La banquera curvilínea del dragón (La pareja voluptuosa del dragón nº 2) EPÍLOGO 2
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EPÍLOGO 2

CALLIE LA CONSEJERA

—Tendré mucho cuidado, Addie —digo con amabilidad al teléfono—. ¡Gracias por llamar! Qué alegría saber de ti después de tantos años.

Cuelgo el teléfono y me quedo mirando mi escritorio ordenado en la zona de seguridad de la prisión. Estoy de espaldas a la ventana con barrotes, que he cubierto con una cortina para que cualquier recluso que entre se sienta bienvenido, casi libre... libre para hablar, al menos.

Pero hablar con esa pirada de Addie es lo último que me hacía falta ahora mismo.

Siempre fue un poco rara en la universidad, y llamarme así, de repente, con no sé qué advertencia sobre cosas que no tienen ningún sentido, confirma que probablemente necesita un psiquiatra más que el pobre desgraciado que tengo citado a las dos de esta tarde.

Llaman a la puerta y levanto la cabeza de golpe. Me ajusto el vestido al darme cuenta de que ya son las dos.

—Un momento —digo con voz dulce mientras agarro el expediente del recluso (que no he leído en absoluto...) y lo hojeo para al menos saber el nombre del tipo—.

Crane —leo en la página. No hay apellido.

Qué coño—. ¿Crane? —repito cuando la puerta se abre y un guardia arrastra a un prisionero esposado vestido de naranja chillón.

El hombre es más grande que un toro, más alto que el marco de la puerta, y doy un paso atrás por instinto. Lleva grilletes en los tobillos además de las esposas, pero por alguna razón eso no me hace sentir mucho más segura.

Y tampoco la mirada de esos ojos verdes cuando me repasa las curvas.

Y cuando habla, casi me derrito en el suelo de cemento, convertida en un charco de pánico.

Porque acaba de decir las dos palabras que Addie me advirtió que serían lo primero que oiría:

—Eres mía —dice—. ¡Eres jodidamente mía!

Y veo algo moverse en sus ojos verdes, como si hubiera algo vivo dentro de él...

Y con un rugido que sacude las paredes, Crane rompe las cadenas y se abalanza sobre mí como un dragón en pleno vuelo...

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