Capítulo 13
Leo durmió hasta casi las diez de la mañana siguiente.
Debía de estar emocionalmente agotado, así que procuré que Ava estuviera callada y no lo molestara.
Cuando se despertó, aunque solo pidió tostadas, le preparé un huevo frito con salchichas y lo observé devorar la comida con una mezcla de tristeza y asombro.
Era como si el niño no hubiera comido en días.
Quizá no lo había hecho. Leo apenas nos habló a Kyle o a mí, pero era evidente que confiaba un poco más en nosotros y no estaba tan asustado como la noche anterior.
Después de que Leo terminara de desayunar, le lavé las manos y la cara, lo ayudé a cepillarse los dientes y le peiné el pelo.
Luego lo llevé al salón, donde Ava seguía entretenida con el Lego.
Levantó la vista con perplejidad, como si se preguntara de dónde había salido aquel niño nuevo.
Ava era demasiado pequeña para entender el concepto de concepción y gestación, y por su mirada ansiosa era evidente que pensaba que le estaban presentando a un hermano.
—Ava, este es Leo —dije—. Su mamá está enferma, así que se va a quedar con nosotros unos días. Espero que no te importe.
Ava me miró y luego posó la vista en Leo.
—¿Unos días? ¿Cuántas noches son?
—Dos o tres.
—¿Y luego se irá a casa con su mamá?
—Sí. ¿Crees que podrías enseñarle algunos de tus juguetes? —le pregunté.
Ava parecía indecisa, pero la idea de tener un compañero de juegos pudo más.
—¿Te gusta el Lego? —le preguntó a Leo—. Estoy construyendo un castillo.
Leo se quedó mirando las piezas de colores. Era como si nunca hubiera visto Lego, pero asintió.
Ava se sentó en la alfombra y le hizo señas para que se acercara. Él se sentó frente a ella, pero no se atrevió a tocar las piezas, aunque se notaba que quería hacerlo. Ava cogió varios bloques y se los dio.
—Tú puedes construir la torre —dijo.
Al ver que Leo parecía confundido, ella le mostró cómo apilar las piezas.
Él encajó dos bloques con cuidado y los miró asombrado cuando se unieron con un chasquido.
Ava le pasó otra pieza y él la colocó. Luego otra, pero solo después de que Ava se la diera.
Leo tenía el rostro tenso por la concentración mientras construía la torre con esmero.
—Muy bien, Leo —dijo Ava. Parecía entender que necesitaba que lo animaran, y no escatimó en elogios.
Los dos parecían llevarse bien, así que los dejé a lo suyo y le hice señas a Kyle para que me acompañara a la cocina.
—Tienes que llamar a Fiona —dije en voz baja—. Un médico debería examinar a Leo. Probablemente también necesite ver a un psicólogo.
Tenía otras preocupaciones sobre el niño, pero no estaba lista para expresarlas, ya que solo conocía a Leo desde hacía unas horas y su comportamiento podría no ser el habitual.
Era comprensible que estuviera asustado y alterado, y quizá estaba demasiado nervioso para hablarnos o expresar sus necesidades.
Pero lo vigilaría de cerca y compartiría mis observaciones con la trabajadora social si me parecían relevantes.
—No sé mucho de niños pequeños —dijo Kyle—. Mi única experiencia es con mis sobrinos, pero hay algo raro en él, ¿no?
Asentí, aliviada de que Kyle también se hubiera dado cuenta.
—Aun así, es demasiado pronto para decir nada —continuó—. Necesita tiempo para adaptarse.
—Es verdad, pero el médico tiene que ver los moretones mientras todavía están frescos —dije—. Y a saber si tiene lesiones internas.
—Llamaré a Fiona ahora mismo —dijo Kyle.
Cogió el móvil del mostrador y salió al jardín para hablar sin que Leo lo oyera.
Puede que fuera un niño, pero tenía edad suficiente para entender que los adultos estaban decidiendo qué era lo mejor para él sin consultarle.
Cuando Kyle volvió a entrar, parecía un hombre al que acababan de darle instrucciones precisas.
—¿Qué ha dicho Fiona? —pregunté.
—Me ha dicho que lleve a Leo al London. Ella se encargará de que lo vea un pediatra, y mientras lo examinan, yo visitaré a Amy.
—¿Hay alguna novedad?
—Amy no ha recuperado el conocimiento. Eso es todo lo que Fiona ha podido decirme.
Contuve la inquietud que me provocó oír hablar del estado de Amy y asentí.
—Déjame prepararle una bolsa a Leo. Puede que necesite cambiarse de ropa, y le meteré algo de picar y un zumo por si le entra hambre.
—Gracias, Nic —dijo Kyle—. Sé que esto no te resulta fácil, sobre todo porque Amy es seguramente la última persona a la que querrías ayudar.
—No lo hago por Amy. Lo hago por Leo —dije, y pillé a Leo mirándome desde la otra habitación. Le sonreí. No me devolvió la sonrisa, pero su mirada me dijo que sabía que podía confiar en mí.
Leo volvió al Lego y cogió dos piezas más sin esperar a que Ava se las diera. Era poca cosa, pero era un avance.