La balada de los dragones (La Caída Lunar 2) Capítulo 80. Raeve #3
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Capítulo 80. Raeve #3

—Solo entonces podrá surgir nueva vida de las cenizas.

—Se asoma por encima del fuego, prácticamente quemando a Kaan con la mirada, y acerca tanto la llama a mi mejilla que noto su voracidad en la piel, su intento de saborearme—.

Con Raeve a mi lado, dándome herederos fuertes con los que pah solo podía soñar.

Kaan se rebela y ruge con una brutalidad que le deforma el rostro mientras yo me pongo tiesa y noto la bilis subiéndome por la garganta, tan sorprendida como asqueada por lo que Arkyn tiene en mente, todo ello mientras intento prepararme para el primer golpe abrasador.

Para que él me inflija el mismo dolor que él sintió.

Arkyn cierra la tapa del vial, la abre, la vuelve a cerrar…, acelerando mi pulso, que ya rugía. Cuando golpea el instrumento contra la mesa, me supone un gran esfuerzo no estremecerme.

Acercando un poco más el fuego, Arkyn traga saliva, probablemente emocionado ante la idea de mutilarme al son de los gritos de desesperación ahogados de Kaan. Me confunde cuando chasquea la lengua y, después, murmura una orden furiosa y aplasta con la mano la llama.

Siento cierto alivio. Me pasa el pelo por detrás de la oreja, aún con la mano humeante.

—Todavía no —murmura jodidamente cerca , azotándome con su aliento un lado de la cara.

Se aparta, coge mis cubiertos y comienza a cortar mi comida en trozos del tamaño de un bocado, dejándome el espacio justo para respirar. Paso la vista del vial a sus manos mientras él pincha carne con salsa y la lleva a mis labios.

Se me revuelve tanto el estómago que a punto estoy de decorar el bocado con vómito.

—Abre la boca. —Su orden retumba, impregnada de un tono desmoralizador—. Estoy seguro de que han pasado daes desde la última vez que comiste y vas a necesitar fuerzas.

«Bien podría pedirme que me arrodillase».

Alzo la mirada por instinto y encuentro la de Kaan. Caigo en el deseo demasiado vulnerable de buscar refugio en los ojos del hombre al que amo.

Aunque se le crispa la cara, como si hubiese una bestia justo debajo de su piel amenazando con salir, posa suavemente su mirada en mí desde el otro lado de la mesa y hace que levante la barbilla. Cuánta ternura a pesar de su evidente dolor, preocupación y rabia.

Arkyn me agarra la mandíbula y gira mi cara hacia él. Pega su nariz a la mía y ruge una sola palabra con contundencia:

—¡ COME !

—¡No tengo hambre!

Se queda quieto. También el aire, como si Clode estuviera dispuesta a escuchar. Mientras tanto, me reprendo en silencio por ser tan estúpida, por picar .

Las repercusiones no se hacen esperar.

Con una ferocidad trémula y salvaje, Arkyn me abre la mandíbula y me introduce el tenedor, llenándome la boca con la carne caliente y la salsa espesa, que me gotea por la barbilla.

Tira el cubierto y me estampa la cabeza contra el respaldo, cerrándome la boca y pellizcándome la nariz, dejando claro su mensaje.

Traga o te asfixiarás.

Kaan sacude sus cadenas al tiempo que ruge mientras yo mastico, trago, me sube todo a la boca con una arcada y me veo obligada a tragar de nuevo.

No soporto la grotesca sonrisa de Arkyn.

—Tus palabras se han vuelto más claras desde que te fuiste —murmura mucho después de que por fin haya tragado, mucho después de que me haya quedado sin aliento y mi pecho jadee en busca de aire—. Me lo habían dicho, pero oírlo es bien distinto.

Me suelta y me limpia la salsa de la barbilla con una servilleta mientras yo resuello, respirando tan deprisa que la cabeza se me vuelve ligera. Los tizones que tiene Kaan por ojos me acunan desde el otro lado de la mesa, haciéndome sentir cerca de él a pesar del abismo que nos separa.

Arkyn se levanta y, tras lanzarle la servilleta a Kaan a la cara, se dirige con paso firme al extremo más alejado de la mesa, donde queda cubierto por las sombras. Las ondulaciones de su capa hacen que las llamas de las velas titilen, más de cien pequeños fuegos que danzan para él.

—Me pregunto —dice desde la oscuridad— qué tal se te da leer.

Su tono es mordaz.

—Gracias a Veya —continúa, cogiendo algo de la mesa—, tengo el tesoro perfecto para poner a prueba tus habilidades.

Kaan se retuerce y gruñe cada vez con más ferocidad, quizá al darse cuenta de que también tiene a Veya apresada.

Enjaulada.

Arkyn suelta una risita, retrocede, barre la mesa con el brazo y tira mi plato al suelo. Este sigue repiqueteando cuando lanza un libro sobre la mesa.

No, no es un libro…

Es…

Kaan se queda quieto. Se hace un silencio sepulcral mientras se me hiela la sangre y me fijo en el diseño en espiral que hay pintado en la cubierta. Una hermosa representación, casi perfecta, del málmr de Kaan: los dos dragones entrelazados como una luna.

Me tiemblan los dedos por las ganas de acariciar el cuero, de sentir el movimiento de las páginas, de acercarme el diario y aspirar su aroma antiguo. Porque eso es lo que es, lo sé.

Antiguo. El diario de alguien que ya no está en el mundo.

Exhalo temblorosamente.

Poco a poco, alzo la vista y me encuentro con la mirada devastada de Kaan, con palabras no dichas librando una batalla entre nosotros. Es la confirmación que necesitaba de que este diario pertenecía a Elluin, a la versión de mí misma de la que se enamoró hace tantas fases.

«La que perdió».