Capítulo 81. Raeve
Raeve
E ste es el diario de Elluin Neván. —Arkyn se inclina sobre mi hombro, con un aliento que apesta a fruta podrida—. Antigua princesa de La Sombra.
«Antigua princesa…».
«La Sombra».
La frase se desordena en mi cabeza como un pergamino arrugado, dificultando su comprensión. Una frase despojada de su forma, palabras que se lleva el viento olvidadas.
—Bueno, hasta que se convirtió en reina —murmura levantando la portada, revelando una anotación escrita con una letra bella y delicada, una letra cuyo eco… resuena en mi interior . Pequeñas piezas de un rompecabezas que quiero arrancar de la página y acunar cerca de mi corazón.
Mías.
Esas palabras son mías .
Se me forma un nudo en la garganta y me duele tragar.
—No es que ella haya firmado nunca de otro modo que como una Neván —murmura Arkyn pasando otra página con un golpe descuidado por el que quiero estrangularlo—. ¡Cuánta intriga !
El mundo que nos rodea se difumina cuando cruzo la mirada con Kaan a través de las llamas, y el pesar que veo en sus ojos me dice todo lo que necesito saber.
Él tampoco tiene ni idea de lo que se esconde entre sus páginas.
«Seguro que es algo horrible, para que Arkyn esté tan emocionado».
—¿Sabes qué? Divaga mucho, así que voy a resumir.
A Kaan se le encienden los ojos y sus músculos se tensan contra las cadenas que restringen su descomunal fuerza mientras Arkyn sigue pasando las páginas.
—La verdad es que al principio es un poco aburrido. Elluin quería a su hermano, blablablá, se sentía responsable por la lesión que lo dejó incapacitado.
Esas palabras me desgarran, como si un grupo de dragones se hubieran abalanzado sobre mí.
—Doma a una plumaluna madura cuando tenía nueve fases, incluso antes de oír las canciones de los Creadores.
He de decir que eso es impresionante —continúa Arkyn pasando otra página—.
Luego, se pone la Piedra Éter y se ve sometida a un matrimonio concertado, la llevan a La Llama después de que envenenen a toda su familia mientras duermen y las cosas se ponen realmente interesantes.
— Para.
Lo grito. Lo chillo con todas mis fuerzas.
Rebota en paredes lejanas.
Arkyn se agacha hacia mí y me agarra la barbilla con tanta fuerza que siento que me va a salir un moretón, girándome la cara para que lo mire. Su respuesta es un suave susurro contra mi piel.
—No.
En contra de todo sentido común, sostengo su despiadada mirada como en un cruce de espadas.
Él chasquea la lengua y me suelta.
Me quedo jadeando, con el pecho agitado, mientras él vuelve a centrarse en el diario, pasa unas cuantas páginas y señala con la punta de su dedo en carne viva una línea del texto.
—Ah, sí, entonces ella lo conoce —escupe, y recita directamente del pergamino—: «Kaan Vaegor, el hijo mayor del rey, que hace nada ha regresado de las llanuras Boltánicas para encargarse de Dhomm mientras su pah ayuda a Tyroth a afianzar su posición en Arithia».
—Arkyn levanta la cabeza y fija la atención en Kaan, que sacude sus cadenas con más fuerza si cabe mientras gotea sangre de las zonas donde se ha desgarrado la piel—. Ahí se equivoca: no eres el hijo mayor.
Kaan se queda quieto.
Arkyn murmura, mira hacia abajo y aparta la página.
—¿Sabes? Si pah no me hubiera repudiado y ordenado a su dragón que me persiguiera por las llanuras por ser una gran decepción , Elluin se habría enamorado de mí, no de ti.
Kaan se sacude con tanta fuerza que hace chirriar su pesada silla de piedra y sus cadenas parecen estrujarle . Arkyn ni siquiera levanta la vista; está centrado en la página a la que acaba de llegar.
—Ah, sí, aquí le diste una prueba de tu amor y, luego, ella folló contigo. —Chasquea la lengua tres veces y niega con la cabeza—. Vergonzoso, teniendo en cuenta que estaba prometida con nuestro hermano.
Las palabras resuenan en mis oídos.
Con una violencia silenciosa, las cosas empiezan a encajar, dando forma a algo demasiado doloroso de ver.
Demasiado devastador .
—Y pensar que se unió a ella creyendo que nadie la había tocado.
Me sobresalto al recordar a un hombre moviéndose dentro de mí. No era Kaan.
Era otro.
En un lugar frío, familiar, con una decoración majestuosa y el cielo que se veía por la ventana lleno de lunas luminosas…
Se me escapa un gemido.
—Lo sé —dice Arkyn despacio sacudiendo la cabeza—.
Menudos valores familiares. —De nuevo, vuelve la página—.
Lo creáis o no, la cosa se pone aún más interesante.
Aquí nuestro querido pah descubre vuestra aventura.
—Clava la vista en Kaan, ahora pálido como un pergamino, mirando fijamente las sombras de la capucha de su hermano.
Es toda la confirmación que necesito para saber que esto es nuevo para él, que no estaba al tanto.
Arkyn se encoge de hombros y vuelve a bajar la mirada.
—Parece que no tuviste mucho cuidado, hermano.
Kaan se queda quieto como una piedra, con una mirada atormentada que no cruza con la mía.
Nunca antes había deseado tanto que me mirase, abalanzarme sobre él, rodearlo con mis brazos y estrecharlo contra mí. Decirle que estamos juntos en esto. Que lo superaremos juntos, porque no nos queda otra.
Porque…
Noto algo pequeño, suave y húmedo acurrucado contra mi pecho, retorciéndose y buscando mi seno con la carita.
Bajo la cabeza y beso un mechón empapado de cabello blanco. Blanco como…
El de alguien.
Alguien a quien quería. Solo que este amor es distinto, es un amor que eclipsa cualquier otro, ardiendo en mi pecho como una llama salvaje…
—Blablablá, «me ha dicho que Kaan no está hecho para gobernar un reino y que no es merecedor de una corona» —continúa Arkyn con voz monótona, arrancándome del recuerdo como si desgarrara un hueso de su articulación—.
A lo que Elluin le escupió en la cara y le dijo algo sobre elegir a su propio rey o nada.
Las cosas se complicaron, él la torturó, amenazó a nuestra hermana.
Te amenazó a ti , tal y cual. «Sentí un miedo como nunca antes había sentido…
». Ah, sí, aquí está. —Arkyn se aclara la garganta, como si fuese a dar un discurso.
En el fondo, ya sé lo que va a decir. Es como si las palabras estuvieran grabadas en mi corazón y en mi alma, entretejidas en mi médula.
Llevan ahí mucho tiempo, desde que desperté en mi celda bajo esta montaña hace tantas fases, esperando a que el polvo se disipara.
Ya se me está desencajando la cara y rompiéndoseme el corazón cuando Arkyn comienza a leer la página:
—«Me ha dicho que, si me marcho con la siguiente aurora a fin de prepararme para la ceremonia de unión, le concederá a Slátra un pasaje seguro de vuelta a Arithia.
De lo contrario, quitará la protección de su guarida y me arrastrarán por las llanuras para obligarme a ver cómo mi dragona se mata al intentar seguirme hasta casa.
Luego, se me ha acercado muchísimo y me ha mirado como si pudiera ver directamente el interior de mi cráneo.
Me ha dicho que le han informado de que se me ha retrasado el sangrado, algo en lo que yo no había pensado hasta ese preciso instante».
Kaan emite un sonido ahogado, como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
—«Me ha dicho que es la única manera de que mi descendencia tenga una posibilidad de vivir.
Que, si Tyroth cree que es él quien ha plantado la semilla que por lo visto ya está creciendo en mi vientre, todo irá bien.
De lo contrario, no habrá ningún lugar donde Kaan y yo podamos ocultarnos sin que él nos encuentre.
Nos perseguirá para hacernos pagar el sucio deshonor que hemos causado a nuestras respectivas familias».
Kaan por fin me mira a los ojos mientras dos lágrimas le resbalan por las mejillas. A mí también se me saltan.
Sus ojos reflejan un dolor abrumador y la opresión que ya sentía en el pecho se vuelve demasiado pesada para respirar. Porque ya sé cuál va a ser el desenlace, ya sé cómo va a acabar esto.
Sin que Kaan sepa que tenía una hija que ahora está encerrada en la misma celda en la que yo estuve un tiempo. Una preciosa hija criada por su hermano menor en la elegante capital de La Sombra, a la que he abrazado y acunado hace poco sin saber que era mía.
Nuestra.
Una hija… nacida de nuestro amor imperecedero en un mundo que la ha dejado maltrecha, destrozada, con un hilo de vida. En un mundo que le ha fallado.
Igual que he hecho yo, al no escuchar a Kaan, al no dejar que me contara las verdades importantes que yo quería evitar a toda costa.
«Al acobardarme ante mi pasado…».
—En la siguiente entrada, Elluin deja una nota en el lugar donde duerme su amante diciéndole que Tyroth tiene más dones y es el más adecuado para engendrar una descendencia fuerte. —Arkyn se echa a reír mirando a Kaan—. No puedo discutir eso.
Siento la frialdad de mi Otra despertando.
Alzándose.
Escuchando.
—Tengo a Kyzari en la antigua celda de Raeve —continúa, levantando la mano y cerrando los dedos—. Y se quebró como una ramita bajo mi puño, sin duda porque tu sangre débil ha diluido la de mi Alondra de Fuego. No me sorprendería que estuviera exhalando su último suspiro mientras hablamos.
El rugido ahogado de Kaan agita el aire. Rechina como una bestia enjaulada, forcejeando con sus cadenas mientras la sangre le tiñe la piel con lentos trazos.
Yo no rujo. No pronuncio ni una sola palabra.
Lo que hago es guardar un silencio sepulcral: un río que acaba de abrirse paso en La Sombra y se ha solidificado. Una ferocidad silenciosa se extiende por mis venas… o tal vez siempre haya estado ahí. Esperando.
Sabiendo.
Mi propia esencia la envuelve, endureciéndose. Me convierte en algo que debería asustarme, dados los impulsos que tiran de las fibras de mi corazón, estirándolas lo suficiente como para anclar el órgano punzante.
No estoy asustada. Solo siento una rabia fría como el hielo.