Capítulo 13 - El agua sube #2
«¡Agárrense y contengan la respiración!», fue lo único que Javier acertó a gritar antes de que el agua los golpeara, ahogando cualquier otra palabra.
Todo terminó en cuestión de segundos… aunque pareció durar una eternidad.
Golpearon el agua como un meteorito y se hundieron durante unos segundos que les helaron el corazón. Luego emergieron de nuevo a la superficie, tambaleándose mientras el agua se calmaba por fin.
—¿Qué está pasando?—preguntó Beatriz, tosiendo y soltando bocanadas de agua.
—Sí, ¿qué ha sido eso?—graznó Iván—. Pensé que estábamos… pensé que…
—Cascada—consiguió pronunciar Javier, apenas logrando recuperar el aliento. Su corazón seguía latiendo con fuerza—. Acabamos de pasar por… una cascada.
—¿Una cascada? ¿Por qué no me despertaste?—exclamó Iván.
—Lo intenté. ¿Están bien?
—Creo que sí—respondió Beatriz—. Pero, ¿de dónde salió esta especie de balsa?
Lo más probable es que no te lo creas.
Te guiará al camino correcto. La instrucción nunca afirmó que sería un camino tranquilo , o un camino fácil . Solo el camino correcto .
—Ahora estamos a salvo.—Javier vio una playa más adelante y empezó a patear en su dirección.
La balsa se desinfló en cuanto sus pies tocaron el fondo arenoso.
Javier la apartó, y los tres se soltaron, chapoteando mientras intentaban ponerse de pie.
Se sentían mareados y empapados después del alocado viaje.
Javier sacudió la cabeza para sacar el agua de sus oídos.
Beatriz e Iván se tambalearon hasta la orilla y allí se desplomaron.
Javier se abrochó de nuevo el cinturón, todavía asombrado por lo que había hecho. Volvía a ajustarse a su cintura a la perfección. Se sentó en la arena, bajando la cabeza para que el mareo cesara.
—Pensé que estaba soñando—comentó Beatriz.
—Lo estabas, por un tiempo—respondió Javier—. Durante casi todo el trayecto por el río, no pude despertar a ninguno de los dos.
—¿Trayecto? ¿Río abajo?—inquirió Beatriz con los ojos bien abiertos.
—¿Por qué teníamos tanto sueño?—preguntó Iván.
—El agua que bebieron—respondió Javier—. Creo que les produjo sueño. Tal vez fue uno de los ataques del enemigo a los que Ruaj se refería.
—Desde luego, este enemigo no ataca como un enemigo normal—añadió Beatriz.
—¿Acaso no es eso justamente lo que Ruaj intentaba señalarnos?—verbalizó Iván—. Bueno, un poco de advertencia nos habría resultado útil.
—Quizás es algo respecto a lo que debemos estar siempre alerta—añadió Javier pensativamente.
—Pero, bueno, ¿dónde estamos?—indagó Iván. Se había recuperado lo suficiente como para empezar a mirar a su alrededor.
—Creo que… ya hemos llegado—contestó Javier, y señaló a espaldas de ellos.
Iván y Beatriz se dieron la vuelta, al unísono, con la boca abierta.
Por encima de ellos, posado sobre un anillo de nubes, estaba el magnífico castillo que solo habían visto desde la distancia, bañado en una luz etérea que lo hacía brillar como algo casi irreal.
Parecía extenderse al infinito, con sus numerosas torres y almenas que más bien parecían elegantes picos blancos que se alzaban hacia el cielo, suaves como el hielo.
El aire que lo rodeaba estaba lleno de pequeñas luces parpadeantes, como las que habían visto en la Cueva.
—¡Es tan… hermoso!—susurró Beatriz.
—Sí, pero ¿cómo llegamos hasta allí?—preguntó Iván. No parecía haber ningún tipo de camino.
—Bien hecho, guerreros.—La voz familiar de Ruaj interrumpió su reflexión.
Los tres se giraron y allí estaba, como si acabara de salir del agua. Parecía más grande que en la Cueva, y parecía haber algo visible bajo la oscura capucha. Javier se preguntó si lo que había visto no sería la nariz de Ruaj.
—¡Ruaj!—exclamó Javier—. ¿De dónde…?
—¡Cuánto nos alegramos de verte!—interrumpió Beatriz—. ¿Lucas está allá arriba? ¿Lo consiguió?
Ruaj negó con la cabeza lentamente.
—Me temo que no. Lucas está… atrapado.
—¿Atrapado?
—Eligió el camino equivocado. Y este siempre conduce al desastre—. Al decir esto, Ruaj se inclinó hacia Beatriz e Iván, como si no solo hablara de Lucas.
—Bueno, ¿y tú no puedes ir a buscarlo?—exigió Beatriz, dando un zapatazo—. ¿Acaso no tienes poderes mágicos o algo así?
—Me temo que las cosas no funcionan así—contestó Ruaj con auténtica tristeza en su voz—. Pero, por el momento está a salvo. Me he asegurado de ello. Vengan al castillo, coman algo, y después conversaremos sobre lo que hay que hacer. Alguien los está esperando allí.
Ruaj señaló con su largo brazo cubierto en dirección al castillo. Los niños se volvieron y, para su sorpresa, vieron una magnífica escalera que subía desde la playa y conducía al palacio. Cada escalón titilaba vibrante como si estuviera hecho de luz.
—¿De dónde ha salido eso?—preguntó Iván—. Hace un minuto no estaba ahí.
—Síganme—ordenó Ruaj, deslizándose por los resplandecientes escalones.
Beatriz vaciló.
—¿Es seguro?—preguntó con suspicacia.
Ruaj se detuvo y giró lentamente su cabeza encapuchada hacia ella. Luego, sus hombros se movieron de arriba abajo en lo que podría haber sido una especie de risa.
—¿Seguro?—repitió, con un tono repentinamente más ligero—. Puede que sí, puede que no… pero sin duda merecerá la pena.