La apuesta arriesgada del conde Epílogo
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Epílogo

Cuatro años después .

Becca miró el libro de cuentas que tenía frente a sí y, aunque siempre había tenido un don para los números, en ese momento los odió.

—Son demasiadas cosas —siseó con tono lastimero y cerró con tono fastidiado el libro.

El problema no era que fuera difícil, el detalle era que ocupaba demasiado tiempo y precisión. Por eso, los lores preferían contratar un administrado que hacerse cargo ellos mismos.

Becca estaba tentada de volver a ese sistema.

—¿Necesitas ayuda?

Estaba sentado frente al escritorio de su despacho, uno que Becca se había usurpado apenas había conocido la casa de campo.

Extendió el libro hacia él.

—Creo que me retiro por hoy.

Pero al día siguiente, volvería a tomarlo, porque administrar los gastos se había convertido en un propósito entretenido.

Al principio había sido difícil, muchos detalles para los que no estaba preparada, demasiadas cosas que tomar en cuenta, pero entre los dos lo habían estado llevando bien, y eso le gustaba.

Él no la reprendía si había un error, y ella tampoco se ensañaba por eso, se habían limitado a trabajar juntos para no quebrar.

Era lindo.

Él observó el libro de cuentas por unos segundos antes de cerrarlo.

—No hay nada que no pueda esperar hasta mañana. ¿Cenamos?

Ella asintió. Tenía un hambre atroz, y eso le recordó que tenía que decirle algo.

—Creo que estoy embarazada. Bueno, no, no lo creo. Estoy segura. Hoy vino el médico y lo confirmó.

Patrick agradeció estar sentado.

—No podía funcionar toda la vida, supongo —dijo, manteniendo en lo posible la calma—. ¿Cómo te sientes?

Becca no estaba segura de ello. Aún procesaba la noticia.

Sin embargo, no sentía la inquietud que la idea le provocaba hacía unos años.

Al contrario, veía la idea incluso con cierta ilusión.

Ella y Patrick habían vivido muchos momentos lindos juntos, quizás sí había llegado el momento de tener más compañía.

—Yo… bueno, supongo que no es un mal momento para intentarlo. ¿Tú qué piensas?

Él lo meditó.

No se había esperado la noticia, pero tener niños nunca fue una idea que le desagradó. Si había un momento de su vida en que creía que podría ser buen padre, era ese. Había abandonado poco a poco su pasado y su situación económica no era mala.

—Creo que podemos hacerlo bien.

Ella le sonrío.

—O muy mal.

—Creo que puede sobrevivir.

Ambos se rieron.

—Entonces, ¿no iremos a Londres esta temporada?

No sería la primera vez que se quedaran en el campo. El año anterior ambos estuvieron de acuerdo en que no era necesario soportar fiestas y veladas obligatorias sin ninguna razón, y pasaron buenos momentos en el pueblo.

—Tal vez dos o tres meses, antes de que se note.

—¿Te importaría que se notase?

—No, pero no tendría humor para aguantar a quien dijese que es de mal gusto.

—Entonces, ¿por qué quieres ir?

—Hattie me escribió. Dice que Alison no se siente bien. Está triste, casi no sale. Creo que ha caído en la cuenta de que no es un buen partido. Hattie piensa que si Rose y yo vamos, tal vez se anime un poco.

Su hermana había sido presentada en sociedad hacía dos años y eran pocos, por no decir ninguno, los pretendientes decentes que se habían acercado a ella. Enferma como estaba, los hombres veían más un problema que una ventaja.

—¿No ha intentado tu hermano arreglarle un matrimonio?

—Ray no es de esos. Creo que prefiere ver a Alison soltera y bajo su cargo, que cargar con la culpa de casarla con alguien malo.

—Yo creo que puede encontrar a alguien. Después de todo, las hermanas Astor tienen fama de conseguir pretendientes de la manera más inesperada posible.

—Y hemos tenido suerte —apoyó Rebecca—. Dentro de lo que cabe.

Ante su broma, él se acercó a ella con pasos de depredador.

—Yo sé que he sido un hombre muy afortunado. Por primera vez, creo que jugué bien mis cartas.

—Yo creo que hiciste trampa —respondió ella alzando la cabeza hasta que estas estuvieron solo a un palmo de distancia.

—Tal vez, pero funcionó. Era para un bien mayor.

—Espero que no te acostumbres.

—No. Uno no tienta la suerte tantas veces, lo aprendí a la mala. He sido afortunado, y estoy dispuesto a demostrar que tu también lo has sido.

La besó. Pero lo que no sabía Patrick era que Becca no necesitaba que le demostrase nada. Ella ya lo sabía.

Estaba más que convencida.