Capítulo 22 #2
Se habría sentido alegra de que le tuviera tanta fe si la situación no fuera tan delicada.
—¿Piquet? —propuso Johnny.
Patrick asintió.
—¿Por qué no arrimas entonces esa mesa y comenzamos?
Se refería a la pequeña mesa de centro que acompañaba a las dos butacas que estaban frente a la chimenea. Patrick la rodó hasta donde estaba Johnny, e hizo lo mismo con las butacas. Johnny se aseguró de mover a Becca a su lado para siempre tenerla a tiro de ser necesario.
—Baraja tú —ofreció Johnny—. No quiero que la dama piense que hago trampa.
Patrick inició descartando las cartas que no se usarían. Cuando tuvo el mazo listo, lo barajeó con manos temblorosas.
No se sentía orgulloso de sí mismo en ese momento. En otra época, quizás el frenesí del juego lo hubiera instado a actuar con una seguridad que no merecía, pero tantos años de pérdidas había convertido las cartas no en un entretenimiento, sino en una fuente de desdicha.
Intentó no fijar la vista en Becca, porque verla amarrada no ayudaría a sus nervios. No fue capaz de barajear, así que decidió arriesgarse y le tendió las cartas a Johnny.
—Mejor hazlo tú.
Era peligroso, pero le daba otras ventajas. Johnny repartió.
—¿Quién va a llevar la cuenta?
—Yo —se ofreció Becca, demasiado calmada para tener las manos atadas—. Tengo buena memoria —replicó—. Si no confía en mí, cuente usted en su mente también.
Patrick examinó sus doce cartas con calma. Había varias que podían funcionar, o eso esperaba.
—Descarto tres —dijo mientras sacaba unas cuantas cartas de su mazo y las cambiaba por las que estaban en la reserva.
Johnny lo observó fijamente. El picket era un juego de lógica. Debía estar averiguando qué tan bueno era su mazo de acuerdo a cuántas cartas Patrick había descartado. Este, por su lado, empezó a contar en silencio.
De acuerdo a las nuevas cartas, y tomando en cuenta las que había descartado, su rival debía tener un buen número del palo de corazones, y quizás del de diamantes.
—Point de seis —anunció Patrik.
—Bueno —gruñó
Le hizo un gesto a Becca. Seis puntos para Patrick.
—Secuencia de cuatro —dijo Patrick
Su rival sonrío.
—Secuencia de cinco.
A partir de ese momento, todo se punto tenso. Patrick cantó un tío de reyes y Johnny uno de reinas. Nueve puntos contra quince. Comenzó mal.
Empezó la primera ronda de bazas.
Patrick intentó en lo posible estar centrado en el juego, pero los nervios de ver a Becca atada le dificultaban el conteo. Johnny veía su miedo. Atacaba y Patrick jugaba a la defensiva. Tras la primera ronda, Johnny había ganado siete de las doce bazas.
—Porque no nos dices el conteo, preciosa.
—Quince sobre treinta a su favor —respondió Becca, malhumorada.
Patrick se dijo que no podía perder la esperanza. Aún quedaban varias manos por jugar.
Iniciaron la segunda ronda.
Quedaron cuarenta y tres contras treinta y cinco a favor de Johnny
Sus esperanzas empezaron a menguar cuando en la quinta ronda, Johnny cantó un Point de seis que Patrick no pudo superar, no le habían tocado buenas cartas. La secuencia logró levantarlo, pero Jonh volvió a tener ventaja en los tríos. Si ganaba las bazas, el juego sería suyo.
Patrick empezó a pensar con rapidez. De vez en cuando, fijaba su vista en Becca. Seguía sentada, aparentemente tranquila, Pero Patrick la conocía lo suficiente para saber que tramaba algo.
—Yo confío en ti —dijo ella, con una sonrisa.
—Qué tórtolos tan idiotas —comentó Johnny, descartando con descuido tres cartas.
Patrick analizó el juego. Él se veía confiado, pero ese podía ser su mayor desventaja.
Se obligó a respirar hondo y concentrarse. Las manos aún le temblaban, sentía que tenía la camisa empapada de sudor y que podía desmayarse de lo rápido que le latía el corazón. Esa ronda era la decisiva, estaba seguro.
Por un momento, se sintió de nuevo en los antiguos salones de juegos. Las apuestas rodaban por la mesa, y la necesidad de ganar le nublaba el juico.
Tenía de nuevo esa necesidad, porque si perdía, no sería dinero, sino algo mil veces más valioso e irrecuperable: a Becca.
«Cálmate, Patrick»
Su error siempre había entrar en pánico, y no podía permitírselo.
Eligió con cuidado que cartas descartar, viendo cuáles tenían más posibilidades de hacerlo ganador. Tomó lo que quedaba de la reserva y lo miró con la mente fría.
¿Podría funcionar?
Quizás.
—Point de seis —dijo Johnny, con orgullo.
—Siete —replicó Patrick.
Y ahí fue cuando su sonrisa se borró. El marcador estaba en noventa contra ochenta y cuatro. Patrick necesitaba dieciocho puntos para ganar, y evitar que Johnny obtuviera los diez que le faltaban.
—Secuencia de tres.
—Secuencia de cuatro.
Lo escuchó maldecir.
—Trío de Ases.
—Reyes.
Se tranquilizó un poco, pero no demasiado. Aún le faltaban siete puntos.
Patrick empezó a atacar.
Dedujo mentalmente las cartas que tenía Johnny, y lanzó cada carta con cuidado.
El rostro de su rival se contraía ante cada baza perdida, y llegada la última, por fin se dio cuenta que Patrick había ganado.
Lazó un diez de tréboles.
Y Patrick es As que faltaba.
Había ganado ocho bazas, y los diez puntos que venían con esta.
Su rival esbozó una sonrisa cruel. Con una mirada cansada, dejó las cartas sobre la mesa y tomó el arma que había estado descansando en su regazo.
—Por esta razón nunca se juega limpio. Sé que hicimos una apuesta, Middleton, pero si creíste que la iba a cumplir, fuente muy ilusa.
—Creo que el iluso fue otro —dijo Becca en voz baja.
Johnny se giró hacia ella, quien ya no estaba en la silla, sino atrás de él. La sorpresa y el momento de duda fue crucial para que Patrick se le
—Becca, vete —le gritó Patrick.
Ella lo ignoró. Sus ojos buscaron con rapidez algo que pudiera serle de utilidad, y dieron con el atizador de la chimenea. Sin dudarlo, lo tomó y golpeó con fuerza la espalda del hombre que estaba distraído intentando mantener la pistola.
El arma se disparó y cayó al suelo después de que Johnny perdiera el equilibro por el golpe, que también le había alcanzado parte de la cabeza.
Quedó inconsciente.
—¿Te has vuelto loca? —le reclamó Patrick.
—De nada —siseó ella, y se acercó a su doncella.