Capítulo 19 #4
Becca empezó a sacar cuentas mentales y algo no le cuadró, pero no era un momento para pensar bien en ello, sobre todo porque él se había cambiado de lugar, ubicándose al lado de ella. Empezó a juguetear con uno de sus rizos.
—Gritsmore me dijo que logró infiltrara a alguien, y que cree que todo está por terminar.
—No entiendo —dijo Becca, separándose un poco de él—, te negaste por orgullo a que pagara el chantaje, pero debe estar gastando bastante en intentar acabar con esa banda.
—Lo sé —respondió él con resignación—. Tampoco me agrada eso, pero ahí yo no puedo intervenir.
No tengo sus contactos, ni siquiera su forma macabra de elaborar planes.
Si lo único que puedo hacer es aportar dinero, entonces afrontaré mi responsabilidad de esa manera.
Créeme, me gustaría no involucrarlo, pero no tengo muchas opciones si quiero que mi familia esté a salvo.
Y eso era algo a lo que ya se había resignado. Siempre le debería eso al duque, y él no se lo dejaría olvidar. Pero, al menos, no le debería más dinero.
Patrick no soportaba la idea de volver a deberle dinero a ese hombre tan insoportable.
No lo dijo en voz alta, pero algo en la mirada de Becca lo hizo sentirse comprendido. Él volvió a tomar uno de sus rizos entre sus manos y esta vez ella no se alejó.
—¿De qué hablaste con mi madre? —le preguntó él.
Estaba cerca, demasiado cerca. Tanto, que Becca no pensó en su respuesta.
—Quería convencerme de que eras un buen hombre.
De haber pensado mejor la respuesta, quizás no lo hubiera comentado. Sobre todo, porque supo que iba a responder él.
—¿Y lo logró?
Becca optó por guardar silencio. El dedo de él viajó desde su cabello hasta su mejilla, en una caricia que amenazó con desarmarla.
¿Por qué se sentía tan bien? Y no hablaba solo del ligero cosquilleo en su piel, sino en una extraña sensación de seguridad, como si ese simple gesto le dijera que él la protegería.
Becca nunca había necesitado que alguien la protegiera, pero no podía negar que se sentía agradable.
—Responde, Becca. ¿Lo logró?
—Tal vez —dijo con un hilo de voz—, me desagradas menos después de haber conocido al duque.
Y después de haber conocido a su familia. Había sido solo una cena, pero Becca se había dado cuenta de que amaba mucho a su madre y a sus hermanos. Alguien que quería de esa manera, ¿podía ser mala persona? A lo mejor sí, pero siempre había más probabilidades de que no lo fuera.
Dicho fuera de paso, ¿qué definía a una mala persona? ¿El egoísmo natural de salvarse a sí mismo? ¿Pero qué pasaba cuando se trataba de salvar a los suyos?
Patrick sonrió ante su comentario. Becca fijó la vista en sus labios y recordó la última vez que él la había besado. El recuerdo fue la chispa que su cuerpo necesitó para encender la llama, cosquilleando, causando un ligero dolor en un punto que ella ni se atrevía a mencionar.
¿Y qué pasaba si lo besaba? ¿Sería de verdad tan malo dejarse llevar?
Cuando juntó sus labios con los de él, ni siquiera lo pensó.
A Patrick el beso lo tomó desprevenido, pero no era tan tonto para evidenciar la sorpresa.
Le rodeó la nuca con una mano y profundizó el beso hasta que le robó el aliento.
La llama se convirtió en fuego, y el ligero dolor en una punzada constante y necesitada.
Él pasó de sus labios a su cuello, y en cuanto tocó ese punto sensible, ella gimió.
Dios, ¡qué bien se sentía eso!
No protestó cuando él la sentó encima de su regazo y volvió a tomar su boca. Lo besó de vuelta, con ferocidad, hasta que volvieron a quedarse sin aliento.
—Tal vez sea tonto de mi parte preguntar a qué se debe esto.
Becca tardó en encontrar su voz.
—Solo curiosidad. Ya sabes, me gusta probar cosas buenas.
Y la duquesa le había dicho que no tenía por qué significar amor.
Aunque sí su perdición.
Él rozó su mejilla con su nariz.
—¿Y hasta dónde dejarás llegar a curiosidad, pequeña aventurera?
Becca sintió que las manos se él se aventuraba bajo su falda, rozando sus muslos con una intimidad que la derritió.
—No lo sé —contestó con sinceridad.
—¿Me dejarías entrar esta noche a tu cuarto? —rozó cerca de su oído.
El carruaje deteniéndose la salvó de responder. Becca se apresuró a arreglarse para bajar. Tenía aún el corazón acelerado, y la piel cosquillándole de una manera que le fue difícil sostenerse en pie. Y él, de alguna manera, lo sabía, porque le ofreció su brazo para caminar.
Dejarlo entrar a su cuarto.
En el fondo, Becca sabía que era más que eso, y esa noche, no le importó. Tal vez porque su cuerpo ardía. Quizás porque no le veía sentido en prorrogar todo. O a lo mejor porque simplemente tenía demasiada curiosidad.
—Supongo que podríamos ir al tuyo —dijo antes de arrepentirse.
Él solo la guio.
Becca no había entrado a su habitación, estaba decorada en tonos oscuros y elegantes. Al igual que la de ella, le faltaba mobiliario, pero parecía tener lo indispensable. No tuvo mucho tiempo de fijarse en los detalles, él le rodeó la cintura con sus brazos y la pegó a su cuerpo.
—Becca, ¿te arrepentirás? —preguntó contra sus labios.
Ella respiró hondo.
—Es probable. Pero eso nunca me ha detenido.
Él le respondió con una sonrisa.
Becca, al menos esa noche, no se arrepintió.