La balada de los caídos (Erebus 1) Capítulo 42 #3
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Capítulo 42 #3

Varin apareció sobre el escenario, vestido de traje negro con una pajarita roja.

Se había engominado el pelo negro hacia atrás, llegándole hasta la nuca.

Observó a todos los presentes aburrido y, a la vez, con ganas de matar a alguien.

No pude evitar reírme. Varin era una persona seria, formal, incluso recatada, me atrevería a decir.

No me quería ni imaginar a lo que tenía que haber accedido para estar presentando esto.

—Buenas noches —anunció fastidioso—. Caballeros. —Hizo una pequeña reverencia—. Señoritas. —Imitó el gesto.

A lo largo de la sala se escuchó un murmullo de asombro, la mayoría de mujeres solteras se habían quedado embelesadas con Varin. Podía llegar a entenderlo, el tipo tenía su encanto.

—Es bien sabido por todos que un ejército es la mayor fuerza latente de un pueblo.

Es por eso que, cada tres años, acostumbramos a celebrar el Rito del Umbracero, donde nuestros mejores aspirantes demostrarán su valía en siete pruebas.

Todo aquel que consiga superarlas, podrá llevar el honor de ser un Umbrae.

La gente estalló en aplausos, vítores y silbidos.

A la muchedumbre le gustaba el espectáculo, les fascinaba.

Es por eso que las pruebas podían ser vistas por toda Nocturia.

No estaba de acuerdo con el sistema, en mi opinión, debería ser algo menos.

.. letal, por así decirlo. Aunque llegaba a comprender el porqué.

Los Umbrae no eran los encargados de defender únicamente Nocturia, sino todo Varnath.

Necesitaban estar seguros de que estarían a la altura.

—A continuación, vamos a explicar la primera prueba que tendrá lugar esta semana.

—Varin desplegó un largo pergamino y comenzó a hablar—.

La primera prueba será: la Caza Nocturna.

Donde todos los aspirantes a Umbrae serán cazados por los Umbrae ya experimentados, poniendo así a prueba su astucia, sigilo y la habilidad para adaptarse en el terreno.

Todo aspirante que sea capturado, deberá batirse en duelo con otro aspirante capturado aleatorio, donde solo el más letal sobrevivirá y continuará en las pruebas.

Un nudo se instaló en mi estómago, revolviéndome los restos del bollo que Laurent me había entregado. Se decía que la primera prueba era una de las más letales.

—Demos paso a los aspirantes de este año.

Me pareció ver un atisbo de emoción en Varin, lo que resultaba irónico, ya que me daba la impresión de ser una persona bastante desapegada; y percibir algún ápice de emoción en él era, cuanto menos, extraño.

Aparecieron tras el telón trece aspirantes a Umbrae, entre los que había tres mujeres y diez hombres.

No era usual que una mujer se presentara al rito del Umbracero, ni siquiera lo era adoptar roles que en esta sociedad se consideraban tan masculinos.

Mucha gente pensaba que su complexión era un impedimento, que serían más lentas, menos letales y se dejarían llevar por sus emociones. Ridículos.

Laurent estaba asombroso, brillaba como una estrella, se veía seguro, como si ese ya fuese su lugar. Acaparaba toda la atención y dedicaba sonrisas deslumbrantes.

Estaba tan orgullosa de él.

Janine aplaudía alegre, con las lágrimas empañándole los ojos.

Tahlia dejó ver un atisbo de sonrisa, lo cual ya era mucho decir.

Adrien seguía sin hacer acto de presencia y Cassian parecía tener un palo metido en el culo.

Le propicié un buen codazo, una breve advertencia de que fingiera algo de entusiasmo.

Me dedicó una mueca de desagrado y abandonó la sala.

¿De qué iba? Este era un momento importante y se estaba comportando como un auténtico capullo. Tal vez siempre lo ha sido en realidad.

Después de una hora de presentación, en la que cada aspirante contaba un poco más de ellos, sus ambiciones y las expectativas que tienen en el Rito, se dio paso a la cena.

Era un evento más cerrado, donde únicamente los miembros más cercanos a la corona recibían invitación.

Se decía que era un evento de celebración, donde las altas esferas tenían la oportunidad de conocer mejor a los aspirantes.

A mí me parecía otra ridícula excusa para juntarse y derrochar el dinero en comida y apariencias falsas.

Agarré una copa alta y fina, con un líquido espumoso y burbujeante que me hiciera desconectar las neuronas. Esta noche sería muy larga.

Visualicé un resquicio de una melena negra, alborotada entre tanta gente.

Adrien estaba aquí. Su rostro estaba serio, como si la conversación que estuviera manteniendo fuese de todo menos interesante.

Sus ojos buscaron a los míos, como si mi cuerpo lo estuviera llamando.

Me miró durante dos segundos y me quedé absorta en su mirada.

Entonces, me guiñó un ojo. Fue un gesto rápido, apenas perceptible.

Si no hubiese estado embobada mirándolo, no me habría dado cuenta.

De repente, el corazón me gravitaba, el calor me subió a las mejillas, traicionero, delatando lo que ese bastardo me provocaba.

Vi cómo las comisuras de sus labios se levantaban un poco, en respuesta a mi absurda reacción.

Era un gesto sensual, confiado, sabía lo que estaba haciendo y sabía cómo iba a reaccionar.

Adrien Arkenvoss estaba coqueteando conmigo.

Y yo necesitaba tomar un poco de aire fresco.