Capítulo 12
Nicole
Kyle y yo nos despertamos sobresaltados por unos gritos estridentes.
Me llevó un momento comprender de dónde venían, pero antes siquiera de que pudiera sacar las piernas de la cama, Kyle ya estaba de pie y cruzando el pasillo.
Levantó a Leo de la cama y lo estrechó contra sí, meciéndolo con suavidad como solía hacer cuando Ava era bebé y se despertaba llorando.
Leo siguió debatiéndose y llamando a su madre, pero los gritos se convirtieron en sollozos y acabaron reduciéndose a gemidos.
—Pobre niño —dijo Kyle una vez que el pequeño se había quedado dormido por fin y pudo acostarlo de nuevo—. Está muerto de miedo.
—Kyle —dije cuando volvió a la cama—. Leo estaba cubierto de moratones. Algunos parecían viejos, pero otros eran claramente recientes.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó él.
—No lo sé, pero no creo que sea seguro devolverlo a Amy, no hasta que sepamos qué pasó.
Kyle suspiró profundamente.
—Tendremos que avisar a Fiona.
—Si lo hacemos, seguro que ponen a Leo bajo tutela.
—Si no lo hacemos, el próximo moratón podría causarle daños permanentes.
—¿Crees que Amy le pegó? —pregunté en voz baja.
—Espero que no, pero ya no conozco a Amy. No estoy seguro de haberla conocido nunca —dijo Kyle con cansancio.
—Leo tiene que tener a alguien más aparte de Amy. ¿Y sus abuelos?
—No creo que estén en condiciones de hacerse cargo de un niño pequeño. Son mayores y están enfermos.
Kyle me atrajo hacia sí y me besó la sien.
—Estoy agotado, Nic, y no vamos a resolver nada esta noche. Ya veremos qué nos depara el día de mañana.
—De acuerdo —acepté.
Acababa de quedarme dormida de nuevo cuando Leo se despertó gritando.
Esta vez fui yo quien lo consoló, y él apretó la carita contra mi cuello y me rodeó con los brazos.
Temblaba con violencia, y su cuerpo era tan frágil entre mis brazos que apenas podía creer que tuviera casi un año más que Ava.
¿Podría ser que el niño estuviera desnutrido?
Amy tenía que haberlo alimentado, y debía de haber visto a un pediatra en algún momento del último año.
Si hubiera habido algún motivo de preocupación, Fiona lo habría mencionado, pero quizá aún no estaba del todo al tanto de la situación de Leo en casa.
Lo habían puesto bajo la custodia de los Servicios de Protección de Menores apenas el día anterior, y por ahora era un arreglo temporal que terminaría en cuanto dieran el alta a Amy y pudiera llevarse a Leo a casa.
Pero ahora que Leo estaba bajo el cuidado de la agencia, seguro que alguien investigaría el caso y haría una recomendación.
Leo por fin se calmó, pero en cuanto intenté acostarlo, empezó a llorar de nuevo, así que me tumbé con él en su camita y lo abracé hasta que se durmió, con puñados de mi pijama apretados en las manos.
No sabía qué dirían los médicos sobre Amy, pero lo que sí sabía era que no iba a devolver a este niño hasta que alguien me asegurara que podía volver a casa sin peligro.
Jamás haría daño a otra mujer a propósito, ni siquiera a Amy, que había intentado hacerme daño en repetidas ocasiones, pero si tenía que elegir entre Amy y Leo, no había ni que pensarlo.