Capítulo 73. Raeve #2
ME HE DADO CUENTA DE QUE ESTÁS USANDO EL VÍNCULO PARA CASTIGARLA CON MÁS FRECUENCIA DE LO QUE HABÍAMOS ACORDADO. YA LLEGARÁ EL MOMENTO DE PROVOCAR A LA BESTIA, PERO AÚN NO ESTAMOS EN ESE PUNTO.
OLVIDAS QUE TIENES UNA SOLA TAREA: MANTENERLA BAJO CONTROL Y ARRANCAR LAS MALAS HIERBAS QUE SUPONEN UNA AMENAZA PARA MI ASCENSO POLÍTICO HASTA QUE ESTÉ LISTO PARA TRAERLA A CASA. SI ME FALLAS EN ESTO, ME DISGUSTARÁS MUCHO.
ELDING.
Mi sangre se convierte en un torrente.
«Esta nota… Hablaban sobre mí».
Siento un nudo en el estómago mientras repaso líneas concretas hasta que siento que el túnel se tambalea.
Kaan me quita el papel de las manos y lo lee, frunciendo cada vez más el ceño.
—¿Has encontrado esto en el despacho de Sereme?
Asiento con la cabeza.
—Hay algo que no cuadra.
—Estoy de acuerdo —murmura doblándolo en un cuadrado que se guarda en el bolsillo, y mira a ambos lados del túnel soplándose aire caliente en las manos—.
Acabemos con esto. —Se vuelve hacia Ahvi, que está sentado con las piernas cruzadas en el suelo, envuelto en su capa, rebuscando en mi zurrón, rodeado de tarros de tinturas, una taza vacía, un cuenco de madera y el Libro de Voyd abierto por una página al azar—. Ahvi, ¿podemos ayudar de alguna manera?
Me lleva un tiempo darme cuenta de que se ha situado justo donde yo vertí mi sangre en aquel maldito frasco.
—En realidad, no. Son cosas que solo puedo hacer yo.
—Se retira la capucha lo suficiente como para que vislumbre sus ojos detrás de sus rebeldes mechones plateados, que me recuerdan a las cintas de la aurora boreal bajo esta luz tenue—.
Pero necesito a Raeve aquí para poder empezar a trazar los bucles de vinculación.
«Claro».
Hago lo que me dice y me sitúo exactamente donde ocurrió. En el lugar perfecto para verlo echar cosas en su cuenco, pareciendo medir solo con el sentido del tacto. Eso me hace reflexionar sobre cada decisión que me ha llevado hasta este momento.
La mezcla empieza a humear por los lados, aunque una pizca de tierra recogida del suelo lo apaga de inmediato.
Cruzo un brazo sobre el abdomen y uso el otro puño para apoyar la barbilla.
—Esto no parece nada preciso…
—La precisión es una jaula en la que nos encerramos.
—Ahvi se encoge de hombros y se arranca un mechón de pelo—.
No hace falta instrucciones para todo. A veces, lo único que se necesita es un poco de corazón.
—Deja caer el mechón plateado. En cuanto toca la superficie, la mezcla explota en millones de partículas brillantes.
Como una estrella al estallar.
Me lo quedo mirando fijamente sin pestañear, con la sensación de que estoy presenciando algo… mágico. Algo que tanto Fallon como Essi habrían apreciado; sin duda, más que yo.
Ahvi se echa hacia delante, mete los dedos en mi bota y saca una daga. Levanto las cejas y, al verlo utilizarla para pincharse la punta del dedo, las frunzo.
—Oye, oye, oye —digo mientras Kaan agarra el objeto arrugando el entrecejo profundamente. En ese mismo instante, Ahvi deja caer su sangre en la brillante mezcla—. No habías dicho que usarías tu sangre.
—Solo una gota. —Me mira fugazmente, se limpia el dedo en su holgada camisa y comienza a remover la mezcla con un trozo de carbón que nunca había visto antes—. No es que vaya a echarla de menos.
«He visto barbaridades suficientes como para suponer lo contrario».
Miro a Kaan con ira y articulo con los labios un « NO ME GUSTA ESTO ».
—No hace falta gritar —dice Ahvi utilizando una pluma marrón que tampoco había visto antes para dibujar un círculo alrededor del Libro de Voyd . De este, sale una línea que se dirige hacia mí y también me rodea—. Necesito un poco de sangre. Mucha, en realidad.
—Ni hablar.
—Tuya —aclara con cara de fastidio alzando la taza—. No mía.
«Ah».
Saco una daga y me corto la palma de la mano. Kaan suelta un improperio, como si eso lo hubiera ofendido.
Me pongo en cuclillas y dejo caer el líquido rojo en la taza.
—¿Cuánto es mucha?
Ahvi levanta la vista de las runas brillantes que está pintando alrededor del libro con la pluma, justo dentro del círculo que lo rodea.
—Como media taza.
Por todos los Creadores, al parecer va a pintar un puto mural.
El odre de Kaan cae al suelo junto a mi pie y yo arqueo una ceja, mirándolo mientras agarro el corcho con los dientes.
Bebo hasta que se vacía mientras sigo vertiendo sangre en la taza.
Una vez que está medio llena con mi viscosa ofrenda, se la paso a Ahvi y dejo que Kaan me vende la mano con una tira de su camisa.
Mientras él se esfuerza por detener mi sangrado, el niño utiliza mi sangre para pintar con los dedos una ristra de runas irregulares dentro del círculo brillante que me rodea.
—Entonces… —murmura Kaan atando mi vendaje al tiempo que contempla cómo toman forma las runas, cual ejército invasor—, ¿qué es lo que estás haciendo en realidad?
Una pregunta importante que yo había evitado hacer a propósito. Dicen que la ignorancia es felicidad.
Ahvi me mira de reojo; una mirada que semeja el tajo de una hoja de plata.
Levanto una mano.
—Quizá mejor… que sea una incógnita.
—Estoy deshaciendo el vínculo, pero es como quitarle la columna vertebral a un cuerpo: sin ella, todo se desmorona.
Dirijo la mirada a Kaan, cuyo rostro ha perdido todo su color.
«Parece que no les estamos dando la suficiente importancia a las preguntas».
—¿Sabes qué, Ahvi? —Desvío la mirada hacia él—. Le tengo apego a mi columna vertebral.
Aunque se le hinchan las mejillas con una sonrisa, no levanta la vista, sigue concentrado en su tarea.
—No te voy a quitar la columna vertebral real, sino una temporal. Es como tirar de un hilo entre este momento y aquel en el que le diste tu sangre a Sereme.
Parpadeo y advierto la mirada de perplejidad de Kaan.
—Nunca me he sentido más estúpido.
Ahvi suelta una risita que semeja un cascabel.
—No lo eres. Es muy complicado. Solo lo entiendo gracias a la canción que hay dentro de mí. Me ayuda a que las runas tengan sentido en mi cabeza.
Kaan y yo cruzamos la mirada de nuevo.
—Vaaaale —digo observando a Ahvi esparcir mi sangre por el suelo como si estuviera encantando un lenguaje—. Entonces, tiras de este hilo del tiempo, ¿y luego qué?
Pinta tres runas más y se detiene, dejando espacio suficiente solo para una más; ha llegado a la mitad de una forma de aspecto furioso. Me mira mordiéndose el labio inferior.
Algo que se asemeja demasiado a un tic nervioso.
El corazón está a punto de salírseme del pecho cuando parece encontrar el valor para hablar.
—Estas runas crean una jaula que manipula momentáneamente el tiempo. Como tú estás dentro de la jaula…, pues bueno…
—¿Yo qué, Ahvi?
Se pone colorado.
—Vas a volver a ser como eras justo antes de crear el vínculo.
Me quedo boquiabierta, segura de que estoy entendiéndolo mal.
—No querrás decir…
—Físicamente, sí.
Se me hiela la sangre y, de repente, me veo embargada por tal pánico que se me acumula saliva bajo la lengua.
—No. —Hinco una rodilla en el suelo y, pestañeando, le agarro la muñeca a Ahvi para que no pueda pintar la última runa—. Eso no va a pasar.
—¡Pero es la única manera! —grita—. No te avisé porque sabía que dirías que no, pero tienes que hacerlo, Raeve. Tienes que hacerlo.
«No lo entiende».
Estaba en las últimas cuando dejé caer mi sangre en ese frasco. Eso le dio a Sereme la oportunidad de lanzarme una cuerda para salvarme la vida en el mismo horrible instante en que me encadenaba a su voluntad.
Sin ese vínculo, mi esqueleto habría adornado este túnel toda la eternidad.
Si mi cuerpo vuelve al estado en el que se encontraba antes de aquello, estaré perdida.
Sin un vínculo de sangre que me impida caer al abismo mientras me recupero, esta cueva será mi lugar de descanso eterno.
Ahvi junta las cejas.
—¡Yo también!
—¿Tú también qué? —Frunzo el ceño.
—¡Lo entiendo! —Utiliza su mano libre para señalar el Libro de Voyd y, al darme cuenta de lo que pretende, me sobresalto tanto que dejo caer mi otra rodilla al suelo.
«Me está vinculando al Libro de Voyd . A ese objeto mítico que, al parecer, lleva fases destrozando gente».
«Por todos los Creadores, sin duda tengo que empezar a hacer más preguntas».
—Vale, vamos a tomarnos un momento —«o toda una vida»— para pensar en esto.
—Va a salir bien —dice Ahvi con demasiado entusiasmo, como si intentara convencer a un niño de que se tome la medicina a pesar de ser muy consciente de que sabe a mierda de guara—. Te lo prometo.
—¿Alguien puede hacerme el favor de explicarme qué está pasando? —pregunta Kaan con voz temblorosa, como si solo una piedrecita suelta le separara de un desprendimiento completo de una pared montañosa.
Y yo estoy igual, la verdad.
Siento inquietud en el pecho, una sensación que no hace otra cosa que intensificarse cuando levanto la vista y advierto que a Kaan le tiemblan los brazos. Probablemente, por eso los tiene cruzados, para intentar ocultarlo.
—Es… un poco difícil de explicar.
—Prueba.
«¿Decirle que estoy a punto de crear un vínculo de sangre con un libro malvado que se alimenta de feéricos, pero que antes va a ver mi versión más débil y vulnerable?».
«No se me ocurre nada que me apetezca menos».
—Raeve teme que la veas tan vulnera…
Le tapo la boca a Ahvi con la mano libre.
—Serás traidor.
Siento un dolor agudo por todo mi pecho, como si Sereme me hubiera clavado un puñal en las costillas y lo hubiera arrastrado hacia un lado, directo hacia mi puto corazón.
Esa zorra.
Mi cuerpo se convierte en un gran nervio expuesto y me retuerzo agónicamente como una sierpe apuñalada.
Mi pulso es un tambor que retumba en mis oídos, tan fuerte y rápido que apenas oigo nada aparte del violento PUM - PUM , PUM - PUM , PUM - PUM .
Pero veo moverse la boca de Kaan cuando caigo al suelo sobre el hombro.
Leo las palabras que salen de sus labios mientras se agacha detrás de Ahvi y ayuda a soltar mi mano espasmódica de la muñeca del pobre chico.
—¡ HAZLO ! ¡ YA !
Sigo retorciéndome de dolor mientras Ahvi me mira con los ojos desorbitados, articula las palabras «lo siento mucho» y moja el dedo en mi sangre para trazar una línea rojiza en la piedra.
Completando la última runa.