La bruja Winter (Misterios Históricos de Nicole Rayburn 7) Capítulo 27
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Capítulo 27

Nicole

—¿El anillo pertenecía a una chica romaní de quince años del West Country? —exclamé cuando Quinn me contó lo que había visto. Me había emocionado saber que el anillo guardaba recuerdos, pero no me esperaba eso.

—Eso parece. Vi brevemente a otra mujer, también romaní, pero no la he vuelto a ver desde entonces.

—¿Y crees que esa pobre chica estaba embarazada? —pregunté.

—Y tan aterrorizada que no quería entrar en la casa ni en el granero por miedo a que la encerraran.

—Quienquiera que fuese ese Luca, debía de ser un monstruo —dije—. Me pregunto qué fue de Kezia y su bebé. Y cómo llegó Rosina de Winter a tener su anillo.

—Quizá Kezia vendió el anillo. Sola, podría haber encontrado trabajo, pero con un niño que cuidar, tendría pocas opciones. No en muchos sitios permitirían tener un recién nacido.

—O a una gitana.

—Kezia se identificaba como romaní, pero tenía el pelo rojizo y los ojos color avellana. La mujer que vi primero era morena, de ojos oscuros. Y también estaba embarazada.

—¿Crees que alguna de ellas podría ser Rosina de Winter?

—Es imposible saberlo con certeza, ya que no sabemos qué aspecto tenía Rosina —dijo Quinn—. Pero dadas las actitudes de la época, ninguna mujer gitana habría sido bien recibida en un pequeño pueblo inglés, así que dudo mucho que la primera mujer fuera Rosina. Quizá Rosina era la hija de Kezia.

—¿Encajaría eso cronológicamente? —pregunté.

—No puedo estar segura del año. Creo que quizá fue a finales del siglo XVIII, ya que el vestido que Kezia compró a Elspeth estaba ajustado en la cintura, a diferencia del corte imperio que se llevaba a principios del siglo XIX, y tenía un corpiño ceñido.

Pero había pertenecido a la nuera de Elspeth y podría haberse confeccionado una década antes. Sabré más cuando vuelva.

Me alivió que Quinn tuviera ganas de continuar. Ahora estaba muy metida en la historia y quería descubrir qué les había pasado tanto a Rosina como a Kezia.

—Kezia no es un nombre romaní —dije después de buscar su origen en Google—. Es hebreo.

—Sí, es un nombre bíblico y puede usarse tanto para hombres como para mujeres, pero no es muy común. Nunca he conocido a ninguna Kezia. ¿Tú sí?

—No. Nunca había oído ese nombre hasta hoy. Me pregunto si podré encontrarla.

—Desde luego, merece la pena intentarlo —coincidió Quinn.

—Dudo que haya un registro de su matrimonio, si es que estuvo casada, o si su marido era romaní. No sabemos si Luca era su marido o el padre de su hijo —señalé—. Pero quizá el nacimiento de su hijo quedó registrado.

—Hubo un momento, cuando pensó en vender sus pendientes, en que recordó a Luca con cariño, así que quizá él era el padre de su hijo. Sabemos que su apellido era Iven, así que quizá eso acote la búsqueda. ¿Cuántas mujeres podría haber llamadas Kezia Iven?

—Averigüémoslo —dije.

—Mantenme informada.

Los niños estaban dormidos y Kyle estaba en su estudio, trabajando en su nuevo manuscrito, así que me puse enseguida a buscar en los sitios de genealogía.

Esperaba tener mejor suerte con Kezia de la que había tenido con Rosina, pero, una vez más, me llevé una decepción.

Encontré a varias otras mujeres llamadas Kezia, y a bastantes hombres, pero no apareció nadie con el nombre de Kezia Iven.

Sí localicé a algunos Iven, todos del siglo XX, pero sus registros genealógicos eran lamentablemente escasos, ya que pocos nómadas se casaban por la iglesia, especialmente en los siglos XVII y XVIII, ni bautizaban a sus hijos.

Sin embargo, se me ocurrió una idea. Hasta ese momento, no había pensado en investigar la vida de Godfrey Winslow, pero me interesaba averiguar si tenía algún pariente además de Roderick Bentley y si podrían haber culpado a Rosina de Winter de su muerte e intentado encontrarla.

Cualquier registro escrito que pudiera localizar me ayudaría a completar las lagunas y quizá incluso a encontrar un retrato de Rosina o de Godfrey.

Pero, por supuesto, no había absolutamente nada que encontrar. Logré dar con un registro del bautismo de Godfrey Winslow, pero después no había nada más hasta su muerte. Parecía que ninguno de mis personajes principales tenía un pasado, al menos no uno que pudiera rastrear.