Capítulo 22 #3
Entre la tensión del momento, Patrick no se dio cuenta de que se había despertado. La joven estaba acurrucada en una equina, sollozando en silencio y temblando.
—Lo has hecho muy bien, Lily —murmuró Becca ayudándola a ponerla de pie—. Ella me desató.
—¿Cómo?
—Pues ustedes los hombres son un tanto egocéntricos, ¿sabes? Estaban tan centrados en el juego que no vieron que Lily estaba despertando. Yo lo noté cuando empezó a amenazarnos, y me comuniqué con ella por la mirada. Es una joven lista, me entendió. Pero necesitaba ganar tiempo.
—Por eso propusiste el juego.
—Nunca fui tan idiota para creer que cumpliría su palabra —dijo, encogiéndose de hombros—. Tampoco te habría hecho pasar por eso de no ser necesario, pero si te sirve de algo, lo has hecho muy bien.
De no estar tan agotado, Patrick se habría reído del tono que empleó, era como una madre condescendiente que le decía a su hijo que sus garabatos eran una obra de arte.
Ambos miraron el cuerpo de Johnny.
Patrick se acercó con cautela. Estaba vivo.
—¿Qué vamos a hacer con él? —preguntó Becca.
La respuesta se materializó en ese instante en la puerta. El duque de Gritsmore, malhumorado, entró a la habitación con el semblante de alguien que quería estar en cualquier otro lado.
—¿Está muerto? —preguntó.
Patrick negó con la cabeza. Entonces, el duque hizo una pregunta propia de alguien sin sentimientos:
—¿Y por qué no?
—¿Qué haces aquí? —inquirió Patrick, cansado.
—Poco después de que te fuiste, me informaron que alguien lo había visto por esta zona. No fue difícil deducir a dónde venía. ¿Qué ha pasado?
Patrick le hizo un breve resumen de lo ocurrido, y Becca acotó:
—Patrick luchó con él por el arma.
—Y Becca lo golpeó con un atizador.
Él miró a uno y luego al otro. Sus ojos con brillaron con una emoción difícil de identificar, pero que se asemejaba al orgullo.
—Un equipo interesante. —Miró a Patrick con burla—. Y pensar que protestaste tanto por tener que convenirla en su esposa de esa manera. Hubiera sido permisivo y dejar que te tomaras el tiempo de cortejarla y aún estarían en proceso.
Patrick abrió los ojos por la sorpresa. No, no estaba insinuando que…
—¡Lo acorraló para obligarlo a forzar el matrimonio! —acusó Becca.
Gritsmore se encogió de hombros.
—Mis hombres están abajo. ¿Quieren que me deshaga del cuerpo o se lo quedan de recuerdo?
La doncella tuvo una arcada ante ese comentario y Patrick sugirió que todos salieran de la habitación. Temía que Becca se lanzase sobe el duque.
Dejaron a Lily en su cuarto, a cargo de una somnolienta ama de llaves, y ellos fueron a refugiarse al de Patrick.
—Ahora mi habitación quedará oliendo a sangre —dijo Becca con desagrado mientras se dejaba caer en la cama—. No puedo volver a quejarme de que tengo una vida muy aburrida.
—Perdóname, Becca. Yo…
Ella hizo un gesto con la mano para que se detuviera.
—No fue tu culpa. Es decir, sí, lo fue, pero no tu intención, que es lo que realmente importa. ¿Estás bien?
Patrick soltó una risa nerviosa.
—A ti es a la que te tuvieron atada en una silla, con un arma apuntándote, ¿y me preguntar si estoy bien?
—Bueno, yo…
Él le tomó la cara entre las manos y le robó un beso.
No fue suave, sino intenso. Quería sentirla, quería saber que estaba bien. Becca lo supo, y por eso le devolvió el beso con el mismo ímpetu.
—Fue la peor noche de mi vida, si te hubiera pasado algo, no me lo habría perdonado.
—No me pasó nada —dijo con tranquilidad.
—Te amo —confesó. Ante su perplejidad, añadió—: No tienes que decirme lo mismo si no lo sientes, no me importa.
Solo quiero que lo sepas. Amo a esa mujer que no le tiene miedo a nada, a la que replica, la que decide que es mejor vestirse cómoda Tenemos toda una vida por delante, Becca.
Y me esforzaré hasta el final porque así sea
—No creo que sea necesario —murmuró ella.
Se acurrucó en una esquina de la cama y se abrazó las rodillas.
Observó hacia la ventana. Era de noche. Y pudo haber sido su última noche.
Acababa de caer en la cuenta de ello.
—Cuando te apuntan con una pistola, de repente entiendes que la vida es muy corta para guardar rencores, o para ser orgulloso —dijo, con una pequeña sonrisa—.
Creo que desde te conocí, supe que eras la clase de hombre que podría tolerar toda una vida, pero tenía miedo de admitirlo.
Creo que me enamoré de ti desde nuestra primera conversación en el jardín, o quizás cuando nos escapamos de la mascarada.
¿Importa? Me había enamorado de ti cuando forzaste el matrimonio, y por eso me dolió tanto.
Pero ya no es relevante, sobre todo porque hubo otras intervenciones —dijo con resquemor.
Al parecer, había una nueva víctima para su rencor—.
Tal vez me cueste un poco olvidar todo esto, pero dije que lo iba a intentar, y es verdad. Creo que puede valer la pena.
—Lo valdrá. Te juro que lo valdrá.
Volvió a besarla, esta vez con suavidad, cariño. Becca se acurrucó entre sus brazos, y, por primera vez en su vida, ninguno de los dos temió al futuro o la monotonía, porque sentían que estaban donde debían estar.