La batalla del reino invisible (Los príncipes guerreros 1) Capítulo 20 - Hacia el viento #3
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Capítulo 20 - Hacia el viento #3

—Rocco fue un gran príncipe guerrero, pero siempre sentía curiosidad por Skotos. Bajaba continuamente al Puente de las Lágrimas para mirar al otro lado del abismo. Parecía sentir que del otro lado había algo para él, algo que le faltaba de este lado del puente.

Iván se inclinó hacia su hermano, tapándose la boca con la mano.

—Ese debe ser el puente que vimos al llegar—susurró.

Javier lo empujó suavemente para que guardara silencio.

El haz de luz que salía de la mano de Ruaj mostró a un príncipe guerrero cruzando lentamente el Puente de las Lágrimas y deteniéndose en el centro, donde la escalera de piedra se transformaba en vigas metálicas.

Mariposas revoloteaban alegremente a su alrededor, con ojos rojos brillantes, aunque el guerrero no parecía notarlas.

—Los Entes le contaban historias fantásticas sobre las maravillas de Skotos—prosiguió Ruaj—. La Fuente le decía siempre que eran mentirosos y engañadores, pero Rocco fue dejandose seducir cada vez más por sus relatos.

—¿Esos insectos pueden hablar?—preguntó Manuel en voz baja.

—Oh, sí que pueden—murmuró Beatriz con un suspiro.

Otra figura apareció en la escena: esta era mucho más grande, con forma humana, pero muy oscura y alargada, como una sombra proyectada en la pared.

—Entonces, un día, Poneros fue al encuentro de Rocco en el puente. Le prometió todas las riquezas de Skotos, un reino propio, si robaba la llave y se la entregaba a él en su fortaleza.

Aparecieron más imágenes: un castillo hermoso, montañas de oro, una mesa repleta de comida.

—¿Cómo supo Poneros de la existencia de las habitaciones? ¿O de la llave?—preguntó Javier.

—Había estado en la Cueva muchas veces, antes de su rebelión. Conocía el secreto de las habitaciones. Pero no sabía dónde se escondía la llave.

—¿Por qué quería la llave?—preguntó Lucas.

—Creía que mantener el contenido de esas habitaciones oculto a todos los príncipes guerreros era la clave para asegurar su victoria en Ahóratos—respondió Ruaj—.

Pero no se atrevía a venir a buscarla él mismo.

Necesitaba un aliado, alguien dispuesto a traicionarnos.

Rocco aceptó la oferta. Robó la llave y se la llevó a Poneros.

La imagen en movimiento del haz de luz mostró a Rocco, el príncipe guerrero, abriendo la caja y sacando una llave. La siguiente imagen mostró a Rocco entregando la llave a una figura sombría.

Iván observó la hilera de puertas misteriosas y cerradas con candado que había en los pasillos oscuros.

—Entonces, lo que hay en esas habitaciones debe de ser muy importante. ¿Qué es exactamente?

Hizo la pregunta con un tono casual, como si pensara que podría engañar a Ruaj para que se lo dijera. Ruaj permaneció en silencio. Iván se encogió de hombros como diciendo: Bueno, lo he intentado.

—¿Entonces, ahora Rocco es rey allí, o qué?—preguntó Lucas.

—Nada más lejos. Es un prisionero, encerrado en la mazmorra de la Fortaleza de Caos. Se da cuenta del error que cometió y ahora ruega para ser liberado.

La visión del hermoso castillo volvió, pero luego cambió ante los ojos de los chicos.

Las finas paredes de piedra y las torres se derritieron, dejando solo un desordenado esqueleto de vigas y soportes metálicos.

Los colores de los jardines y del paisaje circundante se convirtieron en una desagradable mezcla, como cuando se juntan demasiados colores de pintura al mismo tiempo. La imagen era de desolación y tristeza.

Luego, la visión desapareció por completo. Ruaj volvió a meter su mano en la túnica. Los chicos permanecieron en silencio durante un largo momento, perturbados por la historia que acababan de escuchar y ver.

—Entonces ¿quieres que nosotros vayamos allí, a esa fortaleza, y rescatemos a Rocco?—preguntó por fin Javier. ¿Pero por qué? Te traicionó. Te robó. Está recibiendo el castigo que se merece.

—Tú no me abandonaste cuando me quedé atrapado—señaló Lucas.

—Eso es distinto.

—No, no lo es. ¿Verdad, Ru?—Lucas miró al guía de manera significativa.

La capucha de Ruaj asintió lentamente.

—Ustedes llevan puestas las botas de la paz. Para llevar las buenas noticias a los prisioneros que deben ser liberados. Y todo preso debe tener la oportunidad de experimentar la libertad.

—¿Cómo pueden unas noticias liberar a un prisionero? —preguntó Iván, frunciendo el ceño—. ¿No necesitamos sierras para cortar los barrotes? ¿O dinamita? ¿Y espadas para luchar contra los guardias?

—Solo necesitan esto.—Ruaj sacó de entre sus ropas un pequeño pergamino, sellado con el Blasón de Ahóratos. Se lo entregó a Lucas—. Cuídalo con esmero hasta que se lo entregues a aquel que necesita ser liberado.

Lucas tomó el pergamino, sonriendo un poco al ser el elegido para llevarlo. Lo colocó cuidadosamente en su bolsillo. Ruaj mostró su aprobación.

—¿Y nuestras instrucciones?—solicitó Javier.

Ruaj alzó sus largos brazos hacia una esquina oscura de la habitación. Esta se iluminó, revelando un pasaje largo y recto, al final del cual brillaba un objeto que los chicos reconocieron al instante.

—¡El Libro!—exclamó Beatriz.

El Libro se precipitó hacia ellos mientras Ruaj lo atraía. Esta vez fue Manuel quien se agachó para cubrirse, convencido de que se estrellaría contra ellos. Los otros chicos apenas contenían la risa, excepto Iván, que se rio a carcajadas.

—¿Han visto cómo se ha agachado?—se burló.

—Sí, y te vi hacer lo mismo a ti en otra ocasión—le recordó Javier, dándole un golpecito en el cogote.

Manuel se asomó por encima de sus brazos y observó con asombro el libro dorado que parpadeaba sobre el pedestal ornamentado.

—¡Madre mía! En mi vida he visto un holograma tan realista.

—Eso es porque no es un holograma—corrigió Lucas.

Ruaj se acercó al Libro y alzó su brazo cubierto por su túnica; las páginas comenzaron a pasar solas y luego se detuvieron. Las palabras surgieron de la página y se reorganizaron en el aire, por encima del Libro:

M IRA HACIA ADELANTE ,

Y FIJA TUS OJOS EN LO QUE ESTÁ FRENTE A TI .

Las palabras flotaron por un momento antes de que Ruaj pareciera tomarlas del aire y lanzarlas dentro de cada uno de los orbes de las corazas de los chicos, donde comenzaron a girar, haciendo que los círculos brillaran. Manuel tocó su orbe, tratando de averiguar cómo funcionaba.

—No había visto nunca antes esta tecnología de proyección—murmuró—. Ojalá tuviera mi cuaderno…

Ruaj comenzó a pasar las páginas otra vez. Todos los chicos observaban, conteniendo el aliento, mientras un nuevo conjunto de instrucciones salía del Libro, desenredándose en el aire frente a ellos:

A FÉRRATE A MIS INSTRUCCIONES; NO LAS DEJES IR .

G UÁRDALAS, PORQUE SON LA CLAVE DE LA VIDA .

—¿Las instrucciones de quién?—preguntó Manuel.

—De la Fuente—contestó Beatriz. Es quien escribió El Libro.

—Pero ¿cuáles son las instrucciones?—insistió Javier, aún sin comprender—. Por ejemplo, ¿cómo llegamos a Skotos? ¿Y cómo entramos a la fortaleza?

—Sí, y ¿cómo evitamos que nos atrapen y nos conviertan en Impostores?—añadió Beatriz.

—Su armadura los guiará—respondió Ruaj con tranquilidad, como si no le preocuparan las dudas de los chicos.

—Creo realmente que vamos a necesitar más equipamiento—comentó Manuel con nerviosismo—. Si vamos a entrar en territorio enemigo… quiero decir, puede haber guardias con espadas y lanzas y quizás artillería…

Los chicos comenzaron a hablar todos a la vez, planteando todas las objeciones que se les ocurrían.

—Recuerden, ustedes llevan puestas las botas de la paz—señaló Ruaj con su voz atronadora, haciéndolos guardar silencio—. Confíen en su armadura. Tienen todo lo que necesitan.

Y con eso, Ruaj y la Cueva desaparecieron.