Capítulo 5
Llegué a casa más tarde de lo esperado, le mandé un mensaje a Jonah y subí corriendo a cambiarme mientras Kyle y Ava veían un episodio de Peppa Pig en el salón. Cuando sonó el teléfono, me emocioné al ver que era Jonah.
—Hola, ¿qué tal? —dije—. Cuánto tiempo sin hablar.
—Lo sé. Lo siento —dijo Jonah—. Quise llamarte muchas veces, pero siempre surgía algo.
—¿Va todo bien?
—Sí y no —respondió Jonah con cansancio—. Tanya ha abierto hace poco un segundo local.
Me fijé en que había dicho «Tanya» y no «nosotros». Jonah seguía viendo las panaderías como algo exclusivo de Tanya, no suyo, aunque eran una familia, una unidad. Y que yo supiera, él había ayudado con los repartos.
—Eso es estupendo. Felicita a Tanya de mi parte —dije—. Aunque no pareces muy contento.
—Lo estoy. No es eso —dijo Jonah—. Es que andamos muy agobiados, con una niña nueva de la que cuidar.
—¿Habéis tenido un bebé? —exclamé.
—No. Te lo habría dicho —dijo Jonah—. Mi prima Joyce falleció hace poco.
Cáncer colorrectal —añadió con un hondo suspiro—.
Joyce era madre soltera, y si no interveníamos, su hija Brianna habría acabado en acogida.
Así que Tanya y yo lo hablamos y pedimos al tribunal que nos nombraran tutores legales de Brianna.
—Qué generoso por vuestra parte.
—Es lo que cualquiera haría —dijo Jonah, pero eso no era cierto, y ambos lo sabíamos. Hoy en día, la mayoría de la gente no se haría cargo del hijo de otro, al menos no sin reparos y pensárselo mucho. Un niño era una responsabilidad, un gasto, y para algunos, una carga que no querían asumir.
—¿Cuántos años tiene Brianna? —pregunté.
—Tiene doce. Estuvo triste mucho tiempo. Brianna y Joyce estaban muy unidas. Pero creo que por fin hemos pasado lo peor. Adora a Natalie, y Tanya la deja ayudar en la panadería. A Brianna le encanta atender a los clientes.
—Me alegro de que se esté adaptando. No me imagino lo difícil que debe de ser para ella seguir adelante sin su madre.
—Lo creas o no, tener a Brianna aquí nos ha unido más a Tanya y a mí —dijo Jonah—.
La muerte de Joyce nos hizo darnos cuenta de lo que de verdad importa y de lo fácil que sería perder todo lo que queremos.
Tanya ha contratado encargados para los dos locales y ahora pasa más tiempo en casa. Estamos pensando en ampliar la familia.
Pude oír la sonrisa en la voz de Jonah, y saber que era feliz me llenó de alegría.
—Oh, Jonah, eso es maravilloso.
—Todavía es pronto, pero quizá para el año que viene por estas fechas. ¿Y a ti cómo te va? —se apresuró a preguntar, claramente deseoso de cambiar de tema.
Le hice un breve resumen de los últimos meses y pasamos unos minutos hablando de lo que había pasado en mi vida.
—Entonces, ¿estás trabajando en algún proyecto nuevo? ¿Puedo ayudarte en algo? —preguntó Jonah, que volvía a sonar como el de siempre, lleno de entusiasmo.
—Todavía no, pero precisamente hoy he dado con una historia que me ha intrigado. ¿Qué dirías si te contara que un clérigo se ahorcó en su propia iglesia?
A la pregunta le siguió una larga pausa mientras Jonah sopesaba la posibilidad.
—¿Ahora o en el pasado?
—En 1816.
—Siendo yo mismo clérigo, me vería tentado a decir que ningún hombre de Dios haría algo así, pero supongo que toda regla tiene su excepción. O…
—¿O? —lo animé a continuar, aunque sabía perfectamente lo que Jonah estaba a punto de decir.
—O lo asesinaron y lo hicieron pasar por un suicidio.
—Supuestamente las puertas estaban cerradas por dentro.
—O eso hicieron creer —respondió Jonah.
—Y nadie excepto Rosina De Winter tenía motivo.
—A menos que alguien más lo tuviera y aprovechara la situación para sus propios fines.
—Me encantaría averiguar qué pasó realmente —dije, dejando claro a Jonah lo que le estaba pidiendo.
Pude oírlo sonreír a través de los kilómetros.
—No te prometo nada, ¿eh?, pero déjame ver qué puedo averiguar.
—¿Crees que habrá algo que encontrar?
—No me imagino que el ahorcamiento de un vicario en su iglesia pasara desapercibido.
Puede que no haya un informe oficial ni un veredicto del forense, ya que el cuerpo fue reclamado por la Iglesia, seguramente antes de que pudiera realizarse una investigación oficial, pero tiene que haber algún registro de lo ocurrido.
—Estupendo. Espero que puedas dar con ello.
—Tengo que admitir que me hace ilusión la búsqueda. Hace demasiado tiempo que no me sumerjo en un misterio histórico, y me vendría bien algo menos personal en lo que ocupar la cabeza.
—Te agradecería muchísimo cualquier cosa que puedas aportar. Mientras tanto, veré qué puedo averiguar sobre Rosina.
Nos despedimos y Jonah colgó. Mientras dejaba el teléfono, ya sabía que, aunque aún no había descubierto nada concreto, esta era una historia de la que no iba a poder apartarme.