La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 23
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Capítulo 23

Aurora ha madrugado, el pasaje del diario no deja lugar a dudas.

Fabiola, al verse amenazada, comenzó a planificar su huida concienzudamente.

Primero, contactó con Francisco para que su tía Constanza no corriese peligro, podría haber sido la siguiente víctima.

Luego, donó la finca de los Monasterios a la fundación, el único bien que poseían sus padres, con la idea de volver algún día.

Después del accidente, Fabiola heredó el cuarenta y nueve por ciento de las acciones de la naviera.

Si el objetivo de Roberto era hacerse con el control total de la empresa, ella era un estorbo.

Aurora consulta de nuevo la hemeroteca del periódico.

Busca la noticia del helicóptero. Tal y como Fabiola escribe en el diario, los cuerpos de Vicente y Carmen fueron rescatados el mismo día del accidente.

Las noticias de los días posteriores hacen referencia a que Salvamento Marítimo decidió interrumpir la búsqueda del piloto. Nunca apareció.

—Entonces, ¿por qué Antón dice que es de su confianza? Habla de él como si aún viviera. —Cierra el ordenador. Alcanza el retrato de su abuela—. Tenías que habérmelo contado, hubiera sido más fácil. ¿Crees que Roberto mató a Fabiola? ¿Estuvo enamorado de ella o fingió?

Coloca la foto en su lugar.

—¿Y tú que piensas, Ringo? Por una vez me gustaría estar en tu lugar.

Recuerda la llamada pendiente a su hermana. Busca el contacto en el móvil.

—¡Hola, cariño! —contesta al primer tono—. Segunda llamada en una semana a mi trabajo. Puede significar dos cosas: o estás preocupada por mi salud, o me necesitas de nuevo. A lo primero, estoy bien, gracias; a lo segundo, no.

—Ni siquiera me has dejado hablar.

—¿Me he confundido?

—No, tienes razón. ¿Podrías consultar la vida laboral de una persona?

—Podría, pero no lo haré.

—Escucha, si me ayudas, te contaré lo que quieras de la investigación de Fabiola Mariscal. —Aurora sabe que es lo único que la puede hacer cambiar de opinión.

—Chantajista. Pásame el nombre por wasap y su residencia actual por si hay más de una persona que se llame igual.

Aurora teclea el nombre completo de Francisco, Rodrigo se lo facilitó. Añade la dirección.

—Ahí lo llevas. Esta vez, ¿podrías imprimirla para cotejar los datos?

—¡Uff! Lo intentaré.

—Gracias, te quiero un montón.

—Dáselas a mi compañera, en cuanto salga a comer, «ella» lo hará. Hasta el domingo.

Irene corta la llamada.

Aún es viernes, estos dos días se le harán eternos.

Necesita despejarse, salir del ático y olvidar por unas horas a la familia Sanz-Mariscal. Además de Pepe, la única persona a la que puede recurrir es Inma. Queda con ella para comer en su restaurante favorito, al lado del periódico. Al entrar, la encuentra sentada, está retocándose los labios.

—¡Hola! —Se levanta de inmediato a darle dos besos.

—¿Sabes que vamos a comer? —Tras el saludo, ambas se acomodan una frente a otra.

—Sí, claro. ¿A qué viene esa pregunta?

—¿Para qué te pintas los labios?

—Hay un camarero nuevo, nunca se sabe… —Dirige la mirada a la barra.

—Ya veo. —Aurora no entiende la obsesión de su compañera.

—¿Cómo está tu hermana?

—Bien, aburrida —miente.

—Nunca tendré hijos, lo tengo claro. No quiero perder la figura ni los nervios.

—Hablando de figura, ¿podrías ayudarme?

—¿Por fin has decidido cambiar tu imagen? —pregunta entusiasmada.

—No. ¿Conoces la Fundación Mariscal? Sé que ha donado dinero para investigación. —La idea es olvidarse del tema, sin embargo, no puede evitarlo.

—Sí, además, recuerdo que escribí un artículo sobre ella cuando comencé a trabajar en el periódico. Protagonizó un escándalo. Se descubrió que había participado en la creación de supuestos centros de estética para mujeres con cáncer de mama, y resultó ser una estafa.

—¿Una estafa?

—En realidad, eran clínicas para personas de alto nivel adquisitivo. Combinaban tratamientos estéticos, nutrición, entrenamientos físicos y, en algunos casos, atención médica especializada. Incluso se descubrió que podrían haber ayudado a criminales para darles una nueva identidad.

—¿La fundación salió perjudicada?

—No, se demostró que no estaba al tanto del destino de los fondos.

—¿Podrías pasarme al correo toda la información?

—Por supuesto, cuenta con ello. Tengo sed, voy a la barra a pedir la bebida. —Inma hace un guiño antes de caminar de manera seductora hacia su conquista.