Capítulo 11
Vauxhall era el lugar idóneo para muchas cosas, una cita clandestina, encuentros secretos y románticos, pero no para lo que Patrick tenía que hacer.
Siendo sincero, no había ningún lugar idóneo para lo que tenía que hacer.
Todo era cuestión de valor.
Y no creía poder tenerlo.
—Lord Middleton, ¿está bien?
La pregunta vino de la señorita Morgan. Casi había olvidado que la tenía a su lado, y eso evidenciaba lo turbado que estaba, pues era difícil que una mujer que parloteaba todo el rato pasara desapercibida.
—Sí, por supuesto.
—Yo… me preguntaba si no le gustaría dar un paseo conmigo.
Patrick se puso en alerta. Vauxhall era, sin duda, la clase de lugar por la que ningún caballero sensato pasearía con una joven soltera y desesperada como Helen.
Había muchos rincones donde esconderse, pero también donde ser descubiertos si una de las partes se lo proponía, y si se llegase a dar el caso, no había lugar a ninguna objeción, pues si había un sitio donde quedarse a solas con una dama era tres veces más incorrecto que en una situación común, esos eran los jardines del placer.
—Es demasiado peligroso para su reputación.
Y también para su soltería. Dios sabía que lo que menos necesitaba en ese momento era una esposa sin dote.
—Pero si nos vamos a casar —protestó Helen.
—Pero eso no me da ningún derecho para ponerla en una posible situación indecente.
Ella se molestó. La delató el ceño fruncido y los labios apretados. No le era difícil saber en qué estaba pensando. Helen lo había visto escaparse con Becca de aquel salón de baile y en ese momento él se negaba a hacerlo con ella, a quien se suponía que amaba.
Estaba dolida. El plan iba bien.
«E irá mucho mejor», pensó con resquemor.
—Sabe, a veces me cuesta ver en usted al hombre con el que hablé durante tanto tiempo —dijo, decepcionada.
Lo suponía. No era un actor extraordinario, y fingir sentimientos por ella era cada vez una tarea más compleja, pues cada que se obligaba a conversar, la toleraba menos.
—¿Por qué? —se obligó a preguntar.
Aunque en ese momento era lo que menos le interesaba. Tenía muchas cosas en la cabeza y ese teatro ocupaba el último lugar en su lista de prioridades.
—No me habla como en las cartas, le propongo pasar un tiempo a solas y se niega, cuando me prometió que daría lo que fuera por pasar unos momentos en mi compañía sin que nadie nos vigilase, sin normas sociales ni restricciones.
Le digo que estoy dispuesta, el ambiente es propicio, y ¿usted habla de cuidar mi reputación?
Patrick se había olvidado de eso. Posiblemente se había olvidado de muchas cosas. Eran demasiadas notas, y aunque Rebecca le había proporcionado un buen resumen de todo lo que él le había dicho a Helen, existía la posibilidad de que se le hubiese pasado algo.
Estaba cansado. Quería dejar ir ese teatro, concentrarse en las cosas que importaban en ese momento, pero aún debía evaluar su situación, y echar a perder la venganza de Becca no iba a ayudarlo. Así que tenía que seguir fingiendo un poco más.
—Querida —dijo con ese tono que una que otra vez le había funcionado con una dama linda—, aunque mi corazón me dicte otra cosa, lo que de verdad mide el interés que siento por usted es mi contención, pues más fuerte que mis deseos, está la necesidad de no ponerla en peligro.
Me duele que vea mi caballerosidad como desinterés, cuando yo lo veo como una forma de respetarla.
Se felicitó a sí mismo por el discurso, pues le pareció creíble. Helen se lo creyó, al menos, durante un instante, pues pocos segundos después, Patrick cometió un error: ver a Becca.
No fue algo intencional, simplemente, la vio pasar, y se había acostumbrado tanto a buscarla que sus ojos se detuvieron en ella sin poder evitarlo, y por más tiempo del necesario.
Helen no lo soportó.
—A mí me dice que solo me respeta, pero con ella se escapa de la fiesta, ¿verdad?
Maldita sea.
—No fue así.
—Sí, fue así, yo los vi. No soy tonta —dijo, con los ojos amenazando con romper a llorar.
Patrick esperaba que no lo hiciese, porque no era bueno fingiendo indiferencia ante una mujer que lloraba.
—Si cree que fue así, ¿por qué todavía me busca?
—Porque todavía tengo la esperanza de que me quiera a mí.
Por primera vez desde que había comenzado ese teatro, Patrick sintió verdaderos remordimientos. No el pequeño picor que lo atravesaba de vez en cuando, sino una verdadera culpa, una que la hacía sentirse una persona horrible.
Como si ya no se viniese sintiendo así desde hacía rato.
Buscó las palabras correctas. Aunque la idea inicial era lastimarla, no se sintió bien haciéndolo, no en ese preciso instante. Hasta que ella dijo:
—Ella no es lo suficientemente buena, no entiendo por qué todos creen que sí. No es refinada, sino tosca. No viste a la moda, no se esfuerza… Su único atractivo es la fortuna de tener un hermano rico capaz de proporcionarle una gran dote, pero es en realidad una persona insoportable.
Entonces, cualquier vestigio de lástima desapareció tan rápido como llegó. Recordó que Helen no era una víctima, nunca lo había sido.
Y no soportó cómo habló de Becca.
—Es una persona inteligente y sincera, que no se rige por absurdas normas sociales ni intenta agradar a todos —le espetó. Y a tiempo se contuvo de decirle que ella era mucho más insoportable que Becca—. Si me disculpas…
Empezó a caminar hacia Becca. Era un insulto directo, un desafío. La escuchó jadear, pero no lo siguió.
Becca le hizo un gesto con la mirada para que la siguiera y empezó a moverse entre la multitud con la seguridad de quien había planeado ya cada detalle.
Quizás el truco para escaparse de los ojos de todos era no actuar con cautela, pues esto generaría sospechas, sino caminar con la cabeza en alto.
Si no se actúa como si se fuera a cometer un pecado, nadie prestaría atención.
Y parecía ser una teoría certera, pues Patrick estaba casi seguro de que, aparte de Helen, nadie los había visto, pues cuando salió del jardín principal echó un vistazo atrás, y ni un asistente parecía lo suficientemente interesado en la dama de vestido verde que caminaba con prisas unos pasos más delante de él.
Parecía conocer bien los jardines, o solo era buena observadora, pero se detuvo cerca de un grupo de árboles cuya sombra los haría casi invisibles entre las personas que paseaban. Patrick se situó a su lado.
—Hace una noche preciosa, ¿no cree?
No era un comentario propio de ella, o no la clase de frase con la que solía iniciar las conversaciones entre ambos.
Pero tampoco parecía estar siendo sarcástica.
Ese día, en particular, mostraba buen humor, y el brillo de sus ojos, junto con una pequeña sonrisa que adornaba su boca, le daba un aspecto muy tierno.
Aunque no se lo diría. No creía que fuese una palabra con la que se identificase, y no tentaría a su suerte por eso.
No de esa manera.
Pero podía intentar otras cosas.
—No más linda que usted.
Quizás en otro momento Becca se hubiera tomado mal el comentario, considerándolo como un halago poco original, pero esa noche, sin saber bien por qué, estaba feliz.
Tal vez se debía a que vio desde lejos a Helen rabiar por lo que le había dicho Patrick, o a que los jardines de Vauxhall siempre le habían gustado.
Tenía esa esencia mágica que la hacía sentirse cómoda, como en un sueño, y siempre había tantas personas que era fácil pasar desapercibido.
Así pues, decidió perdonarle su falta de creatividad.
—¿Le ha dicho lo mismo a Helen?
—No miento tan bien.
Becca se rio.
—Es usted un hombre cruel, lord Middleton.
—Usted también, milady.
—Creo que por eso me agrada.
No había querido decirlo en voz alta. De haberlo pensado mejor, ni siquiera lo hubiera admitido ante sí misma, pero era una de esas afirmaciones tan genuinas que los sentimientos no llegaban ni a considerar la posibilidad de ocultarlas.
La sonrisa de él se amplió y Becca se dijo que ya el error había sido cometido.
O tal vez no fuera un error. ¿Qué tenía de malo confesar que le agradaba?
No era mentira. Había algo en los momentos que pasaba junto a él que le gustaba, y si no se ponía a analizarlo demasiado, no tenía nada de malo admitirlo.
—Me siento halagado —dijo en tono burlón.
—Debería —respondió Becca con prepotencia—, no es algo que le diga a cualquiera. Pero no se ilusione. Solo me agrada como amigo.
—Sí es así, podríamos dejar a un lado las formalidades, ¿no crees? Al menos mientras nadie nos vigile.
Becca lo pensó. Las normas sociales siempre le habían importado más bien poco, y el protocolo de llamar a otros por su título o apellido resultaba, en ocasiones, un poco tedioso cuando se tenía mala memoria.
Para Becca, era absurdo que solo las personas cercanas pudieran usar los nombres de pila, era como si este no sirviera para nada.
Era posible que algunos vieran la eliminación de los protocolos como un acto de intimidad tan vergonzoso como darse un beso, pero a ella le era indiferente, y, por ende, no encontró problemas en su petición.
—Patrick, ¿no es así?
Él asintió.
—No me gusta mucho ese nombre —dijo ella sin tapujos.
Él se carcajeó.
—A mi madre tampoco, pero esa fue la única batalla que mi padre pudo ganar, y solo porque ella estaba demasiado convaleciente para protestar.
—La duquesa siempre me pareció una mujer de carácter.
—No tienes ni idea de cuánto.
Ambos sonrieron.
—Entonces, ¿Rebecca o Becca?
Ella se encogió de hombros.
—Como prefieras.
—Becca me suena más dulce.
—Entonces Rebecca. «Dulce» no es un adjetivo con el que me describiría a mí misma.
—Hay muchos adjetivos con los que no te describirías, pero que te quedarían muy bien.
—¿Por ejemplo…?
«Encantadora, pícara, tierna», pensó.
—Prefiero no decirlos para no entrar en discusión.
Becca quería discutirlo, pero decidió que no perdería tiempo en eso cuando tenían muchas cosas por hablar.
—Helen parecía muy molesta cuando te marchaste.
—Sí, sobre eso… No estoy seguro si he arruinado todo, o he conseguido que el plan vaya increíblemente bien.