La boticaria de Dern Capítulo 19 - Einar #2
79%

Capítulo 19 - Einar #2

A ti también te gusta, diría. Solo estás poniendo la cara de alguien a quien no le gusta, que es la cara que pones ante cualquier cosa que te gusta porque en algún momento te enseñaron que querer tiene un precio y todavía estás calculando si puedes pagarlo.

Tenía razón más a menudo de lo que resultaba cómodo.

Y Signe también lo tiene. Los ojos de Einar en su cara, que ven lo que pasa antes de que se diga, que comprueban el estado de las cosas con la precisión que él tenía.

Tres años criando a Signe y a veces esos ojos me hacen pararme, no de forma dolorosa, sino de la forma más cercana a tener a Einar presente que aún existe.

Lo cual es mucho.

Por ahora, es mucho.

✿

Lo que pasó esta semana y me trajo al rincón sur esta noche:

Signe tarareó la canción. No estoy del todo seguro de que fuera sin querer, Signe tiene esa forma de hacer cosas por accidente que no son del todo accidentes, heredada de Einar que hacía lo mismo con esa sonrisa que aparecía después de oh, simplemente salió.

La intención estaba ahí antes de la ejecución. Solo la declaración llegó tarde.

Alana escuchó la canción y reconoció la forma en la campana.

Lo supe porque lo supe, no necesité que nadie me lo dijera para saber que lo había reconocido.

Cuando pasó por la plaza más despacio de lo habitual al día siguiente.

Cuando se quedó cerca de la campana más tiempo del que requiere pasar de largo.

Cuando nos cruzamos en el camino y había algo distinto en cómo me miraba, no la mirada evaluadora de siempre sino la mirada de alguien con información nueva que sopesa cómo manejarla.

No dije nada.

Ella no dijo nada.

Y los dos sabíamos que el otro sabía.

Lo cual es el estado de muchas cosas entre nosotros que he aprendido a reconocer como un lenguaje propio: conocimiento mutuo no dicho que existe de todos modos, que va al hierro sin que nadie lo pida, que permanece.

Las palabras son la última parte de la conversación, no la primera, diría Einar. Llevas meses conversando, Vid. Solo que aún no has llegado a la parte de hablar.

Tenía razón más a menudo de lo que resultaba cómodo.

Alana que preguntó por la lavanda del claro, para quienes perdieron a alguien y ya no encuentran el camino de vuelta a sí mismos.

Que no dijo que era para mí.

Que no necesitaba decirlo.

✿

Levanté la tela.

No del todo, solo lo suficiente para ver el gancho sin moverla de su sitio, que es una distinción que importa porque quitar la tela del todo habría sido otro tipo de declaración, una para la que no estaba preparado esta noche.

Ya había bastantes cosas que hacer esta noche sin añadir una declaración más.

El gancho de Einar es hierro con esa cualidad particular de su trabajo, la cualidad de ligereza que no sé cómo forjar y que él forjaba sin saber cómo, el tipo de don que existe fuera de la técnica y que por tanto no se puede enseñar ni aprender, solo puede existir o no existir.

El objeto correcto, con el peso correcto, con esa sensación de algo que existe en exactamente la proporción que debería, ni más ni menos.

Los objetos de Einar tenían proporción.

Los míos tienen durabilidad.

Durabilidad y proporción deberían existir en el mismo herrero, pero no en mí. En mí existen por separado: mis piezas duran más de lo que deberían y llevan intención; las piezas de Einar existían en la medida justa y hacían que quien las usara sintiera lo que necesitaba sentir.

Dones distintos. No sé cuál es más valioso. Probablemente una pregunta sin respuesta correcta, el tipo de pregunta que Einar plantearía y luego respondería con esa sonrisa que significaba sabes que no tiene respuesta, pero la pregunta es buena de todos modos.

Miré el gancho durante un tiempo que no puedo medir.

En el roscado sin terminar, en el punto donde el acabado le habría dado a ese gancho la forma final para sostener el cuadro de la señora Edra, hay algo específico de lo que existió y ya no existe: la mano de Einar, que estaba trabajando ahí cuando fue interrumpida y nunca volvió a terminar.

La mano de Einar tocó ese gancho por última vez.

Lo sé como se saben ciertas cosas, no por razonamiento, sino antes de que el razonamiento llegue a confirmarlo.

Hice el gancho de la señora Edra después.

Uno de los míos, con la durabilidad que es lo que puedo ofrecer, que sostiene sin la ligereza que habría tenido el de Einar.

La señora Edra nunca notó la diferencia porque nunca vio el gancho de Einar, que quedó cubierto.

El cuadro de su hijo de Sorvane lleva cinco años en la pared, sostenido por mi gancho.

Sostiene.

Sostener es suficiente, Vid, habría dicho Einar. Siempre quieres que sea más que suficiente. A veces lo suficiente ya es lo que tiene que ser.

Tenía razón más a menudo de lo que resultaba cómodo.

Volví a cubrir con la tela.

✿

A Einar le habría gustado Alana.

Lo pensé la primera vez que cenó aquí. Lo he pensado varias veces desde entonces, de distintas maneras: después del mortero, después del hombro de Brum, después de la pregunta sobre la lavanda del claro que no dijo para quién era, después de que pasó por la plaza más despacio el día después de la canción de Signe.

A Einar le habría gustado enormemente y lo habría dicho de inmediato y con claridad, con esa manera suya de decir las cosas que necesitaban decirse antes de que supieras que necesitaban decirse, esa manera que me irritaba y que ahora echo de menos de modos que no puedo enumerar del todo porque la lista es más larga que las palabras que tengo para describirla.

A ti también te gusta, diría. Solo estás poniendo cara de que no.

Y luego esperaría, que es lo que Einar hacía después de decir la verdad: la decía y esperaba, porque la verdad a veces necesita tiempo para ser asimilada antes de poder hacer algo con ella, y él lo sabía mejor que nadie.

Lo sabía de mí en particular.

Estoy en ello.

Más despacio de lo que debería.