10
ADDIE
Abro la boca todo lo que puedo, pero no creo que pueda con él. Es largo, desde luego, pero también increíblemente grueso. No es que haya visto muchas pollas en mi vida, pero sé que nunca he visto nada así.
—Arthur, yo... —balbuceo, cierro la boca y alzo la vista hacia él, sin saber qué más decir.
—Abre otra vez —dice con suavidad, mirándome con ternura mientras se coloca a horcajadas sobre mi pecho y se cierne sobre mí como un gigante—. No te preocupes, Addie. Somos compañeros, hechos el uno para el otro. La naturaleza no comete errores. Vamos. Ábrete para mí, Addie.
Hace una pausa y respira hondo.
—Por favor —murmura, como si le costara pronunciar esa palabra—. Por favor.
Una simple palabra, pero tan significativa.
Por favor.
Permiso.
Respeto.
Necesidad.
Así que levanto la mano y agarro con vacilación su enorme polla, lo atraigo hacia mí y abro de nuevo para mi compañero.
Y esta vez funciona.
No sé si algo cambió o si simplemente no abrí bastante la primera vez.
Pero ya no puedo pensar, porque la sensación de Arthur deslizándose centímetro a centímetro dentro de mi boca, adentrándose en mi garganta hasta que sus pesadas pelotas descansan contra mi barbilla, es más de lo que puedo soportar.
Me corro sin que me toquen mientras Arthur gime y empieza a embestir despacio, a horcajadas sobre mis pechos.
Estoy empapando toda la encimera de la cocina mientras él me sujeta la cabeza y me folla la boca con un poder controlado más dominante que cualquier demostración de fuerza.
Se corre en mi garganta a chorros, soltando un rugido gutural mientras me agarra del pelo y me mantiene quieta para poder terminar.
Es dominante, pero no me importa. De algún modo sutil, siento que era yo quien tenía el control.
Alzo la vista hacia él y casi me derrito al ver el amor y la alegría reflejados en cada línea del rostro de este hombre, grabados en cada cicatriz, en cada año de su existencia.
Asiento, y él me devuelve el gesto.
Sin bromas ingeniosas.
Sin quitarle importancia al momento.
Solo el momento en sí, desnudo como nuestros corazones.
Arthur sale lentamente de mi boca, su polla aún unida a mi labio inferior por un largo hilo de semen. Me lo limpio, y él se inclina y me da un beso húmedo y desordenado por toda mi boca pegajosa.
Apoyo las manos a los lados para incorporarme. Acabo de correrme a escondidas por toda la encimera, pero mi coño palpita deseando lo que acabo de probar y tragar. Aun así, después del diluvio de semen que la bestia de mi compañero acaba de derramar por mi garganta, supongo que tardará un rato.
Pero entonces jadeo al sentir la punta de la polla de Arthur abrirse paso entre mis labios y detenerse un momento mientras se coloca en posición. Sigue dura... joder, ¡aún más dura que antes, aún más grande!
Bajo la mirada por mi cuerpo, atónita, pero está claro que él no cede, no afloja, desde luego no ha terminado.
No, no ha terminado, me doy cuenta cuando lo miro a los ojos y veo a su Dragón brillando en verde como un sol alienígena. Apenas está empezando.
Estoy a punto de decir algo, pero Arthur me roba las palabras en el instante en que me posee.
Me posee por completo.
Con poder y gloria y fuego y furia.
Me posee.
Dios mío, me posee.