Capítulo 70
Nicole
Menos mal que estaba revisando las redes sociales, porque de no haberlo hecho, no nos habríamos enterado de que la interminable especulación sobre Kyle había llegado a su fin tan rápidamente como había comenzado.
Y la persona que había defendido su causa no era otra que Sheila.
Como era la albacea de Len y gestionaba la venta y distribución de sus libros, Sheila también seguía manteniendo sus cuentas en redes sociales.
Claramente indignada por las acusaciones infundadas, publicó varias fotos que debía de haber obtenido del ordenador de Len: en ellas se le veía en el hospital con Amy, los dos besándose con ternura, y un Leo recién nacido dormido en brazos de Amy.
También había otra foto de Amy y Len con un Leo un poco mayor, los dos haciendo el papel de familia feliz.
Sheila les puso de pie de foto: «Cabrón infiel y su fulana.
También Leo». Se aseguró de etiquetar las cuentas de autor de Kyle para que todos sus fans pudieran ver las fotos.
—No ha debido de ser fácil —dijo Kyle cuando le mostré la prueba de su inocencia.
—No, pero a Sheila le llevará toda una vida perdonar a Len. Y no creo que esté muy apenada por la muerte de Amy.
—No parece que nadie lo esté. Había perdido el norte por completo —dijo Kyle con un suspiro.
No habíamos hablado mucho de Amy. Seguía siendo un tema doloroso, pero sospechaba que Amy no había caído al río por accidente.
Nunca la habría tomado por alguien capaz de acabar con todo.
Amy había sido fuerte y decidida, pero incluso la persona más fuerte puede despertarse una mañana y descubrir que simplemente no le quedan fuerzas para seguir adelante.
Y quizás había decidido que Leo estaría mejor con Kyle, que en todo momento se había comportado con ella de forma honorable y amable, y había acudido en su ayuda incluso después de que ella lo hubiera tratado tan mal.
Y quizás Amy había llegado a darse cuenta de que había sido el instrumento de su propia destrucción y había tirado por la borda un matrimonio sólido por un poco de sexo sórdido y las migajas que de vez en cuando le echaba un hombre que nunca la había visto en su futuro.
Si Len no hubiera muerto, habría dejado a Amy de lado, y ella habría tenido que ver cómo se paseaba por la ciudad con otras mujeres más jóvenes y se arrimaba a su esposa en las fotos de su página web.
Sentía bastante lástima por ella y deseaba que hubiera podido encontrar una razón para vivir, aunque solo fuera por el bien de su pequeño.
Los niños estaban durmiendo la siesta, así que dejé a Kyle atendiendo una llamada de su agente y llamé a Quinn.
Me había enviado un mensaje de camino a casa para decirme que tenía la cruz de Rosina, y esperaba que por fin pudiéramos descubrir qué había sucedido realmente el día en que ella desapareció y Winslow se ahorcó.
—¿La has tocado? —le pregunté a Quinn una vez que me puso al día sobre su excursión con Rhys a Halverstead y yo le conté el hallazgo trascendental de Jonah.
—No —dijo—. No quería hacerlo en el coche, pero lo intentaré esta noche.
—¿Y si no puedes ver nada? —pregunté nerviosa.
—Pues entonces no hay más que hacer. No tenemos ningún otro objeto que perteneciera a Rosina, y es poco probable que encontremos alguno.
Pero con la nueva información, has avanzado mucho más en la historia.
Sabemos que Kezia huyó de Londres y se estableció en Doncaster, donde dio a luz a la hija de Luca.
Supongo que enseñó a Rosina todo lo que sabía sobre partería, y como Rosina parece haber estado sola en Halverstead, su madre o bien se quedó en Doncaster o bien había muerto para entonces.
—Estaba casada —le recordé a Quinn—. En aquella época, las mujeres no dejaban a sus maridos así como así.
—A menos que tuvieran una buena razón —dijo Quinn—. Rosina tenía una habilidad valiosa con la que podía mantenerse, y parece que se las arregló bastante bien hasta la acusación de brujería. Lo que me intriga es qué lo provocó de repente.
—Quizás no fue repentino —dije.
—Quizás no, pero había vivido en el pueblo durante años, y los lugareños le habían confiado a sus mujeres embarazadas y a sus hijos. ¿Qué cambió? —reflexionó Quinn.
—La gente lo estaba pasando mal. Se morían de hambre incluso, debido a cambios ambientales que no tenían forma de explicar. Quizás de verdad creían que Dios los estaba castigando.
—Si ese fuera el caso, habría habido otras acusaciones y nuevos brotes de juicios por brujería. Pero que yo sepa, no los hubo. Fue un incidente aislado.
—Lo que significa que tuvo que ser provocado por algo concreto —dije.
—La pregunta es qué. —Quinn se rio—. Estoy impaciente. Voy a intentarlo ahora mismo.
—Aquí estaré —respondí.