La búsqueda: novela de thriller, misterio y suspense Capítulo 15
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Capítulo 15

La precipitación del viaje los obliga a trasladarse en el coche de Rodrigo.

Ambos saben que la única forma de conseguir los testimonios de los que conocieron a Fabiola es desplazarse a donde vivió con sus padres y localizar a su tía. En principio, Aurora se propuso viajar sola, pero sería imposible acceder a cualquier información al no ser un familiar directo. Lo necesita.

El día anterior, Rodrigo reservó dos habitaciones en un hotel de la capital, aunque la sede de la Red Valenciana de Salud Mental está en Torrent, a unos diez kilómetros de Valencia.

También concertó una cita con la administración del centro y contactó con el registro civil de Massamagrell para solicitar un duplicado del libro de familia.

Durante el trayecto, hablan sobre lo que han averiguado.

—¿Qué sabes de la Fundación Mariscal? —pregunta Aurora.

—Lo mismo que tú, mi hermano y yo no formamos parte del patronato.

Las fundaciones no tienen dueños; no se reparten en acciones como ocurre con las sociedades.

En caso de fallecimiento, el puesto puede pasar a sus herederos, siempre que esté previsto en los estatutos —contesta sin despegar la vista de la autovía.

—La información de los socios de una fundación es pública.

—Sí, así es, hay un registro especifico. ¿Por qué tanto interés? —pregunta girándose hacia a ella.

—Tu madre dio a luz en el Hospital de la Fundación Mariscal.

—¿Y? No entiendo a dónde quieres llegar.

—No hay historial médico en la Seguridad Social. Quizá, desde que desapareció, haya acudido a algún centro privado relacionado con la Fundación. Se supone que, cuando tus abuelos murieron, ella los sustituyó en el patronato. Sería buena idea consultar el registro.

—Estoy de acuerdo. Son casi las doce —comprueba en el navegador—, la hora del aperitivo. Podré invitarte a unas cervezas.

—No me gusta la cerveza.

—¿Qué sueles beber cuando sales?

—No salgo, excepto para comer con mi compañera Inma, y las dos pedimos una botella de agua.

—¿Bromeas? ¿No tienes amigos?

—No. —Aurora mira hacia la ventanilla, evita continuar con la conversación.

—¿Ni siquiera de tu etapa universitaria?

Rodrigo espera una respuesta.

—¿A qué hora tenemos que estar en Torrent? —pregunta Aurora, huye de hablar de su pasado.

—A las cinco. Perdona, no quería incomodarte.

—No lo has hecho.

Se instala un silencio pesado entre los dos.

Rodrigo sube el volumen de la radio al escuchar la canción Where the streets have no name, de U2 .

La canturrea con un inglés perfecto, aunque flojo de entonación.

La canción le pone palabras a lo que Aurora no se atreve a decir: ese impulso de huida que la acompaña desde siempre.

—Te gusta la música inglesa —confirma Rodrigo.

—Es mi preferida, sobre todo, los clásicos: Beatles, Queen, Oasis, Pink Floyd, Rolling… ¿Cómo lo sabes?

—Lo he deducido por tus camisetas. —Aurora dirige la mirada a la que lleva con las palabras « The Wall » y sonríe—. ¿Por qué no lo haces más a menudo?

—¿El qué?

—Sonreír.

—Sí lo hago.

—Cuando estás conmigo, no. ¿Te caigo mal?

—No, falta de confianza, supongo.

—Eso lo podemos arreglar en cuanto lleguemos a Valencia. Tú me contarás tus secretos más oscuros y yo los míos. ¿Qué te parece?

—Prefiero que nos centremos en lo que tenemos entre manos, no pretendo ser tu amiga.

—Indirecta directa captada. Nada de confidencias, aunque tendremos que comer.

—Si no te importa, lo haré sola en la habitación del hotel. Me gustaría descansar antes de ir a Torrent.

—Como quieras. —Aurora aprecia tensión en el rostro de Rodrigo.

—¿Por qué has reservado una noche de hotel? ¿No te echarán de menos en el trabajo?

—Hasta mañana no tengo la cita en el registro civil. Tenemos oficinas aquí, si me necesitan, puedo acercarme a resolver cualquier problema —contesta con sequedad.

—Estupendo —dice ella.

Entiende la crispación de Rodrigo, pero tiene claro por qué ha aceptado el trabajo y no incluye ganarse su amistad.