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BONNIE
Lo tengo dentro hasta el fondo, pienso mientras siento cómo Brogan me abre de la forma más sucia, cómo me toma de la manera más dominante, incluso con el trasero ardiendo por los azotes que me ha dado como si fuera una universitaria traviesa.
Una parte de mí no puede creer lo que está pasando, pero lo más increíble es lo jodidamente bien que se siente.
Nada duele, aunque Brogan embiste cada vez más fuerte y me tiene tan abierta que ¡podría meterme la mano entera!
Debería parecerme retorcido y enfermizo, pero resulta tan natural y tan correcto que casi sollozo cuando Brogan vuelve a embestir dentro de mí, gimiendo con un placer que alimenta mi propia excitación.
Ya me he corrido dos veces solo con que me tome así, y el olor de mi sexo mezclado con el aire salado resulta tan terrenal y visceral que juro que estoy más cerca de lo animal que de lo humano.
Y entonces recuerdo que soy un animal.
Un animal mundano y mágico a la vez.
Humana y dragona.
Luz y oscuridad.
Un animal que le pertenece.
Echo la cabeza hacia atrás y rujo como la dragona que soy.
Mi compañero embiste de nuevo dentro de mí y explota en mis profundidades, inunda mis valles hasta desbordarme mientras vierte más y más de su semilla caliente en mi interior.
Brogan ruge como el Dragón Alfa que es, me clava las garras en el trasero y se aferra a mí mientras se retira y vuelve a embestir una y otra vez hasta terminar.
Finalmente se retira, pero cuando me doy la vuelta para desplomarme en la arena y recuperar el aliento, me doy cuenta de que aún no ha terminado ni de lejos.
—Otra cosa que deberías saber sobre los Dragones y sus compañeras —dice jadeando mientras se dirige a la orilla y se lava la polla con el agua salada, y luego sacude ese pedazo de cosa hasta dejarla reluciente—.
No hay tiempo de descanso. Seguimos una y otra vez hasta tener las pelotas vacías.
Y con unas pelotas como estas, no terminaremos en una semana, nena. Eso ha sido solo el calentamiento.
Me río de la escena ridícula de Brogan secándose la polla recién lavada mientras suelta chistes verdes de adolescente. Pero no me importa. Para mí, todo es poesía.
Y también lo es la mirada de Brogan cuando por fin cierra la boca y vuelve junto a mí, me acuna la cabeza y me empuja suavemente hacia la arena.
Sí, esa mirada es poesía, y lo que dice a continuación es el mejor poema que he oído en mi vida.
—Te quiero, Bonnie —susurra—. Joder, te quiero.
Y yo solo asiento y cierro los ojos. Saboreo su beso, acojo su amor, le cojo la mano y entro con él en nuestro cuento de hadas, nuestra fantasía, nuestro para siempre.