La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 26
41%

Capítulo 26

—¿Por qué no me has dicho que estabas de vacaciones? —le recrimina Dolores en cuanto Aurora cruza la puerta del piso.

—¿Cómo te has enterado?

—No me cogiste el móvil ayer a primera hora y llamé al periódico. Tu compañera Inma me lo dijo.

—Necesitaba descansar —miente caminando hacia el salón.

—¿De tu madre también? —pregunta resentida.

—No empieces.

—¡¿Que no empiece?! ¿La has oído? —reclama la atención de Antonio. Está sentado en su sillón favorito, al lado de la ventana, y con el mando de la tele en la mano.

—Deja a la niña, tendrá sus razones —contesta tranquilo.

—Siempre igual, sois tal para cual.

Aurora se acerca a su padre y le da un beso en la mejilla.

—A mí no me has dado ni un beso —farfulla Dolores, incluso arquea la boca con un puchero.

El timbre de la puerta interrumpe la escena familiar.

—Será Irene, seguro que ella se alegrará de verme —afirma antes de ir a su encuentro.

—¿Qué te traes entre manos? —pregunta Antonio, una vez que están solos. La conoce bien.

—Nada —contesta sentándose junto a él.

—A ver, hija, sabes que a mí no me gusta meterme en vuestras cosas. Siempre os he dado libertad, incluso cuando decidiste ir a vivir con esas chicas.

—En aquella ocasión me confundí. Debí hacerte caso.

—Un error que te ayudó a salir de…

—Prefiero no recordarlo.

—¿Qué has hecho esta semana?

—Dormir, pasear, ordenar los armarios y escribir.

—¿Tu libro? —pregunta interesado.

—En realidad, no. Estoy trabajando en un nuevo proyecto —miente a medias, no descarta contar la historia de Fabiola Mariscal.

—¡Hola, cariño! —Irene entra radiante de felicidad. El embarazo le sienta de maravilla, acentúa sus curvas, de las que Aurora adolece y tampoco desea—. ¿He oído proyecto? ¿No me digas que estás escribiendo?

—Sí, como estoy de vacaciones —recalca con una mirada cómplice a su hermana—, he aprovechado.

—¡Qué ilusión! ¿De qué va el libro? —pregunta acomodándose en el sofá.

—Todavía está muy verde, no quiero gafarlo.

Dolores entra con la paellera.

—¡Qué buena pinta! —Irene mete la nariz para olerla.

—Gracias, eres la única que aprecia mi mano en la cocina. —Todos ríen.

Aurora come por complacerla. Al terminar, las dos hermanas se despiden y bajan juntas en el ascensor.

—¿La has traído? —pregunta al salir del portal.

—Sí, pesada, aquí la tienes. —Saca la vida laboral del bolso—. Te la doy con una condición, es la última vez que te ayudo.

—Tranquila, no te lo volveré a pedir. Gracias.

Aurora alarga la mano para cogerla. Irene la retira.

—Lo he pensado mejor, hay otra condición. Quiero que me acompañes mañana por la tarde a comprar ropa para el bebé.

—¿Camisetas negras?

—No, idiota. —Irene le da un golpe juguetón con los papeles en el hombro.

—¡Ay! —Finge que le ha dolido—. Soy muy básica, ya lo sabes.

—Me da igual, eres mi hermana.

—Está bien, ¿te recojo a las cinco? —Aurora acepta por no decepcionarla, aunque odia ir de compras.

—No, mejor paso por tu casa, ese Peugeot me da repelús.

—De eso nada, tienes que cruzar medio Madrid. Iré en metro hasta tu piso y salimos de allí. Yo conduzco tu coche, ¿te parece bien? —No puede arriesgarse a contarle donde vive ahora.

—Perfecto, gracias, lo pasaremos bien.

—Seguro —añade sin mucho entusiasmo.

Se despiden con un abrazo. Cuando Aurora la pierde de vista, empieza a caminar hojeando la vida laboral de Francisco Bataller Roso.

Abre las notas del móvil y coteja las fechas.

Coinciden. El chófer solo trabajó para la familia Mariscal siete meses.

También es cierto que está dado de alta como autónomo, aunque no detalla si su actividad actual es taxista.

Su trabajo anterior fue en una empresa llamada: TuristicTour.

La busca en Google, la respuesta del navegador la deja atónita.

Escribe a Rodrigo:

—Tenemos que hablar.