Capítulo 42. Kaan
Kaan
U n grito lejano me sacude el alma y me hace imaginar a Siharna dirigiéndose a la batalla, lanza en mano, mientras mira a su objetivo con todos los tendones del cuello tensos.
Aprieto el pasamanos con más fuerza.
Miro por encima del hombro, por la ventana que hay en lo alto de la escalera, que ofrece una panorámica clara del patio del recinto, cubierto de nieve. De la casa de Siharna, paso la vista a una ventana del segundo piso que brilla como un ojo dorado.
Una brisa sacude la cortina, que no logra ocultar el alboroto que hay al otro lado. Veo la silueta audaz de Siharna yendo de un lado a otro como un péndulo, embarcándose en un viaje que lleva a muchas a una muerte prematura.
Se detiene con la mano en el vientre y se dobla sobre sí misma, sin duda enfrentándose a una contracción, y lanza otro grito feroz.
Aparto la mirada y subo los últimos escalones.
Aminoro el paso antes de llegar a la puerta de la habitación de invitados.
Al asomarme, veo a Korie todavía acurrucada bajo la colcha rosa y morada que mah cosió hace mucho tiempo…
, como un polluelo recién nacido en un nido demasiado grande.
Tiene todos los rizos esparcidos alrededor mientras duerme, con el pulgar en la boca, bañada por la cálida luz del fuego.
Observo su pequeño pecho subiendo y bajando mientras les ruego a los Creadores que mantengan a Siharna a salvo para que tenga el regalo de ver crecer a su hija y para que esta tenga la oportunidad de abrazar a su mah de nuevo mientras su corazón aún late.
«Eso es todo lo que pido».
«Por favor».
Cierro despacio la puerta y me aguanto las ganas de entrar en la habitación del fondo y asegurarme de que Raeve está allí. Viva. Abrazarla hasta que se alivie esta opresión que siento en el pecho o tal vez simplemente despertarla para no sentirme tan solo, indefenso y… asustado.
«Aterrorizado ante la idea de perder a otra persona a la que quiero».
Haciendo un esfuerzo, bajo las escaleras, cojo de la mesa una de las botellas que Pyrok saqueó y me siento justo cuando Siharna lanza otro grito desgarrador.
Saco a Borg del bolsillo y lo giro entre mis dedos temblorosos mientras descorcho la botella y doy un trago largo. Siseo cuando el potente alcohol se me acumula en el estómago como una vorágine de llamaradas de Rygun, dejándome un regusto a tubería atascada por un animal muerto.
—Joder —digo con voz ronca inclinando la botella para mirarla.
Sacudiendo la cabeza, doy otro trago y destapo el frasco de Borg. Lo dejo en el banco y sale borboteando entre remolinos de humo pálido.
—Vaya, vaya… —Se estira y se retuerce, acumulándose en una especie de nube larguirucha y altiva hasta que lo tengo sobre mí mirándome de soslayo con sus ojos negros mientras doy otro buen trago de lo que, sin duda, es lo peor que he probado en mi vida—.
Estáis intentando volver a caerme bien, ¿verdad?
—Tal vez solo echase de menos tu cara.
—Eso tiene más sentido. —Se remueve, mirando a algún punto a mi espalda; sin duda, su reflejo en la ventana—.
Soy bastante agradable a la vista. Un momento…
, ahí fuera hay nieve. ¿Estamos cerca de La Bruma?
—Se queda quieto y, de repente, se retira de golpe, como la cola de un plumaluna, refugiándose en una esquina convertido en un bulto opaco no más grande que mi puño—.
¡Vais a mandarme de vuelta a las Nieblas!
Va rebotando la mirada como si tratase de encontrar un lugar más adecuado para esconderse. Al divisar su frasco, se lanza hacia él como una honda, tan rápido que se queda atascado al tratar de entrar en el reducido espacio, aunque al final acaba deslizándose.
Suspiro agarrando el frasco y lo agito.
—Borg, ya hemos hablado de esto. —Miro por la abertura del frasco y vuelvo a agitarlo—. No voy a mandarte a ningún sitio excepto a este banco para que des un par de sorbos. ¿O es que no tienes hambre?
Se desliza fuera del frasco, se extiende por el amplio asiento y se vuelve a solidificar ante mí, tan grande que roza el techo con la cabeza.
—Claro que tengo hambre. Qué pregunta más tonta.
Se acerca arqueándose y entorna sus ojos color tinta, poniéndome los pelos de los brazos de punta al notar su frescor.
—Espero que no me estéis mintiendo, Kaan Vaegor. La confianza de un espectro no se regenera por arte de magia. Una vez perdida, se tiene un enemigo eterno en cada uno de mis hermanos, grandes y pequeños.
—¿Alguna vez te he mentido, viejo amigo?
—Bueno…, no, pero paso mucho tiempo solo. —Se acerca tanto que tengo que ponerme prácticamente bizco para sostener su sombría mirada, como si intentara ver las mismísimas fibras de mi alma—. A la mente le encanta dar vueltas .
Sin duda, eso es algo que entiendo.
Otro valeroso grito atraviesa el patio.
Borg pasa a mi lado tan veloz como una nube y su atadura al frasco se reduce a un simple hilo cuando pega el rostro al cristal.
—¿Están mutilando a alguien?
Doy otro trago a la botella y mascullo mi respuesta.
—Mi tía está de parto.
—Ah, ahora entiendo vuestro mal humor —murmura pegando todo el cuerpo al cristal, como si estuviera desesperado por atravesarlo para ver mejor.
Maldito cotilla.
Me pediría que lanzara su botella directamente a la habitación de Siharna si creyera que yo llegaría a considerarlo
—Bueno, algo para alegraros. —Se despega del cristal y se desliza con rapidez, luciendo una sonrisa tan ancha que parece que le hayan dejado un agujero en la cara al arrancarle un puñado de niebla—. Mis hermanos han visto un fragmento lunar.
Que me hubiese alcanzado un rayo me habría resultado menos impactante.
—Es muy buena noticia —digo con voz ronca mientras trato de calmar mi corazón.
«Me pregunto qué parte será…».
«Qué tamaño tendrá…».
Dejo la botella, entrelazo las manos, con los codos en las rodillas, y me echo hacia delante.
—¿Alguna noticia de Kyzari, Veya o Grihm, mi segundo al mando? Partió con la intención de recoger un huevo en Gondragh.
—Lo comprobaré. —Borg se acerca flotando, como si se contoneara al ritmo de una melodía, y extiende sus neblinosos dedos para inspeccionarse las afiladas uñas, muy consciente de que me tiene cogido por los huevos—. ¿Algo más, mi rey?
Sopeso las palabras que quiero soltarle, preguntándome si debería seguir el consejo de Raeve y dejarlo estar, reprimir el impulso de sacar el pasado a la luz.
Me pueden las ansias.
—Me gustaría saber si alguno de tus hermanos presenció cómo conducían a Elluin Neván de vuelta a Arithia hace casi ciento veinticinco fases, justo antes de su ceremonia de unión con Tyroth. Tengo curiosidad por saber si la llevaron a la fuerza o si ella se resistió.
Borg se me queda mirando fijamente durante tanto tiempo que caigo en la cuenta de que he olvidado mis modales.
—Por favor.
—Hace ciento veinticinco fases…
La sequedad de su tono pasa tristemente desapercibida.
—Tal como he dicho.
—¿Qué ha pasado con lo de no buscar más información sobre Elluin Ne…?
—He cambiado de opinión —mascullo.
Borg emite un extraño chasquido y vuelve a inspeccionarse las uñas.
—¿Algo más? ¿Mi nebuloso corazón en bandeja, tal vez?
—Eso es todo.
Él imita mis palabras mientras se convierte en un charco brumoso que se desliza por el suelo.
Me llevo las manos a la nuca y aprieto los ojos con toda mi fuerza.
Soporto otros dos gritos de dolor mientras el miedo se expande en mi pecho como el fuego en un bosque en llamas. Ruego para que esta no sea la última vez que oigo la voz de Siharna, llena de una determinación feroz por no fallarle a su pequeño.
Por traerlo a este mundo indemne.
Resulta difícil no imaginar a Raeve emitiendo esos mismos sonidos cuando se hacía llamar de otra manera. Antes de que la llevaran al cielo y la sepultaran con el cadáver de su querido dragón…
—Milagrosamente, un hermano recuerda haber visto al grupo de viajeros que acompañaron a Elluin de vuelta a Arithia.
—Abro los ojos de golpe y veo a Borg de su tamaño real, racheando por la habitación a la par que inspecciona las pertenencias de mah—.
Se detuvieron en las llanuras de Ergor mientras sus dragones cazaban.
Un escalofrío me recorre el cuerpo.
Alcanzo la botella de licor, me la llevo a los labios y doy un largo trago del que inmediatamente me arrepiento.
—¿Qué quieres a cambio?
Ni siquiera se aparta del jarrón con grabados florales en el que ha metido la cabeza cuando pronuncia unas palabras suaves como la seda que resuenan en mi oído.
—Mi favorito.
Me pongo tenso.
—Borg…
—Esto es un dos por uno —canturrea saliendo del jarrón. Se vuelve, fingiendo interés por una colección de platos que hay apilados en un rincón de la pared—. Información sobre vuestra amada Elluin y la ubicación de un fragmento lunar. Os estoy haciendo una oferta.
—Me estás castigando .
Encoge sus vaporosos hombros.
—Sigo en el mismo frasco aburrido, sin color y ni siquiera un colgante para decorar. Y el corcho se humedeció mientras estaba en vuestro bolsillo; ahora apesta.
Apretando los dientes, dejo la botella en el suelo con un golpe y aprieto los puños con tanta fuerza que me crujen los nudillos. Los apoyo en las rodillas y me recuesto, inclinando la cabeza hacia el maldito techo.
—Date prisa.
—Vuestros preliminares dejan mucho que desear —dice tan abatido que las palabras apenas me llegan a los oídos—. ¿No podéis al menos simular que estáis emocionado?
La llama de Rygun se agita bajo mi piel, tensándomela y disipando el frío de la habitación.
—Mi paciencia se está agotando, viejo amigo.
—Entendido. —Se lanza hacia delante, encaramándose sobre mí—. Por favor, no me echéis.
Me bulle un rugido en la garganta.
Suelta un chillido de pánico y, luego, separa los jirones que forman su boca.
Aprieto los ojos para no tener que mirarlo mientras comienza a sorber, sacando a relucir uno de los recuerdos más dolorosos que anidan entre los rescoldos de mi pasado…