Capítulo 51
LAURENT
A compasar mis respiraciones al ritmo lento que tanto había practicado no me estaba sirviendo. Seguía notando como si una presa me estuviera acechando en todo momento y yo no estaba a salvo. Tenía esa sensación en el pecho muy a menudo.
A veces me ayudaba ir al campo, pero en Nocturia apenas teníamos campos, en parte porque casi nunca sale el sol. Era un lugar bastante lúgubre y desanimado, casi sin vida. Todo era demasiado oscuro. Me recordaba a los días en los que pensé que mi vida había acabado.
Me gustaba el campo porque era verde. El color favorito de mi madre era el verde. Me gustaba creer que era el mío también. Aunque fuera solo porque eso me hacía sentir más cerca de ella.
Apenas recuerdo a mi padre. Me abandonaron cuando yo era muy pequeño. No les guardo rencor por eso. De verdad. Creía entenderlo. Nadie querría tener en su vida a un hijo tan patoso como yo.
Por eso quería cambiar. Convertirme en Umbrae era ese paso que tenía que dar para ser un hombre de verdad. Un hombre al que nunca abandonarían. Un hombre a la altura de Janine.
Por más que intenté librarme de esa sensación que me perseguía, no fui capaz.
Me clavé las uñas con fuerza en las palmas con la esperanza de que el dolor físico apaciguara el dolor que sentía en mi interior. Tal vez debería hablar con Tahlia, ella podría ayudarme. Siempre lo hacía.
La enfermera entró en mi habitación dispuesta a curarme el corte que me hizo Cassian. Todavía no había descubierto por qué lo hizo, pero sí sabía que estaba enfadado con él.
Pensé que todo lo que me había dicho en la fiesta era fruto del alcohol, estaba dispuesto a dejarlo pasar.
Entonces vino a buscarme, con la excusa de que quería disculparse, que su actitud había estado mal, que no pensaba todo aquello que decía.
Yo le creí. Porque Cassian es lo más parecido a un hermano mayor que he tenido, a una familia.
Lo abracé, acepté sus disculpas, tan venenosas y putrefactas como el arma que clavó en mi interior.
El dolor del filo clavándose en mis entrañas no fue nada comparado con el dolor que sentí en mi corazón al ser traicionado. Como si esa daga intoxicada tuviera de diana mi alma y la hubiese retorcido, obligándome a mirar cómo me desangraba.
Las palabras hirientes que me dedicó a continuación rompieron algo más en mi interior.
Cassian estaba diferente. Sus ojos se veían adornados por una sombra oscura que les robaba toda la vida que antes tenían.
Siempre había sido serio y, aunque siempre había peleado con sus propios fantasmas, nunca fue infeliz.
Ahora no podía pensar lo mismo. Y me preocupaba pensar en lo que podría llegar a convertirse.
Cuando la enfermera terminó de curarme, me dio el visto bueno para realizar la segunda prueba esta noche: El Laberinto de Sombras.
Un sistema de túneles subterráneos donde reinaba la oscuridad y habitaban todo tipo de criaturas oscuras.
La meta era encontrar la salida. Era uno de los ritos más infravalorados.
Muchos aspirantes tenían el erróneo pensamiento de creer que encontrar la salida era tarea sencilla.
Era ahí donde intervenían las criaturas.
Hacían de tu recorrido una experiencia tenebrosa e inolvidable.
En este rito evaluaban la resistencia mental, la orientación y el combate frente a esas criaturas.
Después de limpiarme la herida, que ya había terminado casi de cicatrizar con un ungüento que me había preparado Marie, me puse en marcha.
Al principio, moverme resultaba doloroso, había estado unos cuantos días en cama y sentía mis músculos rígidos. No estaban colaborando demasiado.
Me fui a hacer un entrenamiento rápido antes del segundo rito. Tenía que estar listo para superarlo. Solo esperaba que mis demonios no me acecharan en el peor de los momentos.