La banquera curvilínea del dragón (La pareja voluptuosa del dragón nº 2) EPÍLOGO 1
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EPÍLOGO 1

UN AÑO DESPUÉS

BONNIE

Paso a mi primer par de gemelos de una rodilla a la otra para que mi otro par pueda estar un rato con mamá. Sí, increíblemente di a luz a dos pares de gemelos: cuatro bebés en un parto sorprendentemente fácil.

—¡Ahí estás! —dice Addie—. Venga, esta es tu recepción de boda, Bonnie. Deberías estar mezclándote con la gente. Deja que Brogan coja a sus bebés un rato.

Sonrío a Addie. Volver a verla fue una de las mejores cosas de este último año, y me ayudó muchísimo mientras me acostumbraba a ser una dragona casada con un papá dragón alfa y bestia que parece incapaz de apagar su apetito sexual (por no hablar de su ansia de poder, de dinero, de bebés...).

—Brogan sigue recordándole a Arthur que, como me dejó preñada de cuatro críos y tú solo pariste trillizos, eso significa que su polla es más grande o más potente que la de Arthur —digo poniendo los ojos en blanco—.

Le dije que me dejara al margen de su competición de hermanos a ver quién la tiene más grande.

Addie se ríe y me coge a uno de los pares de gemelos: las dos niñas, Bassie y Bia. Mis hijos Brun y Bay descansan tranquilos contra mi pecho, mirándome con los ojos verdes de su padre.

—Además, no quiero hablar con nadie más que contigo —digo—. Tampoco es que haya nadie más aquí aparte de ti.

Addie mira a su alrededor. La boda fue pequeña, desde luego.

Una ceremonia emotiva oficiada por Arthur, con la única dama de honor que habría elegido jamás.

Pero las circunstancias exigían que fuera pequeña y secreta.

Tenemos que pasar desapercibidos. Sí, aparecieron en internet algunas imágenes caóticas de la escena del banco, pero eran temblorosas y borrosas, y era difícil distinguir nada.

Unos meses después, esas imágenes desaparecieron de todos los sitios web. Lo que significaba que alguna agencia del gobierno seguía buscándonos. Por eso teníamos que vivir como si no existiéramos. De ahí que no hubiera invitados en la recepción.

—Bromeé con invitar a todas nuestras hermanas de la sororidad —digo, sonriendo mientras Addie se sienta a mi lado y saca el móvil para hacernos una selfie. Sonrío a la cámara mientras Addie mira la foto con el ceño fruncido y luego se vuelve hacia mí.

—Dios, hace como diez años que no pienso en esas chicas —dice—. Me pregunto qué habrá sido de ellas.

—Probablemente casadas con multimillonarios cambiaformas y criando bebés en castillos —digo encogiéndome de hombros—. Ya sabes, lo mismo de siempre.

Addie suelta una risa maliciosa. Luego pasa fotos en el móvil y se inclina hacia mí.

—Mira. Somos todas nosotras el último día de universidad. ¡Fíjate qué jóvenes estábamos!

—¿Quién es esa? —dice Brogan a mi espalda. Giro la cabeza y veo que él y Arthur están detrás de nosotras, copa en mano. Se inclina y señala a una de las chicas de la sororidad.

—Callie, creo —digo, mirándolo con el ceño fruncido, más por confusión que por celos. Sé que Brogan solo tiene ojos para mí. Lo noto cada día—. ¿Por qué lo preguntas?

Brogan gruñe y da un sorbo. Mira a Addie y da otro.

—Seguramente no sea nada, pero tuve una sensación extraña al mirar su foto. Parecida a la que tuve cuando elegí la foto de Addie y la emparejé con Arthur.

Me río, sin estar segura de si Brogan está borracho o qué. Pero Addie lo mira como si se lo creyera.

—Dios mío —dice Addie—. ¡Ya te dije que Brogan tiene algo raro con las fotos! ¡Creo que puede saber si una mujer es la compañera predestinada de un dragón! Por eso me eligió para Arthur.

Se vuelve hacia mí, con los ojos muy abiertos de emoción.

—Bonnie, Brogan vio una foto tuya y lo supo, simplemente lo supo, que eras suya. Así que lleva dos de dos. ¡Un récord perfecto! Dios mío, ¡Callie! ¿Dónde estará? ¿Qué estará haciendo? ¡Tenemos que conseguir que conozca a su compañero dragón!

Pero Arthur carraspea, y cuando lo miramos está negando con la cabeza.

—Aunque me cuesta creer que Brogan se haya convertido de repente en un casamentero psíquico, la triste verdad es que esto no va a ninguna parte.

—¿Por qué? —dice Brogan.

—Porque somos los últimos dragones —dice Arthur con suavidad.

Mira a sus sobrinas y sobrinos, y luego al otro lado del salón, a sus trillizos de dos años: Ainslie, Asher y Arnold—.

Esto es todo, amigos. No hay dragones solitarios vagando por el mundo en busca de sus compañeras.

Siento aguaros la fiesta, pero es la pura y cruda realidad.

Arthur gruñe cuando sus hijos tiran una mesita auxiliar y derraman vino tinto por toda la alfombra. Se dirige hacia ellos de inmediato y les echa una buena bronca, y Addie aprovecha para acercarse a Brogan y a mí.

—Yo apuesto por el sexto sentido de Brogan —susurra con los ojos brillantes—. Puede que todavía haya dragones que Arthur desconoce.

—La única forma de que eso pudiera pasar —dice Arthur mientras vuelve con nosotros— es que esos hombres no sepan que son dragones.

—¿Cómo puedes no saber que eres un dragón? —dice Brogan.

—Si nunca te has transformado —dice Arthur—.

Si la sangre de dragón corre por sus venas pero no estaban vivos hace trescientos años, cuando todos los dragones aún podían transformarse, puede que no sepan que son cambiaformas.

Pueden tener sueños y visiones, incluso estar locos, quizás ser violentos.

Pero no hay forma de encontrar a estos dragones latentes.

No sabrían cómo ponerse en contacto conmigo. Son almas perdidas, chicos.

Brogan sonríe, quitándole hierro a las palabras de Arthur.

—¿Te estás rindiendo ante el destino, colega? Venga, Arthur. ¿Dónde está tu fe en el universo? No me obligues a meterte algo de sentido común a tortazos en esa cabezota el día de mi boda, y encima delante de tus hijos.

Brogan se lame los labios y se frota las manos, y con un rugido Arthur se le echa encima.

Addie y yo estamos acostumbradas a que estos alfas centenarios se peleen como perros rabiosos solo por diversión, así que nos apartamos mientras se dan puñetazos y patadas y gritan, con todos los hijos de Arthur aplaudiendo y animando a su padre y a su tío.

—Pero en serio —dice Addie mientras miramos la fotografía—. ¿Dónde está Callie?

Me encojo de hombros.

—La última vez que supe de ella, había sacado un máster en psicología y ahora es terapeuta o consejera o algo así.

—¿Consejera? ¿En un colegio o algo así? —dice Addie.

Lo pienso un momento.

—En realidad, creo que era en una prisión, aunque parezca mentira.

Addie parpadea y traga en seco.

—Arthur dijo que alguien con sangre de Dragón podría volverse violento y perder la cabeza si no entendía lo que era. ¿Crees que Callie está destinada a conocer a su compañero en la prisión?

Parpadeo mientras sigo el razonamiento de Addie.

—Puede ser. Aunque también podría significar que está en peligro. O sea, nuestros compañeros sabían lo de sus Dragones, y aun así les costaba controlar toda esa agresión reprimida. ¿Sería capaz un tipo loco y violento de controlar a su animal en cuanto vea a su compañera?

Addie y yo nos quedamos en silencio. Luego suspiro y saco el móvil. Addie hace lo mismo, y enseguida da con algo.

—He encontrado su número en una web del gobierno —dice triunfante—. Voy a llamar a Callie la Consejera.

Asiento, sabiendo que Addie está usando un móvil desechable de Italia imposible de rastrear. El corazón me late más deprisa cuando oigo que alguien contesta.

Es Callie, y Addie empieza a hablar.