La boticaria de Dern Capítulo 18 - La música de Einar #3
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Capítulo 18 - La música de Einar #3

Escribo y lo que escribo es más pequeño que lo que está presente, como siempre pasa con las cosas que tienen más dimensiones de las que las palabras pueden abarcar a la vez.

La canción tenía cuatro compases. El análisis tiene páginas.

Pero las páginas son una aproximación y los cuatro compases son lo real.

Así que escribo lo esencial:

La campana tiene la forma de la canción de Einar. La canción estaba en Vidar antes de la campana. La campana lleva eso. Y lleva el anhelo de hace seis años, y el duelo de hace tres, y todo lo que pasó al hierro esa noche. La campana suena con todo ello porque eso es lo que es la campana.

Me detengo. Releo.

Añado, con letra más pequeña:

El don actúa sobre lo necesario. Lo necesario para Signe incluía recordar la canción.

Lo necesario para mí incluía escuchar la canción de Signe.

Lo que ha sido necesario desde hace más tiempo, antes de mí, antes de Signe, antes del té, es algo que aún no sé nombrar del todo, pero cuya forma es más clara de lo que era antes de este martes.

Y debajo, con letra aún más pequeña, porque es la observación que roza el límite de lo que puedo decir:

Si la canción de Einar está en la campana, y si la campana enmudece, lo que cambia es lo que la campana contiene. Lo cual es una pregunta que aún no sé formular pero que se ha formado de todos modos, esperando el momento adecuado para hacerse.

Cierro el cuaderno.

La campana suena una vez a las diez.

Cuatro toques. Variación en el tercero. Sin resolución completa.

Esta vez no me quedo al borde del sueño con el sonido, estoy completamente despierta, sentada en la cama con la manta de lana de Dern, escuchando.

La melodía de Signe también está presente, la canción de Einar que Vidar canta moviendo los labios sin darse cuenta mientras trabaja, que entró en el hierro hace seis años con todo lo demás que había disponible en el momento de alguien que sentía más de lo que podía contener.

La campana suena.

Cuatro toques. La variación. El espacio después donde debería haber llegado la resolución.

Me quedo con el espacio.

En ese espacio, en esa fracción de segundo en que la campana ya ha terminado pero el aire aún lleva lo que dejó, la pregunta permanece, la que aún no sé formular pero que está presente de todos modos en la noche de Dern con el jardín húmedo afuera y el humo blanco que ya no existe a esta hora pero existirá por la mañana cuando el roble prenda en la fragua y el día de Vidar comience de nuevo.

Duermo al fin.

Pero antes de dormir me quedo con una última cosa: Vidar que fue a la ladera sur después de tres años.

Vidar que recogió lavanda. Vidar que hizo las piezas para la botica.

Vidar que forjó el mortero por la noche con la inscripción que describe el don de Alana.

Vidar que preguntó por la lavanda del claro.

Cada una de estas, sola, es un dato.

Todas juntas son algo más.

Algo que tiene un nombre que aún no he dicho, pero que reconozco por su forma antes de que llegue el nombre.

De la misma manera que reconocí la canción de Einar en la campana antes de entender que era la campana lo que estaba reconociendo.

El nombre llegará.

Y cuando llegue habrá sido el nombre desde el principio, que es como son siempre los nombres verdaderos: no llegan como información nueva, llegan como reconocimiento de algo que estaba ahí antes de que el nombre viniera a confirmarlo.

Como la canción de Einar en la campana. Como la forma de la campana que escuché en Signe antes de entender que estaba escuchando la campana.

Como la campana misma, que existe desde hace seis años y que aprendí gradualmente, toque a toque, hasta que el silencio después de ella es parte de Dern que incorporé sin darme cuenta de que lo estaba incorporando.

El nombre llegará así.

Ya está llegando.

Y la pregunta que aún no sé formular pero que está presente de todos modos esta noche, en esta botica, con el jardín húmedo afuera y la campana que sonó a las diez y se detuvo y el silencio después que tiene esa cualidad específica del lugar donde debería haber llegado la resolución y aún no ha llegado, es esta:

La campana lleva lo que lleva.

Cuando deje de llevarlo, ¿qué pasa?

Cuando el anhelo encuentre adónde ir, la campana cambiará.

El hierro que contiene intención la contiene mientras la intención existe. Cuando la intención se resuelve, ¿qué hace el hierro?

No sé la respuesta.

Pero me quedo con la pregunta como me quedo con las cosas de Dern que aún no tienen un sistema: presente, sin forzar lo que viene después, dejando que lo que llega llegue al ritmo que tiene.

Que es, descubro esta noche, la manera más completa de estar con algo que aún está sucediendo: estar con ello mientras sucede, sin apresurar el final ni el medio, simplemente aquí.

La campana sonó.

El silencio después está aquí.

Yo también estoy aquí.

Lo cual es suficiente.

✿

La canción de Einar estaba en la campana antes de que yo supiera escucharla. Estaba en Signe antes de que el té abriera espacio para recordar. Estaba en Vidar antes de que Vidar supiera lo que estaba poniendo en el hierro.

Simplemente estaba. Como están las cosas verdaderas: antes de ser reconocidas, antes de ser nombradas, antes de que nadie notara que estaban ahí.

Duermo.

✿