La bruja Winter (Misterios Históricos de Nicole Rayburn 7) Capítulo 44
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Capítulo 44

Al final debí de quedarme dormida, porque me despertó sobresaltada un riff de jazz.

Tardé un momento en averiguar de dónde venía, ya que siempre silencio el móvil antes de acostarme.

Mi primer pensamiento fue que era uno de los ruidosos juguetes de Ava que de repente había cobrado vida, pero el riff se interrumpió de golpe cuando Kyle cogió el teléfono de la mesilla de noche y se lo llevó a la oreja sin abrir del todo los ojos.

Miré la hora en mi móvil y vi que eran las seis menos cuarto.

Cuando alguien llamaba tan temprano, solo podía tratarse de una emergencia, así que ni me molesté en intentar volver a dormirme.

Pensé que probablemente sería uno de los padres de Kyle —dadas sus edades y su estado de salud, cualquier cosa era posible—, pero la voz masculina al otro lado sonaba joven, y me pareció oír la palabra «hospital».

Kyle se incorporó, con los ojos ahora bien abiertos y la mandíbula tensa, mientras seguía escuchando a quien hablaba al otro lado.

—¿Y no tienen idea de adónde puede haber ido? —preguntó por fin—. ¿Han llamado a la policía?

Fuera lo que fuese lo que le habían dicho, estaba claro que no lo había tranquilizado. —Increíble —murmuró Kyle al colgar.

—¿Qué pasa? —pregunté, ya completamente despierta, curiosa además de preocupada.

—Era el hospital. Amy se despertó anoche. Estaba un poco débil y desorientada, pero sus constantes vitales eran buenas. Pidió algo de comer y el auxiliar le llevó la cena. Fue la última vez que alguien la vio.

—¿Qué? —exclamé.

—Se largó —anunció Kyle con disgusto.

—¿Y nadie se dio cuenta? ¿Qué pasa con las enfermeras de guardia?

—Por lo visto, nadie vio nada —dijo Kyle.

—Quizá estaba preocupada por Leo.

La mirada que me lanzó Kyle lo decía todo. Una mujer preocupada por su hijo lo habría cuidado mejor.

—¿Llamaron a la policía? —pregunté al recordar lo que Kyle acababa de preguntar.

—No. No es una presa. Puede irse cuando quiera.

—Probablemente se fue a casa —dije. Y en cuanto descubriera dónde estaba Leo, Amy vendría a buscarlo, una visita que no me hacía ninguna ilusión.

—No llevaba el bolso cuando la trajeron al hospital —dijo Kyle pensativo—. No tiene cartera, ni dinero, ni llaves.

—Quizá tenga una llave de repuesto escondida en algún sitio.

Kyle marcó el número de Amy, pero saltó directamente el buzón de voz.

—Tiene el móvil apagado y el buzón lleno.

—Entonces, ¿qué hacemos? —pregunté.

Kyle se encogió de hombros. —No lo sé. Creo que debería avisarle a Fiona y preguntarle qué hacer con Leo.

—Bueno, creo que deberías esperar a una hora más apropiada —dije cuando Kyle fue a coger el móvil.

—Por supuesto. Tienes razón. —Dejó el teléfono y apartó el edredón.

Cuando fue a coger la ropa que había dejado sobre una silla la noche anterior, pregunté: —¿Adónde vas?

—Voy al piso de Amy a ver si está allí.

—¿Por qué? —exclamé.

Sabía la respuesta antes incluso de que Kyle pudiera contestar.

Todavía se sentía responsable de ella y necesitaba saber que estaba bien.

Había días en los que sentía que nunca nos libraríamos de su exmujer, ni del egoísta y aprovechado amigo de Kyle, Len.

Aunque Len ya no estaba y Amy ya no era asunto nuestro, de algún modo seguía arrastrando a Kyle a su drama interminable.

Por Leo no sentía más que simpatía y comprensión, pero esa buena voluntad no incluía a su madre.

Cuando Kyle y yo nos casamos, había dado ingenuamente por hecho que, como él y Amy no tenían hijos en común, no habría más contacto entre los ex.

Pero Amy me había demostrado lo contrario una y otra vez.

Ella era quien había destruido el matrimonio, y aun así seguía dependiendo de Kyle y esperando que acudiera corriendo cada vez que tenía problemas.

Y a menos que me equivocara mucho, volvía a estar metida en un lío.

Una mujer que había estado en coma doce horas antes no debería andar sola por las calles.

Habría tenido sentido que intentara llegar a casa, pero entonces pensé en otro lugar al que podría haber ido.

Quizá Amy estaba desesperada por un chute y había ido a buscar a su camello.

Sin dinero no llegaría muy lejos, pero tal vez pudieran llegar a otro tipo de acuerdo.

Y si Amy pagaba la droga de otra manera, sinceramente prefería no saberlo.

La quería fuera de mi vida. Para siempre.