Capítulo 10
Becca estaba cenando con su familia cuando llegó la nota, y se odió a sí misma por emocionarse pensando que, quizás, era la respuesta a la carta que había enviado en la tarde y cuya contestación no había recibido.
La tonta ilusión no tardó en desaparecer ante la mención del mayordomo de que la nota tenía indicaciones específicas de ser entregada cuando toda la familia estuviese reunida, así que Becca no tardó en asumir de quién era.
—Es de Rose —dijo Hattie con emoción.
Becca también se emocionó, pero no tanto como si se hubiese tratado de la respuesta de él. Vaya idiota en la que se estaba convirtiendo.
Hattie empezó a leer en voz alta.
Querida familia
He pedido que esta nota sea entregada durante la cena porque me interesa que todos se enteren al mismo tiempo de una increíble noticia.
No tengo palabras que puedan expresar lo feliz que estoy, pues dentro de unos meses, el baronato de Mowbrat podría llegar a tener un heredero.
Espero puedan recibir esta noticia con tanta alegría como yo y, cuando finalice la temporada, están invitados a mi casa si desean esperar junto a mí la llegada del bebé.
Dom y yo los recibiremos a todos con gusto.
Atentamente,
Rosemary.
—Supongo que, si ha empezado a llamarlo «Dom» y él se lo permite, la relación no va tan mal —dijo Raymond con humor.
Becca tenía que reconocerle a su hermano que se preocupaba por ellas.
Desde que había tenido que ceder forzosamente a ese matrimonio, había estado pendiente de cada carta que mandaba Rosemary.
Quería creer que ante la mínima necesidad de ayuda, la iría a buscar y la escondería de su terrible marido.
Por suerte no había sido necesario.
Aunque no era fanática de los niños, la noticia la alegró, porque su hermana estaba feliz, y si Rose estaba contenta, Becca también.
Durante un segundo, se cuestionó si todo lo que estaba haciendo valía la pena.
Vengarse era más fácil cuando todavía se vivían las consecuencias de la afrenta.
Aunque durante los últimos meses Rose le había dado a entender que todo parecía ir bien, Becca no había tenido la certeza hasta ese momento.
Su hermana podría haber estado resignándose, o convenciéndose porque no había tenido opción, pero en esa nota parecía verdaderamente feliz.
Había encontrado su destino en una situación desafortunada.
«Quizás debería dejarlo así», pensó.
¿Qué sentido tenía vengarse si su hermana no era desgraciada?
Pero su parte más rencorosa le dio muchos motivos para continuar.
El primero, era que Helen, de una u otra manera, iba a salir lastimada.
Ya se habían inmiscuido demasiado en eso, lord Middleton no iba a casarse con ella así que, sin poder evitarlo, terminaría con el corazón roto.
Si ya estaba destinada a sufrir, ¿qué importaba que supiera que había sido Becca la causante?
Además, seguía considerando que merecía una lección. Había personas que tenían que aprender de mala manera que no se podía jugar con la vida de otros a su antojo, y Helen era una de ellas.
Becca consideraba que estaba haciendo un bien social.
—Cuando Becca se case, esta familia se llenará de niños —dijo Alison.
Becca se atragantó con la copa de vino.
—Creo que nos estamos apresurando —dijo con voz ronca, mientras intentaba aclarar la garganta.
—Sí, lo cierto es que sí —respondió Raymond con sequedad.
Debía de detestar a Patrick.
—Lo importante —intervino Hattie, mediadora—, es que Rose está feliz. A veces, solo hay que dejar de juzgar y dar una oportunidad, ¿no crees, Ray?
Le lanzó una mirada interrogante.
Su hermano no respondió.
Después de la cena, Alison siguió a Becca hasta su habitación.
Normalmente seguía a Rosemary, pero desde que su hermana se había ido, Becca se había convertido en el nuevo centro de sus conversaciones, y ella lo toleraba lo mejor que podía dependiendo de su humor.
Por suerte, esa noche no estaba enfadada por nada, aunque estaba segura que Alison pondría a prueba su buen ánimo.
—¿Qué se siente estar enamorada, Becca? —preguntó sentándose en la orilla de la cama.
Si algo había que destacar de Alison, era su lado soñador. Tenía una capacidad increíble de hacerse novelas en su cabeza, con muchos finales alternativos. Lamentablemente para ella, y quizás por el cariño que les tenía, siempre dejaba los románticos para sus hermanas.
—No estoy enamorada —respondió Becca, mientras se acomodaba entre las almohadas.
—¿Pero crees que te puedes enamorar de lord Middleton?
Una pregunta muy inoportuna, pues Becca había pasado todo el día anterior intentando convencerse de que no, de que era tonto e imposible que ese hombre le gustase.
Pero eso no podía decírselo a su hermana cuando tenía un papel que interpretar.
—Quizás.
Fue lo único que respondió.
—Debe ser lindo estar enamorada —dijo más para sí—. ¿Es verdad que se siente un cosquilleo en el estómago?
«En todo el cuerpo», pensó Becca. Y quiso darse una cacheteada para sacarse la idea de la cabeza.
—¿Has estado escuchando mucho a hurtadillas a las doncellas?
—Dan buenos chismes —confirmó Alison sin vergüenza—. E información que podría ser útil.
—No veo yo cómo puede ser útil eso.
—Pues para saber si estás enamorada.
—No te recordaba tan romántica.
—Últimamente siento fascinación por esas historias. Es lindo, o al menos suena bonito. Ya ves lo feliz que se leía Rose. Ray es menos gruñón desde que se casó. Entonces, me puse a pensar: si el amor da felicidad, ¿por qué no buscarlo? Todos quieren ser felices.
—No estoy segura de que sea tan fácil.
Sin duda, algo que daba felicidad no podía ser fácil.
—Ve todo lo que pasó Rose. Y sobre Ray… ¿te acuerdas de aquella ocasión en la que llevaban día sin hablarse y tuvimos que fingir que estabas enferma para juntarlos?
Alison hizo una mueca.
—Bueno, pero tampoco tiene que ser tan caótico. Alice también parece muy feliz con su esposo, y, según recuerdo, fue un cortejo de lo más tranquilo.
Alice era la prima de Hattie. Becca no tenía mucha información sobre ese matrimonio, pero Alison tenía un punto: lo recordaba como un cortejo promedio que terminó en boda. Lo común.
Y sí, parecían felices, aunque tampoco eran la pareja más expresiva que conocía.
—Debe ser lindo tener a alguien de tu lado que esté dispuesto a escucharte, y que no te mira como si lo fastidiaras.
Por el comentario, Becca se dio cuenta de que debía de estar haciendo una mueca. Le ofreció a Alison una sonrisa de disculpa.
—Perdóname. Tengo varias cosas en la cabeza.
—¿Por ejemplo…?
Ella hizo un gesto de manos para quitarle importancia.
—No importa. Continúa.
Alison se encogió de hombros, como si no tuviera mucho más que decir.
——Principalmente eso. Solo quiero ser feliz, ¿es mucho pedir?
No, no lo era. Pero sí bastante difícil, al menos, si definían la felicidad como esa vida de ensueño idealizada en la que no había ningún solo problema. Por no hablar de lo complicado que era conseguir un compañero con el que entenderse de verdad.
Becca había perdido la esperanza de hallarlo en su primera temporada. Todos los caballeros eran superficiales, creídos y muy convencionales.
Ninguno de ellos le hubiera dado un cigarro, o se hubiera puesto a charlar con ella sobre la teoría del hombre bueno y malo.
Y, ¿por qué estaba pensando de nuevo en él?
—Creo que puedes llegar a ser feliz si te propones que no necesitas a nadie para hacerlo.
Alison arrugó el ceño.
—Eso dicen las solteronas que necesitan resignarse a su destino.
«No lo dijo con mala intención, Becca», se dijo para no perder la paciencia.
La mayor parte de las veces a su hermana se le apagaba la parte del cerebro que filtraba los comentarios prudentes de los que no.
El que no la conociese podría pensar que estaba siendo maliciosa.
Becca sabía que solo era sincera en un punto cuestionable.
—Pues como quieras, solo intentaba darte un consejo.
Alison hizo un puchero.
—Qué pesimista eres. Si no crees en el amor, ¿por qué dejas que lord Middleton te corteje?
Becca estaba perdiendo la paciencia con esa conversación.
—¿Quieres saber la verdad?
Alison la miró con recelo.
—No estoy segura.
Becca se lo contó de todas formas.
Ella no era Hattie y, en su momento, apoyó y ayudó en el plan de escribirle cartas románticas a Helen para ilusionarla en vano. Nunca había estado enterada de cada detalle de la venganza, pero debía hacerse una idea.
Además, Becca estaba cansada de fingir ante todos que lord Middleton le interesaba. Necesitaba quitarse la máscara al menos con una persona, y a falta de Rose…
Cuando terminó su relato, Alison se dejó caer sobre la cama con un suspiro dramático.
—Eso va a salir mal, muy mal —advirtió.
Y Becca era perfectamente consciente de eso.
Gritsmore estaba furioso, y el que Patrick pudiera llegar a notarlo decía mucho de cuán molesto estaba de verdad, pues ver al duque fruncir el ceño y apretar los puños no era cosa de todos los días.
—¿Desde hace cuándo estás recibiendo esas amenazas?
Patrick no cometería el error de creer que estaba preocupado por él. Era consciente de que al duque le era indiferente si lo mataban o no, siempre y cuando no se metieran con su mujer. Pero puesto que su mujer era la madre de Patrick, le convenía mantenerlo con vida.
—Recibí la primera hace una semana.
—¿Y pensabas comentármelo?
—Me sorprende que no te hayas enterado por tu cuenta. ¿Estás perdiendo habilidades, Gritsmore?
El duque lo observó con fastidio. Por suerte, Patrick había aprendido hacía años a soportar la intensidad de su mirada. Sabía que no le haría daño. No iba a hacer molestar a su madre.
—Mejor perder eso que dinero. Cuéntame todo de nuevo y con detalle.
Patrick abrió la boca, pero en ese momento, la puerta del despacho se abrió. Ivory entró. Llevaba un coqueto vestido azul y esbozaba una sonrisa conspiradora.
—Patrick. Qué alegría verte, cariño. Me comentaron que estabas hablando con Víctor y he venido a saludar.
—Es un asunto privado —replicó Gritsmore, pero ella lo ignoró.
Con parsimonia, caminó hasta ellos y se sentó al lado de Patrick.
—Querido —le dijo a Gritsmore—, la única que puede reunir a Patrick y a ti en un mismo salón soy yo, y puesto que no he pautado esta reunión, asumo que soy el tema de conversación, y que, por alguna estúpida razón, quieren mantenerme al margen como si fuera incapaz de decidir.
Ahora díganme, ¿en qué problemas estoy metida y no pensaban contarme?
Patrick y Gritsmore compartieron una mirada muy similar de resignación. No valía la pena ponerse a discutir con Ivory. Era una lección que incluso el duque había aprendido.
Este le hizo un gesto a Patrick para que contase lo sucedido, y Patrick confesó todo, la primera misiva, la segunda, y la reunión con Johnny. Se podía decir en favor de su madre que mantuvo la calma de manera extraordinaria.
—Vaya, y yo creí que las amenazas eran cosa del pasado. Si le das su dinero, ¿nos dejará en paz?
—No lo creo —dijo con sinceridad—. Si cedemos al chantaje, creerá que puede seguir haciéndolo.
—Entonces demostrémosle que no puede seguir haciéndolo —gruñó Gritsmore—. Yo me encargaré.
Patrick negó con la cabeza.
—No es tan fácil.
—Con dinero y poder todo es fácil.
—La muerte de su padre es lo que nos ha metido en el problema. No quiere solo dinero, quiere venganza.
—Venganza —repitió Ivory y miró a su esposo con furia—. Creo recordar que me habías dado tu palabra de que llevarías el asunto de manera diplomática.
—Todo lo diplomático que esa gente permitiera —recordó él—. Son delincuentes. No suelen estar abiertos a negociaciones.
Su madre estaba furiosa, Patrick no terminaba de entender por qué, y tampoco tenía tiempo de averiguarlo.
—Gritsmore, se han vuelto más peligrosos. Si te llevas su cabeza, da por hecho que él se llevará una de las nuestras. No sabemos a quiénes tiene infiltrados, dónde están sus ojos. La última vez los tomaste desprevenidos. En esta ocasión, él nos ha tomado desprevenidos a nosotros.
A Gritsmore no le gustó verse acorralado. Patrick supuso que algo así le había pasado muy pocas veces en su vida.
—Entonces ¿qué sugieres?
—Pagarles.
Gritsmore evaluó sus palabras. Patrick asumía que podía deducir el plan.
—Hacerles creer que ganaron.
Patrick asintió.
—No creo que bajen el guardia tan rápido. Habrá que soltarles mucho dinero antes —dijo con fastidio.
—Un sacrificio.
—¿Y quién de los dos lo va a financiar?
«Había demorado mucho», pensó Patrick, fastidiado.
—Creo que yo y tus hijos podríamos valer el sacrificio —intervino Ivory, furiosa.
—Sí, y lo pagaría con gusto si el problema lo hubiera ocasionado yo. Pero no puedo salvarlo toda la vida.
—No tengo ese dinero —intervino Patrick.
—Pero tienes una manera de conseguirlo.
No necesitó que le explicara a qué se refería. En ese momento, Patrick lo odió, y mucho.
—No todos quieren conseguir las cosas usando artimañas inmorales —siseó Patrick.
—Hablas como si nunca hubieras cometido un pecado en tu vida —se burló Gritsmore.
—¡Basta! —intervino Ivory—. Esta discusión no solucionará el problema.
—Yo puedo solucionar el problema si tu hijo no es lo suficientemente hombre para hacerlo.
Patrick no lo toleró. Se levantó con brusquedad y se marchó. A lo lejos, escuchó a su madre reclamarle al duque, pero no pensaba tentar a su paciencia devolviéndose para tranquilizarla. Un segundo más allí y terminaría golpeando a ese insoportable hombre.
«Un hombre que tenía razón», pensó con resquemor.
Pues, aunque le dolía admitirlo, él había ocasionado el problema y él debería solucionarlo.
Solo que quería otras opciones.
Cuando llegó a su apartamento, se encontró con una nota de Becca, que le indicaba que su familia asistiría la noche siguiente a Vauxhall, y que si él invitaba a Helen, sería una buena ocasión para hacerla rabiar.
Becca, su maquiavélica Becca.
Sí, le gustaría tener otras opciones.
Pero quererlas era diferente a tenerlas.
Y mientras se preparaba para irse a dormir, se dio cuenta con tristeza de que no las tenía.