quien ha perdido a un ser querido, Inma le prometió que controlaría mejor sus impulsos en su próxima relación. Aurora no la creyó.

El sábado se aburrió. Lo dedicó a ordenar las notas en el portátil y poco más.

Rodrigo le comentó que no podría pasarse por el ático, debía acudir a un evento de la naviera «sí o sí», esas fueron sus palabras textuales.

Estaba al tanto de la información que Pepe le había facilitado.

No le causó sorpresa que el Búho fuera un confidente o que el padre de Lyov Popov estuviera envuelto, en el pasado, con la trata de blancas.

Estaba de acuerdo con él en que no era relevante para la búsqueda de Fabiola.

Y el séptimo día no descansó, disfrutó, entiéndase la ironía, de la reunión familiar como cada domingo.

En esa ocasión, el marido de Irene, un cómico fracasado, amenizó la comida con chistes sosos y manidos.

Antonio estaba ofuscado porque se perdió el telediario; le hizo bajar el volumen con el mando dos veces.

Irene zampaba sin prestarle atención y Aurora sonreía por lástima.

La única que parecía disfrutar con el espectáculo casero era Dolores, reía a carcajada limpia.

Aurora lo agradeció, así ella no fue la diana de los comentarios de su madre.

—¿En qué piensas? Estás muy callada —dice Rodrigo. Conduce su Mercedes por la A-3 con prudencia. Llueve.

—En nada… —contesta, distraída, mirando a ningún lugar.

—Muy típico de una mujer cuando no quiere hablar, en ese aspecto no eres rara.

—Tú tampoco estás muy hablador, pareces poseído por el espíritu de Severus Snape. —Aurora no olvida cuando la comparó con Miércoles Addams.

—No estoy para bromas…

—Sube la radio —le pide Aurora.

Ambos escuchan atentos:

—La Agencia Estatal de Meteorología ha activado el nivel naranja en la Comunidad Valenciana, ante la inminente llegada de una fuerte tormenta.

Este aviso implica riesgo importante por fenómenos meteorológicos poco habituales, con peligro potencial para la población.

En respuesta, las autoridades locales han comenzado a coordinarse con Protección Civil y la Confederación Hidrográfica del Júcar, preparando medidas de vigilancia y actuación ante posibles inundaciones.

Se prevé que la tormenta alcanzará su máxima intensidad mañana martes. Seguiremos informando.

—¡Qué manera de alarmar al personal! —suelta Rodrigo.

—Parece serio, ¿miraste el pronóstico del tiempo antes de salir? —Aurora desbloquea el móvil para consultarlo.

—No, ¿y tú, señorita previsora? —exagera cada sílaba de la última palabra.

—Dejemos el tema, veo que no estás de buen humor. ¿A qué hora es la cita en la Fundación?

—A las doce, nos atenderá el secretario —contesta sin apartar la vista de la autovía.

—Perfecto, la de TouristicTour es por la tarde.

—Bien —dice escueto.

Aurora observa la expresión dura de su rostro: ceño fruncido, mandíbulas tensas, labios apretados y la mirada fija en el asfalto. La espalda rígida y su forma de agarrar el volante le confirman que hoy no es su mejor día. Tanto es así que la radio sigue en el mismo canal.

—¿Puedo conectar mi móvil al Bluetooth del coche?

—¿Para qué?

—Tengo una lista de música inglesa que…

—No.

—¿Se puede saber qué coño te pasa?

—¡Anda! La señorita también sabe decir tacos.

—¿Tacos?

—Lo has vuelto a hacer.

—Ya no tiene gracia.

—No, ninguna.

El resto del trayecto transcurre con el sonido de la lluvia, a veces tímida, a veces furiosa. El canal de radio transmite la actualización de la previsión del tiempo cada media hora con las noticias.

—Deberíamos regresar esta tarde a Madrid —le aconseja Aurora.

—No podemos, mañana tengo que pasarme por el libro de familia y pedir las copias de los acuerdos. Iremos a primera hora, así estaremos de vuelta antes del mediodía.

—Espero que la tormenta no nos complique el viaje.

—No lo creo.

A medida que avanzan, se perfila en el horizonte la ciudad de Valencia y el tráfico comienza a ser denso. Rodrigo descarga su desesperación maldiciendo a los conductores de los vehículos que le impiden avanzar y los acosa con bocinazos.

—No conseguirás nada comportándote como un energúmeno, paciencia, llegaremos a tiempo.

—¿Quieres conducir tú? —Suelta las manos del volante.

—¡Ya está bien! No sé qué demonios te pasa.

—Pasa que… Da igual, me dejaste claro que no te interesa mi vida privada.

—Me interesa, si nos afecta directamente. Somos un equipo, ¿no? Si está relacionado con Fabiola Mariscal, deberías contármelo.

—De acuerdo, no está relacionado con mi madre, no con la verdadera —aclara—, y sí con Victoria. El sábado, como te dije, la naviera organizó un evento benéfico para una asociación contra el cáncer. ¿Adivina quién se presentó? —Por un instante, desvía la atención de la carretera y la mira.

—Sin pistas, ni idea.

—Mi ex, Victoria la había invitado.

—¿Con qué propósito? —pregunta, curiosa.

—¿No lo imaginas? Para ella es la mujer perfecta para mí, a pesar de que es conocedora de que me fue infiel con mi hermano.

—¿Tu hermano?

—Alexandro y ella mantuvieron una relación paralela durante un mes. Los pillé por casualidad. La traidora me envió una foto al móvil, creyendo que escribía a Alexandro. Era un selfi de los dos en la cama, con un mensaje: «Quiero repetir».

—¡Joder! Menuda putada. ¿Qué hiciste?

—La mandé a la mierda y la bloqueé —dice vengativo.

—Y tu hermano, ¿hablaste con él?

—Dijo que fue ella quien lo acosaba, me pidió perdón. Estuvimos sin hablarnos durante un tiempo, pero, al fin y al cabo, es mi hermano.

—¿Cómo acabó el encuentro con tu ex? ¿Cómo se llama? —se atreve a preguntar.

—Olvídala, el sábado le dejé claro lo que pensaba.

—Entonces, ¿por qué estás aún cabreado?

—Ayer, en el desayuno, Victoria intentó convencerme de que estaba equivocado. Según ella, la innombrable estaba arrepentida, porque seguía queriéndome y, palabras textuales: «Nunca has brillado tanto como cuando estabais juntos». ¿Sabes lo que creo yo? Intereses.

—¿Puedes ser más concreto?

—Otro matrimonio de conveniencia en la familia.

Sus padres son propietarios de una compañía privada de vuelos chárter.

La empresa Sanz-Mariscal «Esparza» —puntualiza— ampliaría sus actividades incluyendo servicios aéreos discrecionales, muy valorados por los turistas de élite, lo que equivaldría a prestigio e incrementar los ingresos y, por ende, los beneficios.

—¿Ella corroboró tu suposición?

—No hizo falta, la conozco.

—Pues que se case Alexandro con ella.

—Eso mismo le dije yo. —Ambos ríen—. Esta mañana, en el desayuno, ninguno de los dos me dirigió la palabra. Cuando regresemos a Madrid, ¿podría quedarme contigo unos días? —Suelta la mano del volante y se rasca la nuca.

—No, búscate un hotel, puedes pagarlo.

—Lo suponía, de todas formas, perdón y gracias.

—¿Por qué?

—Por estas tres horas, he pagado contigo mi enfado. Te aseguro que el espíritu de Severus Snape acaba de salir a poseer otro cuerpo.

—Me alegro.

—Yo también.

En la radio suena el tema Cowboys de la A-3, de Arde Bogotá.