Capítulo 19 - Einar
Vidar
La pieza llevaba seis años en el rincón sur.
No sé exactamente el día en que la cubrí con el paño de lino, fue después de que ya no pude mirarla y antes de poder tirarla, que es un período sin duración precisa pero que ocurre después de perder a alguien: el período en que todavía no sabes qué hacer con lo que quedó, así que lo cubres y esperas que el tiempo resuelva lo que la decisión no puede.
El tiempo no lo resolvió. La pieza siguió cubierta.
En Dern no se pregunta lo que no se ha ofrecido.
Es una regla que existe por razones que este paño de lino ilustra bien: toda la isla sabe del paño y nadie ha preguntado en seis años, porque preguntar requeriría que yo tuviera una respuesta para algo que todavía no la tiene, y forzar una respuesta antes de tiempo no resuelve nada, solo cierra.
Eso lo aprendí de Einar, que era la persona más paciente que conocí en el sentido específico de paciente con las limitaciones ajenas.
Decía que la mayoría de la gente no es menos de lo que podría ser por falta de voluntad sino por falta de tiempo suficiente, una distinción que parecía ingenua cuando la decía pero que tras treinta años de convivir con otros demostró ser más acertada que errónea.
Era así con todo. Era así conmigo en particular: yo tardaba más en avanzar de lo que él consideraba necesario, y esperaba con esa paciencia que nunca parecía costarle nada pero que yo sabía que sí le costaba, porque yo no la tengo y podía ver lo que costaba tenerla.
Alana vio el paño el primer día que entró en la fragua.
Vi que lo vio. Se fue sin preguntar. Semanas después dijo que lo había visto y que no iba a preguntar, lo cual es distinto de simplemente no preguntar: decir que lo viste y no vas a preguntar es una elección declarada, un tipo de respeto diferente y más preciso, uno que requiere más que el silencio común.
Dije hmm y no dije nada más.
Einar habría dicho algo. Habría encontrado las palabras que yo no encontré. Pero Einar no estaba allí para encontrar las palabras que yo no encuentro, y eso es casi siempre lo más pesado de lo que quedó: no la ausencia de sus palabras sino la ausencia de la posibilidad de que las dijera.
Esta noche, después de que Signe se durmiera y Brum estuviera en su lugar habitual junto a ella con esa dedicación de tejón marino al sueño que a veces envidio de verdad, fui al rincón sur.
Me quedé con la mano en el borde del paño durante un tiempo que no supe medir.
Alana que dijo que lo había visto y no iba a preguntar.
Alana que preguntó por la lavanda del claro.
Alana que fue a la ladera sur con Signe y después de ir a la ladera sur Signe recordó más de la canción de su padre, que Alana reconoció en la campana sin proponérselo, el tipo de cadena de cosas que su don produce sin que nadie declare que lo está produciendo.
Lavanda del claro para quienes perdieron a alguien y ya no encuentran el camino de vuelta a sí mismos.
No pregunté nada sobre la oferta.
Pero no la rechacé.
Que en Dern son cosas distintas.
✿
La pieza es un gancho de pared.
No es una pieza elaborada, Einar estaba haciendo algo simple el día que murió, el tipo de encargo que un herrero hace automáticamente después de años de práctica, las manos trabajando mientras la mente está en otra parte.
Un gancho de pared para la señora Edra, que necesitaba uno para colgar el cuadro que su hijo había enviado desde Sorvane, que llevaba seis meses apoyado contra la pared porque la señora Edra no podía perforar la piedra y nadie se había ofrecido a ayudarla todavía.
Einar estaba haciendo el gancho cuando fue al puerto durante el intervalo de enfriamiento.
No volvió.
El gancho quedó en la superficie de trabajo sin terminar, en el punto donde el roscado todavía necesitaba el acabado final, con esa apariencia de algo interrumpido a mitad de proceso, que es la apariencia más difícil de todos los tipos de inacabado.
Lo inacabado por elección tiene la cualidad de posibilidad: se completará cuando sea el momento adecuado.
Lo inacabado por interrupción tiene la cualidad de una pregunta sin respuesta que el tiempo no resuelve, que permanece como pregunta porque nunca tendrá respuesta, porque el tiempo que fue interrumpido no es recuperable como lo son otros tipos de tiempo.
El gancho siguió exactamente donde estaba.
Lo cubrí con el paño de lino porque no podía mirarlo.
No lo tiré porque es de Einar, razón suficiente incluso cuando no tengo lógica más elaborada que esa.
No lo terminé porque terminarlo parecería declarar que Einar no iba a volver a terminarlo, el tipo de declaración que durante meses no estuve preparado para hacer.
Y después de esos meses se convirtió en el estado permanente: no terminado, no tirado, cubierto. Cada vez que pensaba en cambiar algo, el cambio parecía pedir más de lo que tenía disponible en ese momento, así que lo dejaba para el siguiente, y el siguiente llegaba con la misma cuenta.
Seis años de paño de lino.
✿
Lo difícil de perder a Einar no es lo que fue difícil en los primeros meses.
En los primeros meses fue la presencia que había estado allí y dejó de estar: el volumen de espacio que el ruido de Einar ocupaba cuando estaba presente, que desapareció de una manera que hizo el silencio diferente de cualquier silencio anterior.
La fragua sin Einar tiene un silencio que la fragua con Einar nunca tuvo, porque Einar nunca estaba completamente callado, no de forma ruidosa, sino presente: siempre había algo, un comentario, un silbido, el ritmo específico de su trabajo, diferente del mío, que creaba un contrapunto.
Esa parte se convirtió en el tipo de dolor que duele menos con el tiempo, no porque se volviera menos importante sino porque el cuerpo aprende a convivir con él sin que interrumpa lo que necesita hacerse.
El dolor que no interrumpe es dolor que ha sido incorporado, que es lo que el trabajo enseña: nada se detiene para el trabajo, así que el trabajo te enseña a arreglártelas con lo que tienes mientras el dolor está presente.
Lo difícil ahora es otra cosa.
Es la canción.
La canción que estaba en mí antes de saber que estaba, que es música de familia más antigua que cualquiera de nosotros, que Einar tarareaba mientras trabajaba y que yo tarareo cuando el trabajo va lo suficientemente hondo como para que la mente no esté del todo controlando lo que el cuerpo hace.
Los labios cantan. Me doy cuenta a veces, cuando me doy cuenta demasiado tarde para detenerme sin que detenerme sea más extraño que continuar, así que continúo, y esa es la única manera en que canto la canción de Einar: sin haberlo decidido, demasiado tarde para no hacerlo.
Cuando Signe preguntó si la conocía, dije que no la recordaba bien.
La recuerdo.
Cada nota. Cada variación en el tercer compás que hace que la melodía no cierre del todo, que es lo que le da esa cualidad de cosa suspendida, la cualidad que pasó a la campana, que pasó al hierro esa noche junto con todo lo demás que estaba disponible.
La campana tiene la forma de la canción porque yo tenía la forma de la canción cuando forjé la campana, que es como funciona el don: no actúa sobre lo que declaras, actúa sobre lo que tienes.
Y lo que yo tenía era la canción de Einar y el anhelo por quien se había ido y la capacidad de forjar ambas cosas en hierro de maneras que el hierro retiene.
La campana aguanta.
Cada noche desde entonces.
Signe lo vio.
Dijo que Einar tarareaba lo mismo. Claro que sí, crecimos con esa canción, es de la familia, más antigua que nosotros dos.
Lo que no sabía era que Signe había conectado las dos cosas, el tarareo del padre y el del tío, que son la misma melodía en bocas distintas y que Signe oye como una sola, y posiblemente tenga razón.
Y Alana reconoció la forma en la campana.
Lo supe porque lo supe, no necesité que nadie me lo dijera para saber que lo había reconocido.
Hay formas de saber cosas sobre las personas sin que tengan que decirlo, que es lo que pasa cuando prestas atención el tiempo suficiente: la manera en que alguien mira algo cambia cuando sabe algo nuevo sobre eso, y quien presta atención ve el cambio antes de que se diga.
Alana presta atención. Eso quedó claro desde el primer día, cuando entró en la forja y vi sus ojos recorrer el espacio con esa forma particular de quien registra todo antes de hacer cualquier otra cosa.
Reconoció la forma de la canción en la campana.
Y no dijo nada.
Lo cual es, en Alana, el equivalente a que yo haga un hmm y no diga más: reconocimiento que existe pero espera el momento adecuado para ser nombrado, el tipo de respeto que aprende quien ha vivido en Dern el tiempo suficiente.
Ha vivido en Dern el tiempo suficiente.
Lo cual es, me doy cuenta, información que ya estaba ahí antes de que formulara lo que significa.
✿
A Einar le habría caído bien Alana.
Eso pensé la primera vez que cenó aquí, cuando se rio de algo que dijo Signe y la risa se le escapó sin filtro, y luego miró de reojo para ver si yo la había juzgado, con esa mirada rápida de quien dejó salir más de lo que pretendía y comprueba el efecto.
Y yo no la había juzgado porque no había razón, pero había dejado de remover la olla un segundo, que es lo que pasa cuando algo es distinto de lo que esperabas de una forma que no es negativa pero que el cuerpo registra antes de que la mente decida qué hacer con ello.
A Einar le habría encantado. Se habría quedado hasta tarde haciendo las preguntas que yo no hago, habría descubierto la historia de Caldavar y la audiencia y la poción que curó lo que no debía en el momento justo, y le habría gustado exactamente eso, la poción que curó lo que no debía en el momento justo, porque Einar tenía esa manera particular de apreciar las cosas que son lo que son en lugar de lo que deberían ser, una manera que entiendo intelectualmente pero que no tengo como él la tenía.