Capítulo 19 #3
—Sí, porque él también me ha perdonado grandes errores a mí. Cuando formas una alianza con alguien, no queda otra opción que hacer un buen equipo. Gritsmore mataría por mí, no lo dudo. Y yo mataría por él.
—Pero no pagó por usted —dijo con resquemor.
Ivory colocó la quinta y última carta comunitaria en el centro de la mesa: un Rey de corazones. Ambas miraban las cartas con interés.
—No lo hizo porque no quisiera, sino porque se divierte manipulando vidas ajenas, el muy desgraciado.
Su forma de dar lecciones es bastante desagradable, te fuerza hasta el límite para ver cómo reaccionas y así se hace una idea de la naturaleza de cada quien.
Quería ver hasta que punto Patrick era capaz de hacerse cargo de sus responsabilidades y consiguió herirle el orgullo lo suficiente para que tomara esa insensata decisión.
No justifico su actuar, aún sigo enfadada con él, pero si Patrick no hubiese pagado, él lo hubiera hecho.
Está haciendo lo imposible por resolver esto, y te aseguro que lo conseguirá.
Porque nos quiere, a su manera, y me protegerá a mí y a sus hijos hasta el final. Para eso es el equipo
Becca guardó silencio. Ivory decidió no forzarla más. Hizo su jugada empujando un grupo considerable de fichas al centro y Becca contrarrestó pagando la diferencia sin ni siquiera dudarlo.
Ivory la miró con interés.
—¿Por qué se casó con él? —preguntó Becca al cabo de un tiempo, ganada por la curiosidad.
Cada vez que los observaba, veía una contradicción. A veces se parecían mucho, y a veces nada.
—Algunos te dirán que por los niños. Patrick seguro te comentó que sospecha que se aprovechó de mí, pero lo cierto es que yo lo amo, y él también me ama a mí. Me pidió matrimonio antes de enterarse de que estaba embarazada.
Así que al menos los rumores del embarazo eran ciertos. Los niños habían sido concebidos antes del matrimonio. Eso significaba que sí habían sido amantes. Ella se había vuelto su amante para salvar a Patrick. Becca no podía imaginarse nada más horrible.
—No me veas así —intervino como si pudiera leerle la mente—. Nunca fui su víctima. Tenía mi objetivo, yo también quería destruirlo. Sin embargo, los planes no siempre salen como uno desea. Al final, compartimos una intimidad mayor a la física, y ya no pudimos vivir sin el otro.
—Pero, ¿cómo pudo soportarlo al principio?
No era una pregunta prudente, pero la curiosidad fue mayor
Ella sonrió con picardía.
—Te aseguro que no fue ningún sacrificio. No tienes que estar enamorada de alguien para que la intimidad sea agradable, aunque tengo la sospecha de que el cuerpo reconoce antes que uno quién es su complemento. Debí saber que ese hombre sería mi perdición desde ese momento.
Ivory dejó ver su jugada destapando un As de corazones y un diez de corazones. Había formado un color al As. Su expresión evidenció que creía haber ganado, pero Becca mostró sus cartas: el nueve de corazones y la Jota de corazones.
Ivory no tardó en comprender. Se carcajeó.
—Vaya, sí eres calculadora.
—Te lo dije —intervino Patrick desde la entrada. Sonreía, aunque su cuerpo estaba tenso, seguro debido a la conversación que acababa de tener con el duque—, pero me sorprende que caigas en esa clase de trucos, madre.
Ella se encogió de hombre.
—Tenía la mente en otra cosa. Creo que te debo una libra, querida. Súmalo a mi cuenta.
Patrick se sentó al lado de Becca, despertando un pequeño cosquilleo con su cercanía. Quizás era que tenía muy presente las palabras de Ivory sobre cómo respondía el cuerpo ante la persona correcta, aunque ella prefería pensar que no tenía nada que ver con el amor.
La duquesa no se ofreció a jugar otra mano, sino que recogió las cartas con rapidez.
—No se detengan por mí —acotó él.
—No me detengo por ti —respondió Ivory, aunque a Becca le dio la impresión de que era así—. Me detengo porque es tarde, y creo que después de esta larga noche, a tu esposa le gustaría ir a casa.
—¿Ya te hartaste de mi familia, Becca? —preguntó con humor—. No te culparía por decir que sí. Yo de vez en cuando también me harto de ellos.
La duquesa le lanzó una mirada de fastidio que Patrick respondió con una sonrisa.
Se despidió de ella con un fuerte abrazo, y Becca pudo ver entre ambos un cariño difícil de describir con palabras.
No era un lazo frío entre una madre que solo había criado por obligación, sino una unión tan potente que podría destruir a quien se metiera con ellos. Era lindo.
Muy lindo.
En el carruaje de regreso a su casa, Becca estaba pensativa.
Las palabras de la duquesa revoloteaban en su mente y se juntaban con los otros consejos que todos se habían empeñado en darle, el de su hermana, el de Hattie.
Todos parecían iguales, pero Becca se resistía un a ellos precisamente porque su orgullo también lo hacía.
¿Perdonar? ¿No era eso decirle que podía tolerar que la hiriera?
O tal vez era solo darse una oportunidad, pues, aunque le molestase admitirlo, él parecía estar siendo sincero. Después de todo, ella era su esposa. Bajo la ley, podía hacerle lo que quisiera, y aún así se había tomado la molestia de intentar conquistarla.
No creía que fuese fingido. No tendría por qué. Conquistarla y después decepcionarla solo los llevaría a la misma situación en la que estaban en ese momento, o quizás incluso a una peor. Y él lo sabría.
—Ella me dijo que lo ama de verdad —murmuró sin apartar la vista de la ventilla.
Patrick tardó en entender de qué estaba hablando.
—¿Te refieres a mi madre? Sí, creo que estoy aceptando la idea. Pero el hecho de que se lo hayas preguntado es que tuviste las mismas dudas que yo —dijo con una sonrisa—. Es difícil de creer.
—A veces sí y a veces no. En momentos parecen uno para el otro, y en otros momentos dos grandes enemigos. Mi duda venía porque él es un hombre difícil de querer.
Becca no se imaginaba estar al lado de un hombre como el duque. Autoritario, arrogante, y con una manía de herir con las palabras. Destrozaría a una mujer más sensible, y Becca creía que precisamente por eso se había casado con Ivory, porque tampoco era alguien fácil de tratar.
—Supongo que hasta los canallas pueden encontrar el amor. Eso me da un poco de esperanzas.
La broma consiguió su objetivo: que Becca lo mirase. Él había introducido, quizás sin querer, una nueva palabra en su relación. Amor. ¿Quería que lo amase?
—¿Cuánto tiempo tardaste en pagarle la deuda? —preguntó, para desviar un poco el tema.
—Comencé después de terminar la universidad. Unos tres desde entonces.
—¿Puedo preguntar cuánto era la deuda?
—Con intereses, al menos cinco mil libras.
Ella no se había esperado esa cantidad de dinero.
—Cuando vendí la casa en Londres, recibí seis mil libras. Le di dos mil a Gritsmore. El resto el destiné a otras deudas, y a la universidad. Por no decir los gastos de la casa de campo que tenía bastante deteriorada.
—¿Y cuánto es tu renta anual?
No era una pregunta que una dama debía hacer, pero ella siempre había considerado las finanzas importantes pues, después de todo, la dama vivía de esas finanzas, y si iban mal, todos salían perjudicados.
Le agradó que él no pusiera peros en responder.
—Cinco mil al año. A Gritsmore le di mil cada año, y otras tres mil se iban en el mantenimiento de la casa. Lo que quedaba me mantuvo esos años un poco justo, pero nada demasiado grave.
—¿Siguen yéndose tres mil en el mantenimiento?
—Unas tres mil doscientas. He aumentado el personal para que sea más sencillo para los otros, y mantener la casa en mejores condiciones. Gasto otras mil libras durante la temporada de Londres. Ya sabrás por que aún no tenía dos mil libras para pagarle a Johnny.